Fallece Michael Robinson, tras toda una vida dedicada al deporte.

Si tuviésemos que resumir los primeros contactos que servidor tuvo con el fútbol, sería muy fácil: las retransmisiones de Canal + de los partidos de la liga en casa de mi abuelo, que era el único que lo tenía de la familia. Benditas retransmisiones, donde Carlos Martínez y Michael Robinson me hicieron sentir por primera vez la magia de lo que significa hoy en día para mi el deporte rey. Recuerdo la voz de ellos dos en 2004 narrando las continuas victorias de mi equipo, mientras yo, que por aquella época tendría 6 o 7 años, jugaba sobre la alfombra pegada al televisor. Todo ello junto al calor de mis abuelos, hacen que cuando escuche el nombre de Michael Robinson se me venga a la cabeza esos momentos donde por desgracia ni mi abuelo ni el periodista deportivo siguen ya entre nosotros.

De alguna manera el fallecimiento de Robinson, marca en mi un antes y después de entender el fútbol. Robinson no era el narrador directo de los partidos pero siempre tenía una nota humorística cuando no había que decir. Su marcado acento inglés proveniente de su Leicester natal lo hacían irrepetible, no podía copiar a nadie, incluso era él el que muchas veces era copiado. Debo decir que cuando me dispuse a escribir este artículo de opinión, investigando sobre él, ya no solo descubrí que era un gran periodista ganador de dos premios ondas, sino que también fue un gran futbolista, una faceta mucho más desconocida para un joven como yo.

Su carrera futbolística empezó entrados los años 70 en las categorías inferiores del Coventry City. En 1974 debutó como futbolista profesional en la tercera y segunda división inglesa, con el equipo que le vería nacer como estrella del deporte rey: el Preston North End, donde en cuatro temporadas, llegó a marcar 15 goles. Con esa proyección ofensiva, el Manchester City lo acabaría fichando por la friolera de 750.000 libras, una cantidad insultante para la época por un joven de tan solo 21 años que no había debutado en primera división.

Michael Robinson felicitando a un compañero en su etapa del Manchester City

A lo largo de los años iría pasando por otros equipos ingleses como el Brighton Hove Albion, donde en 1983 disputara la final de la FA CUP contra el Manchester City, que acabarían perdiendo. No fueron años fáciles para robinson pues su equipo siempre estaba en la cuerda floja, aunque él era un goleador nato. Al bajar a segunda el Brighton, muchos equipos ingleses se fijaron en él. Pero Michael siempre tuvo la ciudad de Liverpool en su corazón y ese fue su destino.

La temporada 1983-84 , el Liverpool adquirió sus servicios. Ahí fue donde Michael se enamoró del fútbol de pequeño, donde veía a sus ídolos y cantaba el You’ll never Walk Alone, y ahora, era a él a quien se lo iban a cantar. Una año, sin lugar a dudas muy emocionante para el mismo ya que terminaría ganando «unos cuantos títulos» como él siempre bromeó. Hacerse lugar en ese equipo no fue fácil para él y terminó jugando pocos partidos pero lo que si que tuvo es la experiencia de ver como toda una afición coreaba el nombre de Michael aka «robbo». Ese recuerdo nunca lo olvidaría.

Michael Robinson (a la izquierda) junto a sus compañeros en el Liverpool levantando la copa de Europa en 1984.

Tras un par de temporadas jugando en Liverpool y una lesión de rodilla, terminaría marchandose a un equipo español, el CA Osasuna donde terminaría toda su carrera futbolística como un ídolo de la afición. Y es que, recordaban sus compañeros que a pesar de la lesión, su ambición por ganar y dar siempre el máximo de si mismo terminarían por contagiar al resto del equipo. Eso se reflejaba en el juego del equipo que en 1988 consiguiera el quinto puesto en una liga española dominada siempre por el Barcelona y el Real Madrid.

Pero lo que siempre recordaremos todos es la eterna sonrisa de Robinson, un hombre al que parecía que todo le iba bien siempre, siempre tenía alguna broma que hacer, algún comentario que decir, algo sobre lo que hablar y por eso tras su retiro empezó a dedicarse al mundo de la comunicación. Empezó trabajando como comentarista en TVE y Sky Sports para finalizar en la que sería su casa durante 30 años: Canal+. Es ahí donde se forjó la leyenda como la gran persona que fue. Durante esos años comentó una cantidad de partidos, obtuvo dos premios ondas por su trayectoria en Informe Robinson y se lo pasó bien en Caos FC.

En 2018 comunicador desveló en el programa de Carles Francino Francino que sufría de un melanoma en la piel con metastásis con un diagnóstico crítico, pero aún así siguió su vida como si no hubiese pasado nada. Fue un luchador nato y un vividor como el mismo se calificaba, un «experto en los terceros tiempos» que disfrutó de sus victorias como ninguno más lo hacía. Aunque en este caso, le hayan ganado la batalla él ganó su particular guerra haciendo lo que más le gustaba: «narrar sin amarillismos»

In Memoriam de Michael Robinson (1958-2020)

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