Una gamberrada con corazón

Tras un extenso período de sequía cinematográfica forzosa (que veremos si no impide que los grandes estrenos de este año continúen retrasándose) y unas pequeñas vacaciones, por fin regresa Ricardo I El Pesado con sus críticas densas y pretenciosas. Debo confesar que la sensación de regresar a una sala de cine, recostarse en la silla y sorprenderse con lo que aparezca en la enorme pantalla mientras te atiborras a palomitas es indescriptiblemente reconfortante después de tantos meses de reclusión y silencio creativo.

Y empezamos la temporada de cine de la «nueva normalidad» (sí, a mi también me cansa la frasecita ya 😪) nada más y nada menos que con la nueva obra del prolífico (más de 100 películas lleva ya dirigidas el colega) director japonés Takashi Miike. ¿Cine de mafiosos? ¿Thriller policíaco? ¿Comedia negra? Pues es todo eso y más. Vamos a verlo en profundidad.

Un verdadero artista tras las cámaras

Takashi Miike es un director bastante desconocido en España, pero no por ello deja de ser ni uno de los talentos más fulgurantes del cine japonés ni uno de los que más repercusión internacional ha alcanzado de su generación. El director de películas como Dead or Alive, Audition o Ichi the Killer nos trae en esta ocasión un ejercicio de puro estilo cinematográfico de acción comercial, pero con un delicioso toque de originalidad que hará las delicias tanto de sus fans como de los aficionados al cine de mafiosos y de la comedia salvaje en general.

Takashi Miike: «A ver qué tontería random se me ocurre ahora»…
FUENTE: https://www.rtve.es/

Resulta indudable que la película en sí no deja de ser una combinación bastante curiosa del cine de mafiosos y atracos de Guy Ritchie con el genial Quentin Tarantino, pero la identidad visual y la elegancia en la dirección de Takashi Miike resultan ostensibles durante la mayor parte del metraje. Lo que en otras manos podría haber quedado como un producto genérico, fallido a la hora de intentar imitar a sus referentes más directos, la imaginación y el buen hacer de su director (tal y como, en opinión de un servidor, le ocurrió a Drew Goddard en la más que notable Malos Tiempos en el Royale) consigue que se perciba como una película diferente, dotada de una personalidad propia.

El director de películas como Dead or Alive, Audition o Ichi the Killer nos trae en esta ocasión un ejercicio de puro estilo cinematográfico de acción comercial, pero con un delicioso toque de originalidad que hará las delicias tanto de sus fans como de los aficionados al cine de mafiosos y de la comedia salvaje en general.

Los movimientos de cámara en First Love son más suaves y clásicos de lo que acostumbra a traer el artista nipón, llegando a permitirse algunos planos largos y paneos (giros de cámara) que transmiten pausa y voluntad narrativa; pero es en las largas secuencias de acción, violentas y muy bien rodadas, donde regresan los cortes rápidos y el frenetismo que caracterizan al director nipón. Suceden muchas cosas en pantalla a la vez, pero Miike logra encuadrar y planificar las escenas de tal manera que consigues enterarte de (casi) todo, a la vez que disfrutas de unos momentos intensos, alocados y muy divertidos.

Sin saber cómo ni por qué, estos dos pobres pringados acaban metidos en un lío con la Yakuza, las Tríadas y la policía. Menuda noche.
FUENTE: https://www.espinof.com/

Y ésta es la clave esencial que define este película: diversión. La película es endiabladamente entretenida, tiene un ritmo sensacional (que tan sólo flojea cuando trata de ponerse sentimental o tomarse demasiado en serio a sí misma) y sobre todo un montaje soberbio. Al más puro estilo de los directores orientales más sobresalientes, las escenas están perfectamente engarzadas entre sí, llegando a transmitir mensajes e información sobre los personajes y su mundo sin necesidad de pronunciar una sola línea de diálogo. Hay dos escenas concretas del film (una que implica una cabeza y otra que establece el desarrollo en paralelo de dos combates que libran los protagonistas) que sirven para constatar esta enorme relevancia del montaje en esta película. Y estad atentos, porque además de servir para contarnos la historia, también sirve para anticipar los cambios de ritmo en la narración. Si veis que las escenas empiezan a sucederse a mayor velocidad, preparaos para montaros en el tren de la locura.

Hay un detalle de dirección que me pareció delicioso, y que como friki del mundo del anime y del cómic consiguió arrancarme una sonrisa de admiración. No voy a revelar cuál es por supuesto, pero junto a las referencias incesantes a la cultura y a la sociedad actual japonesa, contribuyen significativamente a ambientar la historia.

El Manco, uno de los personajes más enigmáticos del film y que más problemas le causa a la Yakuza y a los propios protagonistas.
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Tanto los efectos especiales como las escenas de acción rayan a un buen nivel (y todo ello a pesar de las limitaciones presupuestarias, que obligaron al director a hacer del vicio virtud y a incluir uno de los momentos más ingeniosos de la cinta), ofreciendo momentos violentos, salvajes y espectaculares sin que prácticamente en ningún momento la calidad del despliegue visual suponga ningún problema para el espectador. Las secuencias de lucha sobresalen especialmente, y tenemos desde duelos de katanas hasta auténticas peleas de artes marciales; pasando por algunos tiroteos delirantes.

En cuanto a la fotografía de Nobuyasu Kita, nada que objetar. La imagen es nítida, el uso del color (donde predominan los colores cálidos en interiores y en las secuencias desenfadadas, y los colores fríos en momentos nocturnos o de acción intensa) es inteligente y consigue transmitirnos perfectamente que nos estamos moviendo en el submundo criminal de Tokyo.

En general predomina el contraste de colores, donde una paleta de neones rojos (presagiando violencia) se combina con la oscuridad y frialdad de la noche y de los turbios personajes que pueblan las cloacas de la delincuencia de Tokyo.
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La banda sonora de Kôji Endô es funcional, propiciando también una mejor inmersión del espectador en el entorno urbano japonés; aunque lo que más destaca, como suele ocurrir en el cine de Tarantino, es la selección de temas musicales que hacen brillar las escenas más canallas.

Personajes muy personajes, y una historia efectiva

El despliegue actoral es de calidad, y éso se demuestra en el carácter que logran imprimirle algunos de los intérpretes de la cinta a sus roles en la película. Masataka Kubota como Leo está correcto en su papel de joven confuso y nihilista, Sakurako Konishi (Mónica) y el personaje de Julie sacan petróleo de unos personajes con algunas lagunas de escritura, pero que logran sobresalir (y en el caso de Julie, volverse de lo mejor de la película) gracias a su simbiosis absoluta con los personajes que interpretan. Takahiro Miura como Yasu sabe conferirle un aire cómico a su personaje sin caer en el ridículo no intencionado (participa en algunas de las secuencias de acción más divertidas del film).

En cuanto al guión, éste está bien escrito en lo importante, pero falla en algunas subtramas de escasa relevancia. La premisa es simple: Leo es un joven boxeador abandonado por sus padres nada más nacer, que se encuentra carente de motivación hasta que recibe una demoledora noticia que cambia su percepción de la vida por completo. Mónica es una joven prostituta adicta a las drogas que es explotada por unos mindundis de la Yakuza (Julie y su marido), hasta que resulta implicada en un intento de robo a la mafia japonesa y se ve forzada a huir. A partir de aquí tendremos pocas revelaciones sorprendentes o reflexiones filosóficas (no va de éso la película), pero sí una historia principal bien contada, con unos protagonistas definidos que se ven expuestos a un arco argumental bien gestionado y cerrado en la mayoría de casos.

FUENTE: https://cineuropa.org/

La trama que desarrolla la historia de los dos personajes protagonistas y de uno de los lugartenientes más importantes de la Yakuza está muy bien construida (sus desenlaces finales son sublimes, aunque el de los dos primeros pueda sentirse alargado de más), y las andanzas con drogas de por medio del policía corrupto y de su negligente aliado mafioso Yasu es desternillante, ágil y destila humor negro e ironía por todos sus poros. No queda tan claro ni tan bien explicado ni concluido el relato que implica al conflicto entre mafias, que más bien parece estar como telón de fondo y como excusa para ser detonante de la espectacular secuencia de acción final. Mónica es una especie de mcguffin (excusa argumental) para que ambas mafias acaben involucradas, y la propia policía intervenga ante el escándalo monumental que se está organizando. Esto hace que los personajes más «serios» de entre los mafiosos interesen menos, y que la relación romántica entre Leo y Mónica funcione mejor cuando deriva hacia el camino de la madurez o de lo estrambótico, que cuando el director y el guionista juegan con la ingenuidad de su protagonista para intentar crear una relación romántica demasiado edulcorada que parece heredera de los manga adolescentes.

Debo confesar que cuando más me ha gustado esta película es cuando se vuelve bizarra, loca y cuando los personajes más extravagantes toman el mando. La relación entre los protagonistas sólo cobra verdadera fuerza al final de la película (bastante fuerza, eso sí), y aun así consigue funcionar a varios niveles: como comedia su humor físico y sangriento, repleto de humor negro, ofrece escenas para el deleite de los más cafres; como thriller de mafiosos consigue interesar por lo peculiares que son algunos de sus personajes; y como película de acción no defrauda, con algunas secuencias impresionantes en cuanto a ejecución y ritmo. No es una película perfecta, ni una obra maestra del género, ni lo pretende. First Love es una película divertida, políticamente incorrecta, que toca algunos temas escabrosos de los que logra salir airosa ( destaca como solventa la adicción a las drogas de la protagonista). Consigue enganchar al espectador por lo bien elaborados que están sus personajes, lo bien dirigida que está y lo macarra de su sentido del humor y la violencia. Porque de la violencia también se puede salir reforzado, siempre y cuando la utilices para defender a los que quieres y no para enriquecerte. Quedaos con esa metáfora, porque no veréis muchas más en esta película. Lo demás, eso sí, va a ser pasarlo muy bien en el cine sin que el guión nos tome por tontos como sucede en muchas otras películas de acción occidentales.

VALORACIÓN: 8

TRAILER:

¡¡¡¡¡SPOILER ALERT!!!!!! ¡¡¡DANGER!!!

Vamos con los SPOILERS, que esta vez no van a ser tan jugosos y profundos como otras veces (sí, lo sé. Sé que habéis suspirado de alivio. Sinvergüenzas). pero en los que sí me gustaría destacar algunas cosas.

En primer lugar, debo destacar la impresionante escena del comienzo del film, donde tras el puñetazo del joven Leo boxeando sale disparada una cabeza del hombre al que la mafia estaba decapitando en un callejón en otro lugar. Esta conexión denota el nexo que se va a producir entre estos personajes más adelante, y simultáneamente nos muestra que la violencia descarnada es cruel y salvaje, y que se manifiesta en todas partes.. Casi da la impresión de que el desmotivado Leo es el que pretende decapitar a su rival.

Esta pareja de lerdos infames nos ofrecen algunas de las escenas más cachondas y desternillantes del film
FUENTE: https://ramenparados.com/

Por otro lado, resultan interesantes las reflexiones que efectúan tanto los líderes de la Yakuza como el propio Yasu acerca de la situación actual de la Yakuza en Japón. Las maneras clásicas se desvanecen, y mientras política y mafia se conectan cada vez más, algunos añoran los viejos hábitos y prefieren desvincularse de los grupos mafiosos tradicionales. Percibimos la frustración del líder mafioso al salir de la cárcel y no poder vengarse a su manera; y apreciamos la resignación en el dirigente de esa agrupación de los Yakuza, viéndose obligado a contar con autorizaciones y permisos para casi cualquier decisión.

Estas ideas no terminan de desarrollarse más allá del excelente desenlace que se le proporciona al líder mafioso recientemente excarcelado (con un tono poético y melancólico, reflejando la muerte de las antiguas costumbres de venganza y honor mafiosos), pero le confiere un cariz crepuscular y paródico que indica su carácter de sátira de cómo contrasta la antigua Yakuza, con todo su honor y sus reglas, a la pérdida de identidad actual. Tampoco es que la Yakuza sea más respetable por que se conserven sus normas tradicionales (siguen siendo unos criminales), pero no deja de ser una metáfora sobre el abandono de rasgos culturales japoneses por parte de la sociedad nipona.

Este extravagante y bizarro hombre desnudo es otro de los elementos donde está presente la ambivalencia entre humor y tragedia
FUENTE: https://ramenparados.com/

No podemos desdeñar tampoco los curiosos desvaríos alucinatorios de Mónica, inducidos por traumas del pasado y que únicamente puede ignorar si consume drogas. Esto hace que sólo se vea capaz de abandonar a sus explotadores con la aparición de su salvador Leo, ya que hasta entonces sus chulos ya se habían encargado de suministrarle droga en dosis regulares para preservar su compromiso de pagar las deudas contraídas por su padre. Y es que es precisamente este hombre, proxeneta de su propia hija y tal vez (parece deducirse de una conversación de Mónica y de la indumentaria de su padre) abusador sexual, el que surge permanentemente ante sus ojos, provocándole sufrimiento y pavor. Parecer haber desaparecido (quién sabe si muerto), pero con Leo a su lado Mónica consigue superar su tortuoso pasado y olvidarse de su tóxica figura paterna.

Y, pese a ello, es precisamente este personaje el que nos ofrece una de las escenas más bizarras y divertidas del film (el momento del baile). Ver a ese hombre dentro del metro, desnudo, marcándose un bailoteo indigno, mientras Mónica ríe y llora a la vez, es una de las escenas más hilarantes y a la vez perturbadoras del film. Ah. Y el momento patada en los huevos es sin duda remarcable.

No termina de quedar del todo claro el conflicto entre mafias. Se esbozan ciertos elementos, como la rivalidad entre tríadas (extranjeros que llegan con fuerza) y la Yakuza (ancestrales dueños señores del crimen en Tokyo), el regreso de un líder mafioso encarcelado que se encuentra con un mundo distinto al que dejó y una conspiración por parte de Yasu y el policía corrupto para robar a la Yakuza, hacerse ricos e implicar a los chinos para que ambas mafias se enfrenten creyendo que la otra es la culpable de lo ocurrido. Es en los detalles y en el desarrollo donde esta trama se difumina y flojea.

Debo añadir que me gustaría…no, mejor. EXIJO un spin-off de Julie repartiendo guantazos por Tokyo. