EL TREN ES EL MUNDO

¿Qué sucede cuando el remedio resulta ser peor que la enfermedad? ¿Qué pasa cuando se confía en las medidas drásticas y brutales para resolver un problema que deberían afrontarse descentralizada y mesuradamente? Pues pasa que se va todo al carajo. Y pasa que se nos muere la gente.

Y pasa que aquí tenéis de nuevo al tito Richi el cinéfilo friki con una nueva crítica de un film postapocalíptico. Sin embargo, y al igual que sucedió en mi crítica de la película Hijos de los Hombres (cuyas críticas sin y con spoilers tenéis aquí https://lockoutmag.com/hijosdeloshombresparte1/ y aquí https://lockoutmag.com/hijosdeloshombresparte2/), no se trata de un producto convencional hollywoodiense. Realmente estamos ante lo que he oído calificar como un blockbuster de autor, concepto con el que estoy parcialmente de acuerdo. Iré desarrollando este tema a lo largo de la reseña.

Snowpiercer es un proyecto singular desde muchos puntos de vista. Para empezar se basa en una novela gráfica francesa (Le Transperceneige), que he tenido el placer de leer y que presenta similitudes y profundas diferencias con su adaptación cinematográfica libre; adicionalmente fue dirigida y guionizada por el genio surcoreano Bong Joon-ho, recientemente oscarizado por la magnífica Parásitos; en tercer lugar porque surgió de una colaboración entre EEUU y Corea del Sur, la cual influyó decisivamente en que su reparto principal sea esencialmente occidental; y por último, nos hallamos ante una de las películas más caras de la historia del cine de Corea del Sur, que fracasó fuera de sus fronteras ante la implacable obstinación del tristemente célebre productor Harvey Weinstein por recortar su metraje o boicotear su estreno masivo (algo parecido le sucedió a La Princesa Mononoke, cuya review también tenéis disponible (https://lockoutmag.com/critica-de-la-princesa-mononoke/).

Historia de una obsesión

Bueno. Tal vez llamarlo obsesión resulte un tanto exagerado. Pero el germen fundacional de esta película procede del entusiasmo del director Bong Joon-ho al descubrir el cómic francés en el cual se basa su obra. Al parecer se topó con un ejemplar de Le Transperceneige de Jean-Marc Rochette y Jacques Loeb (ahora directamente llamado Rompenieves en publicaciones traducidas al castellano) de manera fortuita, en una de sus búsquedas exhaustivas de material europeo que Bong Joon-ho consume asiduamente; y pese a estar inmerso en el rodaje de la exigente The Host (película que también amenazo con analizar en algún momento del futuro, si todavía me permiten torturaros cada semana), decidió que esas viñetas le inspirarían para elaborar su próxima gran obra.

No resultó sencillo, pero dados el notable prestigio que ya comenzaba a acumular el creativo surcoreano y el considerable interés comercial que suscitan siempre las películas de aventuras ubicadas en un futuro devastado, Bong Joon-ho logró coproducir este film con EEUU con la intención de adoptar un modelo artístico muy similar al de talentosos directores como Christopher Nolan, Stanley Kubrick o Steven Spielberg: reventar la taquilla con películas entretenidas y dotadas de una acción espectacular, pero dotadas simultáneamente de un contenido adulto y reflexivo que no se limite a distraer al espectador de sus quehaceres diarios durante dos horas. Pese a ello, este objetivo tan sólo se logró parcialmente.

En Corea del Sur la película supuso un impacto de taquilla irrefrenable, llegando a recaudar casi 5 millones de euros; en el resto del mundo, debido a una campaña promocional insuficiente ocasionada por las desavenencias que he comentado previamente entre su distribuidora internacional y el propio director, su éxito fue muy limitado (no llegó ni tan siquiera a los 90 millones de dólares). En síntesis, empero, sus beneficios lograron duplicar a sus costes (de unos 40 millones), y consiguió impulsar la carrera internacional de Bong Joon-ho más allá de las fronteras de su propio país. Gustó al público, aunque no al segmento más habituado al cine de evasión occidental; pero enamoró a la crítica, que siempre ha elogiado la trayectoria del director surcoreano .

Bong Joon-ho logró coproducir este film con EEUU con la intención de adoptar un modelo artístico muy similar al de talentosos directores como Christopher Nolan, Stanley Kubrick o Steven Spielberg: reventar la taquilla con películas entretenidas y dotadas de una acción frenética, pero dotadas simultáneamente de un contenido adulto y reflexivo que no se limite a distraer al espectador de sus quehaceres diarios durante dos horas.

Una frenética lucha por la superviviencia muy vistosa

La epopeya sobre raíles de Bong Joon-ho presenta luces y sombras en el aspecto puramente técnico, pero no cabe duda de que en el apartado artístico presenta uno de los mejores diseños de producción en un solo vehículo de la historia del cine moderno.

Cada vagón tiene vida propia, y una identidad estilística muy marcada.
FUENTE: https://www.loslunesseriefilos.com/

Conforme nos detenemos a observar cada uno de los compartimentos de este enorme tren, podemos deleitarnos con el casi enfermizo nivel de detalle que presentan los más recargados; al tiempo que otros, en reflejo de la posición social que ocupan sus habitantes, pueden resultar más austeros o destartalados. En todos ellos, no obstante, prevalece un significado más profundo que el meramente estético. A través de ellos, Bong Joon-ho nos está explicando el microcosmos social que reside en ellos, o la funcionalidad concreta que cumplen. Tal y como se encarga de recordar en los compases iniciales de la película la lugarteniente Mason (interpretada por una excepcional aunque algo sobreactuada Tilda Swinton):

<<El orden es la única barrera que mantiene a raya el frío y la muerte. En este tren de la vida, todos debemos permanecer en nuestros compartimentos asignados. Cada uno debemos ocupar nuestras posiciones particulares preestablecidas.>>

Vagones pecera, saunas, apartamentos, discotecas, fumaderos semiclandestinos…hay de todo en este tren. Un reflejo alegórico pero preciso de nuestra sociedad actual, que proyecta una visión impregnada de realismo pesimista y de escéptica esperanza sobre el comportamiento de los seres humanos cuando éstos viven sometidos a un régimen dictatorial y fuertemente clasista.

Cuando la profe te pilla hablando durante la clase.
FUENTE: https://www.vox.com/

El vesturario de los personajes es rico, variado y elocuente. El de Mason y la asistente personal de Wilford, por ejemplo, es colorido y exhuberante (contrastando enormemente durante su presencia en los vagones inferiores); el de los militares es sobrio y efectivo; el de los habitantes más desfavorecidos del tren es sucio y desharrapado. Siguiendo con el discurso dialéctico de la lucha de clases, Bong Joon-ho simplifica al máximo para que cada elemento simbolice un atributo colectivo de cada individuo en función del grupo social al cual pertenece.

El componente visual más ambivalente de la cinta es el de sus efectos especiales.. Si bien las escenas de acción son espectaculares y están coreografiadas de forma sublime (al estilo del cine de acción coreano, con sus excesos y su poesía de la violencia), los efectos visuales empleados para localizar el exterior del tren no siempre están todo lo bien implementados que deberian. Conforme se aproxima el final de la cinta son más que correctos, con algunas situaciones espectaculares y tensas; mas en otros nos encontramos con un CGI pobre y manifiestamente mejorable en cuanto a realismo.

Maestría delante y detrás de las cámaras

Lo primero que deberíamos destacar dentro de la parte de reconocimiento de méritos individuales es el inmenso trabajo de dirección de Bong Joon-ho. lejos de conformarse con un estilo directo y consagrado al espectáculo visual, el director surcoreano emplea con enorme inteligencia recursos estilísticos que fluctúan desde planos secuencia (hay uno realmente portentoso al llegar el primer cuarto de película), paneos recorriendo el punto de vista de algunos personajes, planos cenitales (como grabados desde el techo). desenfoques, acción a cámara lenta, diálogos entre personajes muy dinámicos y que rara vez repiten el tradicional esquema de plano-contraplano…

Y si en el ámbito más técnico el director sobresale, también satisface sobradamente el requisito de todo autor: imprimir una personalidad propia y diferenciada a todos y cada uno de sus productos cinematográficos. Dejando de lado la temática y el desarrollo de guión ( que desarrollaremos posteriormente) Bong Joon-ho no restringe la utilización de ciertos recursos visuales a recrearse, sino que narrativamente la mayoría de ellos ostentan un valor en sí mismos. Como ocurrió en la más reciente Parásitos y a lo largo de toda su trayectoria, determinados objetos cotidianos, fenómenos meteorológicos o breves líneas de diálogo pueden poseer una relevancia capital en unos guiones asiduamente repletos de giros y sorpresas inesperadas.

Vagones pecera, saunas, apartamentos, discotecas, fumaderos semiclandestinos…hay de todo en este tren. Un reflejo alegórico pero preciso de nuestra sociedad actual, que proyecta una visión impregnada de realismo pesimista y de escéptica esperanza sobre el comportamiento de los seres humanos cuando éstos viven sometidos a un régimen dictatorial y fuertemente clasista.

Y pese a todo lo previamente enumerado, la película no renuncia a ser entretenida, a enganchar al espectador con secuencias de acción emocionantes y a preservar un ritmo implacable durante más de la mitad de la cinta. Es a partir de ese momento cuando la obra gana en profundidad expositiva y en la complejidad de su contenido filosófico, aunque a costa de ralentizar su avance y de encontrar algún momento de bajón que hace pensar en una prolongación excesiva de su metraje. Lo cierto es que sí tuve algún problema en este sentido, pero no como a muchos que criticaron el retroceso de calidad experimentado en los últimos compases de la cinta; más bien en mi caso sucedió todo lo contrario.

Aquí tenemos a algunos de los personajes principales preparándose para preparar una buena ensalada de guantazos
FUENTE: https://www.defanafan.com/

Al principio me daba la impresión de que todo transcurría demasiado rápido, y que la evolución de la trama se diluía en favor de una sucesión de secuencias visualmente espectaculares y excelentemente rodadas; en detrimento, eso sí, de simplificar excesivamente el conflicto y a sus facciones, pareciéndome todo demasiado caricaturesco y previsible, en una progresión en fases muy similares a las de un videojuego de acción y con un comportamiento errático y a veces incomprensible por parte de algunos personajes. La incorporación de algunos elementos sobrenaturales, además, no termina de encajar en el relato.

No obstante, conforme avanzaba la historia y todo se volvía más metafórico, más pausado y con mayor peso de los diálogos y de desarrollo de guión, la película comenzó a interesarme mucho más y algunas de las piezas dispersas a lo largo del metraje adquirían sentido para mí. Tal vez sea una apreciación personal equivocada, pero desde mi punto de vista, el tono, las decisiones narrativas y el desarrollo de personajes y situaciones transcurrida una parte considerable de película eran más arriesgados, interesantes, maduros e incluso cohesivos con la crudeza y profundidad que revelan permanentemente algunos de sus elementos, que lo que deja ver durante su primera mitad.

Tampoco decepciona Bong Joon-ho construyendo atmósferas. El ambiente dentro del tren es opresivo y hostil en los vagones traseros, permitiendo empatizar al espectador con los infortunios que padecen los personajes protagonistas; mientras que en los superiores todo parece más ancho, más confortable y más plácido. El nivel de suspense, de opresión y de claustrofobia que logra transmitir la película, así como el juego con la iluminación en momentos muy específicos de la cinta, constituyen demostraciones más que suficientes de la minuciosidad con la que el director surcoreano concibe y articula sus películas. De 10.

Refrendando el buen hacer en labores directivas, la planificación de la fotografía por parte de Kyung-Pyo Hong en Snowpiercer es fabulosa. Los tonos fríos (blancos, grises y azules) y desasosegantes predominan en los niveles inferiores, siendo la imagen más apagada y menos nítida; al tiempo que todo se vuelve cálido, colorido y falsamente alegre (realmente de forma decadente) en sus niveles delanteros. Es en la transición entre estos niveles donde acontece la absoluta oscuridad (dejémoslo ahí para evitar spoilers 😋), delimitando de nuevo las diferencias entre los distintos estratos sociales.

La banda sonora, compuesta por Marco Beltrami, acompaña perfectamente los momentos de acción más encarnizados, ambienta en los instantes más sosegados y reflexivos y ensalza las situaciones emotivas. Un notable trabajo, que aunque no resalta demasiado, no se queda simplemente como una pieza correcta. Algunas de sus composiciones sí se ajustan a este patrón de corrección, pero hay otras que resultan agradables y fácilmente reconocibles.

Personajes sólidos y llamativos.

El reparto de la película es objetivamente soberbio, y pese a que estemos ante una película más sustentada en su guión que en sus interpretaciones (rasgo habitual de la ciencia ficción más metafórica), prácticamente todos los actores cumplen sus papeles con solvencia y algunos destellos de excelencia. Liderados por un sorprendente Chris Evans (en uno de los mejores papeles que recuerdo haberle visto, tiene momentos brillantes y muy expresivos y se echa gran parte de la película a sus espaldas) que se muestra menos limitado de lo habitual, una espectacular e histriónica Tilda Swinton (que nos proporciona algunos de los momentos humorísticos más paródicos de toda la cinta) y un sobresaliente Kang-ho Song (Namgoong Minsoo), cuyo amplio registro interpretativo es ya ilustre dentro y fuera de su país. Estos son, en mi opinión, los tres mejores personajes de la cinta; los mejor escritos e interpretados. El transfondo de Curtis y la simbiosis entre Kang-ho Song y los rasgos de su personaje son los mejores ejemplos del portentoso trabajo de guión y de dirección de actores de Bong Joon-ho.

El reparto de actores de esta película está muy occidentalizado, y por tanto gozamos de la presencia de actores muy consolidados en Hollywood tales como Chris Evans, John Hurt, Octavia Spencer o Ed Harris.
FUENTE: https://cinemaniaec.wordpress.com/

En cuanto a los personajes secundarios, tampoco falta calidad interpretativa. Ed Harris representa a un convincente y carismático Wilford (ladino y persuasivo como el de la novela gráfica) a modo de antagonista inteligente y confiado, Octavia Spencer despliega todo su carisma y se sobra y se basta para traernos a un personaje independiente, desesperado y valiente; John Hurt desempeña su papel con eficacia sin tratarse de uno de sus mejores papeles; y tanto Jamie Bell como Ko Asung se muestran muy expresivos, retratando perfectamente el ímpetu de la juventud que nunca se ha enfrentado a la realidad del mundo exterior y se han adaptado a la vida en el tren como la única que han conocido.

Una historia poderosa y atrayente

En el año 2014, la humanidad ha tratado de contrarrestar el calentamiento global siguiendo una estrategia radical; reducir bruscamente su temperatura. El experimento, como en toda historia de ciencia ficción postapocalíptica, sale rematadamente mal, y la Tierra queda inmersa en una Edad de Hielo antropogénica que parece haber extinguido a casi toda la población humana. Únicamente han conseguido subsistir los afortunados que se hicieron un hueco en el opulento y descomunal tren del magnate Wilford, perfectamente equipado con un motor aparentemente perpetuo y que emplea el hielo y la nieve que le circunda para generar recursos que garanticen el bienestar de sus pasajeros. Sin embargo, algo está a punto de cambiar 17 años después, en unos niveles traseros hastiados de la segregación social y la indiferencia de una élite acomodada que les desprecia y les sojuzga a través de las autoridades militares y policiales del lugar.

El guión de la película, coescrito entre el propio Bong Joon-ho y Kelly Masterson, es tan retorcido y a la vez directo como nos tiene acostumbrados el director surcoreano. Los temas esenciales que estructuran la trama son sencillos y se reiteran con suficiente insistencia y con recursos muy diversos (la lucha de clases, la represión en las sociedades totalitarias y militarizadas, la xenofobia, el adoctrinamiento de las élites por medio de la educación, la explotación infantil, los peligros de una sociedad segregada y entregada a los vicios y la perversión moral…), pero el guión presenta suficientes recovecos y reflexiones como para inquietar y atrapar al espectador en todo momento. Hay sangre, violencia, muertes inesperadas, situaciones incómodas, derribo de tópicos del género, sorpresas argumentales que conciernen a varios de sus personajes y en general un tratamiento adulto, pesimista y oscuro de personajes y de argumento.

Pese a haber situaciones previsibles (especialmente en la primera mitad de la trama), algún patinazo de coherencia en la ambientación o en los sucesos acaecidos y ciertas subtramas o posibilidades narrativas que quedan inexploradas o no están adecuadamente introducidas en la historia, el guión es muy consistente y presenta muchos aspectos que instan al debate, el análisis pormenorizado y a apreciar las perspectivas divergentes de varios de sus personajes. Y, como siempre ocurre con este director, su trabajo se vuelve mucho más atractivo cuando transita por la línea del gris moral e ideológico, criticando actitudes peligrosas por encima de doctrinas, y abandonando los clichés (que los tiene a puñados, pero por suerte se van difuminando) para entregarnos algunos giros de guión antológicos.

Este grupito de chungos, que parecen una mezcla entre atracadores de bancos y amtones de Semana Santa low cost, nos ofrecen la mejor secuencia de pelea de toda la película.
FUENTE: https://alexonfilm.com/

Los diálogos de Snowpiercer son su punto fuerte; son profundos, metafóricos, afilados y nos aportan información sobre su personaje, su mundo y sus costumbres. Todos, incluso los que parecen nimios o estereotipados, tiene su razón de ser o quedan abiertos a interpretaciones interesantes. Particularmente brillantes resultan las situaciones en las cuales con simples conversaciones entre personajes reemplaza otros lugares comunes como los flashbacks o las sobreexposiciones para aclarar elementos de la trama a los espectadores.

En conclusión, Snowpiercer es un imprescindible título de ciencia ficción post-apocalíptica. Apasionante, profunda, adulta, imprevisible, ocasionalmente caricaturesca, cruda en muchos momentos, socialmente crítica, sigue el modelo de la ciencia ficción menos fantasiosa y más enfocada a la lectura sociopolítica y al impacto que tienen las catástrofes medioambientales en nuestra manera de organizarnos y de actuar como seres humanos. En su primera incursión en terreno más próximo al blockbuster occidental, y a diferencia de otros directores orientales de incuestionable talento como Zhang Yimou (el autor de obras excelsas como Hero o Shadow tuvo un desempeño muy deficiente en la olvidable La Gran Muralla), Bong Joon-ho logra trasladar a la pantalla su personalidad y preocupaciones, sin dejar de lado la diversión ni el sentido de la maravilla que suele acompañar a la ciencia ficción más canónica.

Majestuosamente dirigida, bien interpretada, con una excelente factura técnica (teniendo en cuenta su presupuesto y país de origen), es de esas películas que siempre presenta elementos interesantes para diferentes tipos de espectadores. Es de esas películas que una vez las ves apetece revisionarlas para captar nuevos detalles, recordar determinados diálogos o deleitarse con una maravillosa dirección. No es perfecta, y algunos de sus defectos la alejan de la excelencia, pero se ven abrumadoramente compensados por su valentía y sus innumerables virtudes.

VALORACIÓN: 9

TRÁILER

La semana que viene tendremos la crítica con SPOILERS de esta película. Así que preparaos, porque se viene una buena turra sobre medio ambiente, psicología social y filosofía política. Hasta entonces…¡que paséis una genial semana! Ya va quedando menos para que podamos volver al cine, y comenzar a olvidarnos de esta trágica pesadilla que nos ha estado amargando un poco la vida durante los últimos meses. Disfrutad de los vuestros y de vuestras aficiones.

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