HIJOS DE LOS HOMBRES (PARTE 2)

¿MEJORARÁN LOS HIJOS A LOS PADRES?

Continuamos con la sección de spoilers de este peliculón dirigido por Alfonso Cuarón.

¡¡¡¡¡SPOILER ALERT!!!!!! ¡¡¡DANGER!!!

¿Qué hacer cuando, de forma súbita e incomprensible, el ser humano se ve abocado a enfrentarse a su propia extinción? ¿Cómo afrontar que la civilización humana va a desaparecer en unas décadas, sin que nada pueda hacerse más allá de confiar en que alguna asociación oculta de científicos heroicos logre resolver el enigma antes de que sea demasiado tarde?

Algunos, como Theo, optan por dejarse llevar, sumidos en un nihilismo existencialista que les induce a disfrutar de los pocos placeres culpables que logran abstraerles de sus traumas y su pesadumbre vital:

– ¿Qué hiciste en tu cumpleaños?

– Nada. […] Lo mismo que cualquier otro día. Levantarme, sentirme fatal, trabajar, sentirme fatal…

– Eso se llama resaca, amigo.

– Al menos con la resaca siento algo. Sinceramente Jasper, a veces…

¿Interrumpe acaso su amigo Jasper una admisión de intenciones suicidas? Esto entronca con una segunda perspectiva; la de un sector amplio de la población que, tras verse psicológicamente incapaz de subsistir en un mundo condenado a la aniquilación, decide quitarse la vida; bien sea por su propia mano, bien sea recurriendo a suicidios asistidos (procedimientos que pueden apreciarse anunciados en algunos autobuses).

Otros estratos sociales prefieren, imbuidos por esa necesidad gregaria de pertenecer a un grupo, adherirse a colectivos religiosos de tipo sectario; concibiendo el fin del mundo como un castigo divino, o autolacerándose en un acto de malsano arrepentimiento por los pecados propios y ajenos de un Dios que parece haberles abandonado. Arrepentidos, renunciantes…todos forman parte del mismo conjunto de individuos, que se entregan a la divinidad tras verse invadidos por la incapacidad de asimilar la realidad.

Algunos, no obstante, siguen luchando contra las desigualdades de forma dudosamente pacífica. El grupo terrorista de los Peces (Fishes) pretende combatir la represión fascista de uno de los pocos gobiernos “civilizados” fuertes que subsisten: el gobierno de Reino Unido. La ex pareja de Theo, Julian, dirige a esta banda de subversivos que pelean ilegalmente contra el gobierno para restituir los derechos de los inmigrantes. Otrora grupo paramilitar, su dirigente ha decidido optar por una vía más pacífica y erigirse en salvadora de la humanidad. Este afán mesiánico, no obstante, termina por granjearle la envidia y la animadversión de sus camaradas, hasta el punto de que conspiren para asesinarla.

Julian es el ejemplo perfecto de personaje opuesto a Theo. Tras una traumática experiencia donde el hijo de ambos acaba falleciendo como consecuencia de una epidemia de gripe, Julian decide proseguir la con la lucha y no abandona sus ideales. Siempre optimista, impetuosa, decidida (y también bastante mandona) y honorable dentro de lo que este mundo salvaje le permite, Julian encuentra en la joven Kee la posibilidad de redimir a la raza humana y, de paso, al devastado Theo. Ella, pese a seguir padeciendo el dolor de la pérdida, lo canaliza en busca de objetivos más ambiciosos que la simple autocompasión o el alcoholismo insensato:

Nunca entendí como lo superaste tan pronto

– ¿Crees que lo superé? No lo superé. Vivo con ello. Pienso en él todos los días, no tienes el monopolio del sufrimiento, ¿sabes? Siempre cargas con el recuerdo como una bola encadenada.

Mientras que Theo culpa a Julian por haber seguido adelante pese a la pérdida, Julian le recrimina precisamente no haber sido capaz de recuperarse y seguir todavía vagando por el mundo lamentándose por lo sucedido. Julian es psicológicamente más fuerte, y finalmente logra contagiar a su expareja la estabilidad mental necesaria para afrontar el desafío que supone la misión de llevar a la única mujer embarazada del planeta a un lugar seguro. Todo ello a espaldas del gobierno legítimo de UK, que tal y como queda explícitamente reflejado en la película, muy probablemente daría más peso a su xenofobia recalcitrante que a la consecución de la justicia y la libertad de sus ciudadanos:

Claro. Y entonces el gobierno dirá: “nos equivocamos, los refugiados son humanos también”

[…]

No entiendes nada. El gobierno tomará al bebé y será adoptado por una mujer inglesa.

