BLADE RUNNER (PARTE 1)

¿SUEÑAN LOS ANDROIDES CON UNICORNIOS?

Por fin ha llegado el momento. Hoy, después de unas cuantas críticas que llevamos ya en la mochila (tranquilos chicos, cada vez va quedando menos para que me echen por friki) me atrevo a analizar la que es a día de hoy mi película favorita de todos los tiempos: El Corredor por el Filo (qué mal suena en castellano).

Blade Runner es, sin duda, la obra cumbre de la cinematografía del prodigioso genio británico Ridley Scott; y ya de paso, una de las obras más impactantes e influyentes de la historia del cine contemporáneo. No sólo marcó un patrón estético para la ciencia ficción que contribuiría a crear un subgénero propio (el cyberpunk), sino que constituye una de esas obras atemporales que, con los años, va agrandando paulatinamente su leyenda.

Pero vayamos al turrón, que me enrollo más que las persianas. ¿Por qué es una película tan valorada? ¿Que la hace tan especial, pese a haber constituido un tremebundo fracaso comercial y de crítica en el momento de su estreno? Voy a decirlo sencillo y directo: Es ÚNICA.

Blade Runner es, sin duda, la obra cumbre de la cinematografía del prodigioso genio británico Ridley Scott; y ya de paso, una de las obras más impactantes e influyentes de la historia del cine contemporáneo.

El nacimiento de una leyenda

No voy a detenerme demasiado con los detalles, de sobra integrados en la cultura popular, sobre la accidentadísima historia que envuelve a esta película. Sin embargo creo que es importante realizar una breve retrospectiva acerca de sus inicios, y de todos los problemas que tuvo que atravesar.

Blade Runner es, en su origen más primigenio, una adaptación de una de las mejores novelas de ciencia ficción de la historia: «¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas? » ,de Phillip K. Dick (aunque la película terminase pareciéndose bien poco a ésta más allá de su premisa). Fue tal el impacto que generó esta novela que aclamados directores como Martin Scorsese o Robert Mulligan (director entre otras de la sensacional «Matar a un Ruiseñor») la consideraron, aunque finalmente fuese el guionista (y también productor de esta película) Humpton Fancher el que decidiese llevarla a cabo seriamente. Una vez el talento creciente de Ridley Scott se unió al proyecto (Alien supuso un punto de inflexión determinante en su carrera), la fiesta podía empezar.

Lo que posiblemente muy pocos pudieran prever es que la ejecución de la misma fuese a resultar tan ardua y complicada. Para empezar, Ridley Scott no tenía depositado un excesivo interés en este proyecto; la ciencia ficción no era su género predilecto pese al éxito de Alien, y además venía rebotado de adaptar otra novela de ciencia ficción (Dune, que si el corona nos deja, podremos ver adaptada a finales de este año por el soberbio Denis Villeneuve. Director, por cierto, de la secuela de Blade Runner. Lo que son las casualidades). Con su irrupción en labores directivas exigió un aumento presupuestario, modificaciones sustanciales en el guión original y, ya de paso, incorporó ideas estéticas de genios del cómic tan pintorescos (y tal vez adictos a ciertas sustancias exóticas 🙈) Moebius y Dan O’Bannon. Scott quería ciencia ficción, sí, pero raruna y con una personalidad visual muy marcada. Y desde luego lo logró.

Una vez satisfecho el señorito Ridley, tocaba escoger protagonista. Y tras una exhaustiva búsqueda en la que se barajaron nombres célebres como Dustin Hoffman, Jack Nicholson y Al Pacino, la responsabilidad finalmente terminó cayendo en el icono del cine de aventuras Harrison Ford. Y con él vinieron más problemas: conflictos de agenda por el rodaje casi simultáneo de «Indiana Jones y El Arca Perdida», escasa motivación para afrontar la arriesgada propuesta, su personalidad difícil… Fichar al sensacional Rutger Hauer no fue tan laborioso, ya que desde un principio se implicó notablemente en el asunto.