Todo un baño de realidad para el infeliz Theo, que tras años de trabajar como un aburrido burócrata para la administración del Estado, ha olvidado que, para los gobernantes, habitualmente los intereses políticos suelen estar por encima de la justicia o de los intereses particulares de sus ciudadanos. Y aquí vamos con el gobierno.

Los gobernantes de UK (United Kingdom) escogen aprovecharse del miedo que experimentan sus ciudadanos para descargar en los inmigrantes la imposibilidad de sustentar el Estado de Bienestar (pensiones, sanidad, educación, alimentación) con una población inmensamente envejecida. ¿Os suena de algo? Por motivos como éste la obra de Cuarón es tremendamente actual e incluso visionaria. Frente al caos, el desorden y la debacle que experimentan otros países, la aparente estabilidad inglesa atrae a muchas personas desesperadas de muchos otros países. Y dado que el gobierno carece de los medios o de la habilidad necesaria para subsanar el problema, no le queda otra opción que ralentizar la llegada de la catástrofe inculpando a la población extranjera y adoctrinando a la ciudadanía con mensajes explícitamente racistas.

Resulta desolador observar las enormes hileras de jaulas humanas, custodiadas por policías y militares que, en el mejor, de los casos, les tratan con inhumana indiferencia. Y, pese a parecer un entorno tan oscuro y distópico, tanto los campos de refugiados como éstas prisiones urbanas improvisadas no se alejan demasiado del espectáculo bochornoso que hemos presenciado recientemente tras las migraciones masivas desde países azotados por la guerra como Siria, Bosnia o Irak en busca de un futuro más próspero. Tan sólo debemos fijarnos en algunos campamentos de refugiados en Grecia, Malta, México, Marruecos o Italia para percibir que no se trata de una predicción fatalista, sino de una leve exageración de la realidad palpable que se vive a miles de kilómetros (o puede que menos) de nuestros hogares.

Y lo más desasosegante y repugnante del tema, es que los inmisericordes poderosos que monopolizan la violencia política son unos hedonistas absolutos; viven al día, no planifican soluciones para sus ciudadanos más alla de dogmas prestablecidos y no basados en la evidencia, se saltan sus propias leyes cuando les conviene y se apropian incluso de la cultura universal o de todo lo que encuentren en su camino. El ejemplo más tangible de ello es Nigel, el primo de Theo.

Nigel es un funcionario adinerado, que se alimenta del dolor de sus ciudadanos y vive aislado y ajeno a él. Acumula todo el arte que es capaz de encontrar, en lo que él considera una maniobra de rescate de lo que queda de cultura humana (La Piedad, el Guernica de Picaso, el cerdo de Rebelión en la Granja de Orwell…); pero que en realidad no es más que una proyección de su propio narcisismo personal y su mentalidad de sentirse moral e intelectualmente superior frente a la plebe.

No te entiendo. Dentro de 100 años, no habrá ni una maldita persona que vea todo esto. ¿Qué te hace seguir?

El qué, Theo? Simplemente, no pienso en ello.

Nigel, a diferencia de Theo, no es agorero ni vive sumido en la desidia y la falta de acción. Su afán por coleccionar obras de arte y vivir todo lo feliz que pueda, pese a hacerlo a costa del sufrimiento ajeno, es el hálito que le impulsa a seguir viviendo pese al apocalipsis. Y no se halla exento de dificultades internas. Vive su propio drama personal, con una mujer ausente y un hijo el cual, bien por discapacidad o bien por falta de afecto, le ignora sistemáticamente y parece vivir desvinculado del propio microcosmos artificial que su padre ha creado para él. Si nos atenemos a la novela el chico simplemente está siendo irrespetuoso, como nosotros cuando no soltamos el móvil mientras comemos con nuestros familiares; pero también podría estar enfermo, o ser fruto de un experimento genético fallido.

En todo caso, Nigel es un hombre que cree que dejará huella en el mundo, pero que finalmente no será más que un cómplice del sistema, que tan sólo contribuyó tangencialmente a la salvación de la humanidad tras ser engañado por su astuto hermano; creyendo ayudarle a vivir también una existencia despreocupada y egoísta como la suya propia.

Luke y el resto de Fishes, por otro lado, son la otra cara de la misma moneda gubernamental. Hastiados de las injusticias perpetradas por el gobierno británico, deciden priorizar sus intereses políticos propagandísticos frente a la salvación de la humanidad en su conjunto. Para ello no vacilan a la hora de asesinar a su carismática líder, Julian, para utilizar a Kee y a su hijo en sus propios fines. Al igual que el gobierno de UK, probablemente pretendan utilizarlo como arma política para que otros se subleven y libren su guerra política. Más derramamiento de sangre, más enfrentamiento…en definitiva, repetir los errores que han conducido a la humanidad a esta caótica situación.

El profeta, el maestro, la virgen y el niño salvador

La historia de Theo, indiscutible protagonista y a través de cuyos ojos presenciamos todos los sucesos, no es más que el viaje de un héroe caído en desgracia por una tragedia personal, y que consigue sobreponerse a ella al involucrarse en una misión para salvar a la humanidad. Nada novedoso en el frente; pero en su caso lo importante no es lo que le sucede sino cómo le sucede, y el proceso por el que pasa.

Después de un turbulento pasado como activista político, la pérdida de su hijo le sumió en la depresión y la dejadez. No obstante, a pesar de su abandono, todavía conserva un indicio de fe y de esperanza:

Siempre podrás venir a vivir con nosotros.

Si hiciera eso, no me quedaría nada que esperar de mi vida.

Por el simple hecho de haber experimentado en sus propias carnes el placer de la esperanza en un futuro luminoso, todavía no se ha entregado en brazos del azar tal y como su mentor, amigo y raruno camello amigo Jasper:

Verás, la fe de Theo perdió contra la casualidad. Así que, ¿para qué molestarse, si la vida toma sus propias decisiones? […]

Jasper, su guía de vida y el único amigo de verdad del que disfruta el nihilista Theo, es un antiguo humorista político (dibujante de tiras satíricas), probablemente jubilado a causa de la agresión aberrante sufrida por su esposa, antigua periodista. Tan atroz fue la tortura a la cual fue sometida por los propios seres humanos, que la pobre mujer quedaría postrada en una silla en estado vegetativo. Enamorado de ella en una preciosa relación de trágico final, Jasper se queda a su cuidado mientras trafica con drogas para sobrevivir. Y, de paso, poder permitirse su refugio de tío conspiranoico y excéntrico. En una impactante secuencia final, Jasper quebranta su reverencia al azar y, previendo el asesinato y la tortura, decide quitarles la vida de forma indolora a su mujer y a su mascota; y sacrificarse por la causa de su amigo. El maestro mártir, cuyo sacrificio hace aprender a Theo para realizar el suyo propio.

Y es que Theo, al igual que Jasper, se da cuenta de que lo ha perdido todo en un momento dado. Y pese a la devastación inicial, a la ira y a la rabia, decide proseguir su misión. Por amor a su amigo, que entregó su vida por la causa; por amor a Julian, que fue asesinada por confiar en él y buscar un futuro mejor para todos; por cariño a la fiel enfermera de Kee, una mujer de fe que también se sacrifica para garantizar el bienestar de la chica frente a los intereses egoístas de todas las facciones en conflicto.

El alcohol deja de ser un bálsamo para sobrellevar la depresión, y se transforma en desinfectante para ayudar a dar a luz a la esperanza del mundo. Theo termina erigiéndose como el luchador por la libertad que en su momento fue, y lucha por encima de sus capacidades para auxiliar a Kee y actuar como la suerte de figura paterna que Julian le había forzado a ser para ella. Su arco se cierra cuando Kee decide ponerle a su hija el nombre del hijo muerto de Theo, marchándose éste con el consuelo de que su descendiente, pese a fallecer, ha inspirado a él y a Kee para salvar a la especie humana de su extinción completa.

Kee, en realidad, no deja de ser un mcguffinde manual (el objeto o persona que hace fluir la historia, que todos persiguen y que hace mantener el interés de la trama principal), pero dotada de personalidad y siendo algo más que una versión africana y actualizada de la Virgen María cristiana. No es virgen, tal y como ella se encarga de aclarar en un momento bastante sarcástico de la película:

¿Quién es el padre?

Quién sabe. No sé los nombres de esos cretinos.

Representa, junto a su hijo, la fe en la humanidad. Ella siente esa fe en que su vástago es la salvación del mundo, y así se lo transmite a Theo:


¿Sabes? Cuando empecé a vomitar pensé que tenía la peste. Pero después mi panza comenzó a crecer. Nadie me dijo nunca estas cosas. No he visto a una mujer embarazada antes. Pero lo supe. Me sentí como un bicho raro. No se lo dije a nadie. […] Después el bebé pateó. Lo sentí. El pequeño estaba vivo. Y yo también. Estoy viva.

Kee, pese a no saber (como todos los de su generación) lo que es ser madre o tener un hijo, percibe esa sensación única e incomparable de amar a un hijo por encima de todas las cosas, y de sentirse vinculada emocionalmente a él para siempre. Su descendiente es lo que le hace sentirse viva pese a las adversidades.

Naturalmente este hijo representaría a Jesucristo, pero en una brillante escena durante la secuencia de la huida de Kee y Theo, se puede observar que el ser humano no suele aprovechar las oportunidades que se le ofrecen para cambiar súbitamente su naturaleza. No en vano nuestra esencia emocional nos exhorta a quedarnos maravillados ante el milagro de la vida, para a continuación seguir liándonos a palos y matarnos como si nada de lo anterior hubiese ocurrido. No somos ciegos ni sordos; ni malvados por naturaleza, ni buenos por bendición divina. Somos imperfectos, apreciamos a los que nos importan, odiamos a los que nos molestan o perjudican a nuestros intereses, y luchamos por sobrevivir a cualquier precio. Algunos con fines deshonestos, como el loco y cruel patrullero Syd; otros guiados por la fe y la esperanza, como Marichka, Sirdjan o Miriam (la enfermera). Esta contraposición entre fe y realidad es la contradicción universal; el conflicto eterno en el que el ser humano vive y con el cual coexiste desde el principio de los tiempos. No se habla, por cierto, de fe estrictamente religiosa (los cultos religiosos quedan notablemente desacreditados en esta película); simplemente, de la confianza en un futuro mejor pese a que el futuro parezca oscuro, o la realidad se nos antoje desalentadora.

LA ENFERMEDAD COMO CATALIZADOR Y NO COMO CAUSA

Theo llega a afirmar en su diálogo inicial con Jasper:

Incluso aunque descubran la cura para la infertilidad, no importa. Demasiado tarde. Todo se fue a la mierda. ¿Sabes qué? Ya era tarde antes de que pasara lo de la infertilidad.

¿Es cierto lo que dice Theo? Pese al luminoso final de la película (uno de los pocos momentos de alegría que observamos en este tenebroso relato), ¿es posible que la humanidad ya esté condenada? ¿Qué ya haya llegado demasiado lejos? Desde una perspectiva fatalista, si recordamos a los inmigrantes confinados y asesinados, a los grupos terroristas secuestrando y asesinando, y a los aviones y soldados gubernamentales bombardeando o tiroteando a población civil y paramilitares por igual, así parece ser. Pero si evocamos las dos Guerras Mundiales, el genocidio nazi, la Guerra Fría con armas nucleares de por medio, las epidemias de peste negra, viruela, coronavirus…y pese a ello nuestra capacidad de resiliencia, también podríamos pensar que éstas no son más que palabras pesimistas pronunciadas por un hombre resentido con el mundo e incapaz de percibir también todo lo bueno que hay en él. Yo me adscribo más a este segundo grupo de realistas, pero desde luego que ignorar lo malo, perverso y peligroso del mundo en el que vivimos es igual de tóxico que esta nefasta visión de Theo sobre nuestro futuro como especie.

Y en este punto planea una de las pocas supuestas flaquezas argumentales del fin: la patología repentina que ha ocasionado la infertilidad de casi todas las mujeres del mundo. ¿Tiene alguna conexión inesperada con la epidemia de gripe? ¿Se debió a otra enfermedad desconocida? ¿Fue producto de la contaminación? Parece ser que es una alteración en el aparato reproductor femenino que comienza provocando abortos, y termina impidiendo la fecundación. Pero no se aclara nada más. No se explica demasiado en el film, aunque en mi humilde opinión ello está plenamente justificado.

En primer lugar, porque el objetivo de esta película no es ése. No estamos ante el tipo de película de catástrofes sanitarias. Estamos en una obra postcatástrofe, donde los humanos que quedan con vida tratan de sobrevivir a ese desvastador evento como pueden. Al igual que ocurre en otras obras maestras del cine postapocalíptico como la infravalorada The Road, la causa no es lo relevante. Lo realmente crucial es cómo el ser humano, tanto colectiva como individualmente, responde ante ella. Y así es como asistimos a muchas de las casi infinitas actitudes posibles: compasión, esperanza, desaliento, tristeza, suicidio, locura, hedonismo, perversión, egoísmo…tenemos lo mejor y lo peor del ser humano.

Adicionalmente, la enfermedad no es más que un símbolo. Una muestra de que los seres humanos seguimos estando a merced de la madre naturaleza; y que pese a la consistencia aparentemente inamovible de nuestras estructuras sociales y políticas, que muchas veces nos condicionan y nos parecen barreras físicas infranqueables (fronteras, ideologías, clases sociales, nacionalismos) no son más que ficciones o estupideces frente a la arrolladora fuerza de la realidad natural. Al final es la convivencia y comprensión de la misma, materializada en forma del conocimiento científico y de la tecnología, gestionadas con optimismo realista, la única potencialmente capaz de ayudarnos a reducir esa exposición a extinguirnos en cuanto un virus, una bacteria o nuestra propia estupidez decida que es buen momento para exterminarnos. En tiempos como los actuales, esta película está más vigente que nunca. Recordemos cuáles son, o deberían ser, nuestras prioridades sociales.

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