Y de nuevo emergieron más problemas durante el rodaje: las jornadas eran extenuantes, el guión resultaba demasiado enrevesado, Ridley Scott era un meticuloso exagerado (un «tiquis», vamos), el presupuesto no dejaba de oscilar y la relación entre el desinteresado Ford y su interés amoroso en la ficción Sean Young era tan turbulenta e incómoda que, una escena romántico-sexual que sucede durante la película, la tensión y las malas maneras de Harrison Ford hacia ella se pueden cortar con un cuchillo. Por no hablar de problemas técnicos con una paloma, obsesión narrativa de Hauer que obligaron a tener que trampear en postproducción. Y aún hay más. El compositor Vangelis tenía también mala relación con Ridley Scott. Pintaba bien, ¿verdad?

No obstante, no todo fueron malas noticias. El autor original de la novela le dio su bendición a la obra. Y ya. Algo es algo, ¿no?

Y así es como, en 1981, Ridley Scott sería despedido. Sería readmitido poco tiempo después, pero la película se vio sometida a reescrituras de guión, a reducciones de presupuesto y a varias versiones finales (mínimo unas 7). Casi nada. Debo aclarar que en mi caso voy a comentar la versión final llamada «The Final Cut «, puesto que me parece la más completa y la que mejor se ajusta a la visión original del director para la película. Quedan avisados los haters de la voz en off o de su desacertado desenlace original (debo admitir que fue muy chusquero).

Un portento técnico y sonoro

Los Ángeles, año 2019. Una ciudad distópica, colosal, gris y humeante, de arquitectura fascinante y extraña. En cierto modo a esta película le ocurrió lo mismo que a la Metrópolis de Fritz Lang; su guión podía resultar más o menos confuso, pero la factura visual de Blade Runner estableció un precedente descomunal para la historia del cine de ciencia ficción moderno. El uso de maquetas, el empleo de efectos prácticos, el aprovechamiento de interiores principalmente saturados, la dosificación de efectos especiales muy bien implementados… Blade Runner es de esas películas que, al igual que 2001, no deja de despertar estupor cada vez que se ve teniendo en cuenta el año de su estreno. Cada recoveco de esta inmensa y concurrida urbe desprende un carisma brutal, hasta el punto de contribuir a crear una atmósfera propia que atrapa al espectador y le sumerge en su multicultural ambiente, sus costumbres, sus extravagantes vestuarios y sus gentes ; especialmente, si éste es un aficionado a las propuestas visuales futuristas.

No faltarán tampoco esos resplandecientes neones, tan propios de los años 80, pero que aquí incorporan un toque futurista analógico que, al igual que sucedía en Alien, desconciertan al espectador moderno. La combinación entre tecnología futurista todavía hoy inalcanzable, con dispositivos o formatos claramente obsoletos, ocasionan un contraste que, en humilde opinión del que aquí escribe, favorece que la cinta trascienda las barreras del tiempo. Estamos ante un universo propio, diferente; un futuro realmente alternativo, que no trata de imaginar un futuro cercano, sino de anticiparse a él. En algunas cosas acertó, en otras fracasó estrepitosamente; pero como creación artística, triunfó. El tiempo terminó poniéndola en su lugar.

Los decorados tampoco bajan del sobresaliente, sorprendiendo e impactando por su variedad, originalidad y, por qué no decirlo, con sus rarezas de artista puestísimo de todo lo fumable. Tenemos zigurats futuristas, antros de contrabando, sombreros y peinados sacados de una fiesta de disfraces rocambolesca, calles que parecen estercoleros, casas lúgubres dotadas de un toque creepy muy perturbador..tenemos de todo Papi. Y cada uno de esos elementos resulta consistente e integra una realidad conmovedora en sí misma. Otra cosa es que apetezca más o menos la simple idea de vivir en ella (tampoco es la pretensión de sus creadores, sino más bien todo lo contrario).

Y no exclusivamente destacan sus elementos artísticos y visuales, sino también su alucinante banda sonora. Vangelis, en su habitual juego de sintetizadores, supo introducir un aire místico, y ocasionalmente jazzístico, con el objetivo de preservar los dos impulsos esenciales que canalizan la progresión de la obra: el cine de ciencia ficción metafísico y el cine negro detectivesco. Y vaya si lo consigue: estamos ante una de las bandas sonoras más inmersivas, singulares y, de nuevo, representativas del estilo ochentero, que se han compuesto en toda la historia del cine. Descomunal trabajazo el de Vangelis, que compuso aquí una de sus mejores piezas.

Una dirección de escándalo, llena de escándalos

El trabajo de Ridley Scott en esta película es, a todas luces, sensacional. Con Alien ya había demostrado ser un maestro jugando con el suspense y la iluminación de interiores asfixiantes, mas en esta obra demostró ser capaz de construir todo un universo, casi de manera puramente visual. Cada plano, cada movimiento de cámara, contiene un significado profundo o una intencionalidad artística. Prácticamente nada (hay algún cabo suelto atribuible a los persistentes cambios de guión, pero ése es otro tema) está descuidado o dejado al azar. Los encuadres son perfectos; la transición entre escenas está calculada al milímetro; los primeros planos a los actores saben cómo enfocarles para revelar sus sentimientos; los planos abiertos y panorámicos de la ciudad son de una poesía visual hipnótica. Su manera de seguir a los personajes, alternarlo con instantes de recrearse en los paisajes, de combinar tramas aisladas y conectarlas…Ridley Scott, sus inquietudes y sus obsesiones, están plasmadas en esta película. No hay más.

Una de las críticas que se ha realizado a esta película casi desde su estreno es su lentitud, y por supuesto que la película va a paso de tortuga. La dirección es, incuestionablemente, una de las principales responsables. Ridley Scott decide adoptar un ritmo pausado, misterioso, ambiental, inherente a clásicos del cine negro hollywoodiense como Perdición o El Halcón Maltés. Parece una de las últimas de su tiempo (recordemos que en esta época ya teníamos bockbusters modernos como Star Wars, Indiana Jones o Terminator, mucho más anclados en la acción y con un tempo más ágil). Aquí a Scott no le importa detenerse en los detalles, ya que presupone que el espectador va a beberse con embobamiento cualquier mínima gota de zumo de futurismo urbano que se le ofrezca para saciar su sed de curiosidad. Ahí reside su principal virtud, y a la vez su mayor defecto; constituye una decisión creativa acorde con la identidad del film, pero muy difícil de asimilar por generaciones más habituadas a otro tipo de cine más dinámico. Por éso puedo comprender perfectamente que algunas secuencias, como su prolongada presentación inicial o algunos momentos de investigación detectivesca, se puedan hacer demasiado cuesta arriba. Los que somos fans disfrutamos de cada momento extra, pero los que se adentren en ella de primeras pueden llegar a desesperarse.

Los encuadres son perfectos; la transición entre escenas está calculada al milímetro; los primeros planos a los actores saben cómo enfocarles para revelar sus sentimientos; los planos abiertos y panorámicos de la ciudad son de una poesía visual hipnótica.

La espectacularidad visual de Blade Runner y su diferenciación respecto de toda la ciencia ficción comercial de la época se ve también auspiciada por la genial labor fotográfica de Jordan Cronenweth. Prevalecen la penumbra, los tonos azulados, tristes y meláncolicos. Este futuro muestra un planeta envenenado, decadente, sucio y nostálgico de un pasado más vivo. La tecnología ha deshumanizado a las personas, y ha creado seres artificiales más humanos que los humanos. Y éso queda revelado en cada uno de sus bellos fotogramas.

Un reparto de ensueño

Si todos los demás apartados sobresalen y son tremendamente consistentes con el principal discurso filosófico de la película, otro tanto le sucede a los actores. Todos rayan a un excelente nivel, pero irónicamente son los replicantes los que están interpretados y definidos con más matices y mayor complejidad.

Para empezar, Rutger Hauer como Roy Batty se roba el show cada vez que aparece. El tío estaba tan a gusto con ese aspecto de motero noruego pasado de rosca que exhala un carisma y una potencia expresiva inigualable. Tanto, que se erige como el mejor personaje de la obra. Sus apariciones están muy dosificadas, especialmente hasta la mitad de la obra; pero conforme crece su presencia, la obra crece con él. A destacar su sensacional y parcialmente improvisado monólogo final (las famosas «lágrimas en la lluvia»), sus momentos de locura histriónica y la emotividad que se apropia de él en presencia de ciertos personajes a los que profesa sentimientos muy intensos.

Sobre el resto de androides, son personajes muy interesantes, cada uno en su estilo. Daryl Hannah como Pris es seductora, extravagante, inteligente y utiliza su formación como gimnasta para ejecutar algunas acrobacias espectaculares; Brion James es el implacable Leon Kowalski, un matón con una capa de sensibilidad latente que le distancia de los típicos cachos de carne con ojos que reparten estopa y poco más; Joanna Cassidy (Zhora) tiene una aparición breve pero potente, y protagoniza algunos de los momentos de mujer enigmática y fatal que tan asiduos son al cine negro convencional.

Sobre los demás personajes, tanto Rick Deckard (Harrison Ford) como Rachel (Sean Young) están maravillosos en sus respectivos papeles. Rick Deckard es un cazador de androides retirado, solitario y melancólico, cuyo hastío hacia la vida en la Tierra se retroalimenta de la propia irritación de Harrison Ford hacia la película misma; Rachel es una chica que, pese a iniciar su andadura siendo una mujer fatal típica, contundente y decidida, termina demostrando ser una mujer delicada, sensible y vulnerable. El primero es un tipo borde e insensible, un canalla de la vida que, sospechamos, tiene bastante que ver con la propia identidad de Ford en aquel momento; sin grandes alardes, hace un gran papel. Sean Young brilla con su presencia en pantalla, transmitiendo un encanto arrebatador que hace que casi inmediatamente empaticemos con ella; con su viaje interior y con su sufrimiento. Para mí, es una re lectura muy interesante de otro estereotipo de personaje femenino, tal y como ya había hecho el propio director con las heroínas de aventura y terror en Alien.

El trío protagonista, uno de los mejores de la historia de la ciencia ficción.
FUENTE: https://es.ign.com/

Sobre el resto de papeles secundarios, falta por destacar a Edward James Olmos como Graff, en un papel que posee una importancia argumental mucho más relevante del tiempo que se le ofrece en pantalla (lo cual es una lástima, porque se curró muchísimo su papel hasta el punto de llegar a aprenderse un idioma nuevo); a Joe Turkel como el altivo, inteligente y casi divino doctor Eldon Tyrell, magnate corporativo y que representa la divinidad de la creación, distante y excesivamente confiada en sus capacidades innatas (además de tener un gusto pésimo para elegir gafas y decorar su habitación); y a William Sanderson como un ingenuo y afable J. F. Sebastian, con una vida trágica y, tal vez, el único personaje humano puro de la cinta.

Un guión complicado, filosófico y ambiguo.

En una sola imagen, podríamos definir el guión de Blade Runner: The Final Cut tal que así:

Su trama es aparentemente sencilla para lo enrevesada que se plantea su narrativa (un cazador de androides jubilado se enfrenta a un último caso que pondrá a prueba sus habilidades y, de paso, le hará cuestionarse su propia identidad), pero contiene tantas capas, interpretaciones y temáticas, que condensa en menos de dos horas referencias a la literatura clásica (Pinocho, Frankenstein, mitología griega y cristiana), reflexiones sobre la naturaleza humana, el cambio climático, la libertad sexual, la repercusión del desarrollo tecnológico en nuestras sociedades, la consolidación del fenómeno globalizador de culturas, la rebelión del monstruo contra su creador, la desidia policial, el potencial de la inteligencia artificial y la bioingeniería…y todavía quedan por contar.

La investigación policial conforma el pretexto del que se sirve la trama para divagar sobre cuestiones morales y ontológicas de las que petan la cabeza e instan a la reflexión y el debate. No es que la historia del misterio de los replicantes huido deje de ser interesante o de estar bien contada, sino que su evolución es lenta y, aparentemente, si no entramos al juego de meditar sobre el resto de cuestiones que propone la obra, puede dar la impresión de que no está sucediendo nada. Es una crítica muy legítima, ya que éstos temas pueden fascinar o no al espectador; sino le atraen, y lo que más le engancha son las incógnitas acerca de la identidad de los replicantes, sus motivaciones y las aventuras que han vivido y vivirán, tardará mucho en recibir pequeñas dosis de ello.

La obra premia la perseverancia, la atención a los detalles más minuciosos y los revisionados. Tiene algún detalle de guión que transita en la delgada línea del fallo (lógico dados sus vaivenes creativos) y la parquedad intencionada. Pese a ello, en términos generales, la historia nos propone una distopía muy compleja, adulta, seria, humana y con implicaciones que van mucho más allá del simple entretenimiento. Blade Runner es un rompecabezas difícil de encajar de una o dos veces, pero extremadamente satisfactorio de ir resolviendo poco a poco.

La obra premia la perseverancia, la atención a los detalles más minuciosos y los sucesivos revisionados.

Y aquí es donde entono el mea culpa a modo de reflexión final sobre la obra, sin spoilers. La primera vez que la vi, siendo un parguela de trece o catorce años, no entendí ni papa. Su apartado visual me cautivó, eso sí, y comenzó a despertar en mí cierto interés por la estética cyberpunk y las distopías (hasta ese momento, si no había naves espaciales lanzando rayos no me interesaba cualquier otro tipo de propuesta de ciencia ficción); pero no terminaba de captar apenas de talles de su historia, y recuerdo haber echado alguna cabezada de vez en cuando. La película no terminó de conectar conmigo, ni yo con ella.

Tuvieron que pasar varios años, teniendo yo ya algo más de cultura cinematográfica y de aguante para tragarme películas densas, que terminé de asimilar la prodigiosa obra de arte que estaba presenciando. Recuerdo estar viéndola en mi ordenador portátil una noche, sobre la cama. Estaba hipnotizado, fascinado, deseando empaparme de todos y cada uno de sus detalles, incapaz de comprender cómo era posible que una o varias mentes humanas hubieran podido engendrar una realidad futura tan rara, psicodélica y rica en mensajes y detalles. Tal vez fue gracias (o por culpa de) esta película que comencé a ser un trasnochador cinéfilo de los grandes, y a intentar detectar elementos narrativos de la películas que no estuviesen solo plasmados directamente en su guión o en sus diálogos. Posteriormente empecé a indagar sobre la historia del film, los incidentes durante su producción, sus diferentes metrajes. Y a su vez a identificar a sus actores, director y guionistas, intentando buscar referentes similares que me llevasen a otros mundos y a otras historias, situadas en el presente, el pasado o en el futuro. En definitiva, Blade Runner me hizo amar el cine.

Todos tenemos nuestra obra de referencia; aquella que nos hizo enamorarnos del séptimo arte, apreciar sus elementos técnicos o sentirnos abrumados por su capacidad para hacernos viajar a otros mundos insólitos. Cada uno tendremos una, por supuesto, pero no cabe duda de que Blade Runner tiene el potencial de conseguir ésto (y, de hecho, me consta que lo ha logrado en no pocas personas). Como dije al comienzo de esta crítica la película conforma una única, singular y peculiar mezcla de géneros, susceptible de atraer a potenciales espectadores y no dejarles ir nunca más. Fue una conjunción única, de desgracias y de casualidades, que hizo que de lo que parecía un sin dios de buenas intenciones y malas ejecuciones, naciera un mito. Un mito que al igual que otras grandes obras, como Cadena Perpetua, fue malentendida en su momento y que, solo hoy, con la luz que arrojan el paso del tiempo y la madurez de las generaciones que la vieron por primera vez, podemos apreciar en toda su grandeza.

VALORACIÓN: 10

TRÁILER

https://youtu.be/qoEyZoOTtss

Y hasta aquí la turra cinéfila de la semana. La semana que viene, con el permiso de vuestra paciencia, traeré un análisis en detalle de algunos de los elementos narrativos más trascendentales de esta película. Naturalmente con muchos SPOILERS saltando por todas partes. Eso, si no me llega antes la vida que me he pedido urgentemente por Amazon. Hasta entonces pasadlo bien, sed buenos y ved mucho cine. Os dejo un pequeño anticipo en forma de coña:

Zeen is a next generation WordPress theme. It’s powerful, beautifully designed and comes with everything you need to engage your visitors and increase conversions.

Top 3 Stories

Más artículos
Reseña Arlequín por Carlos Gran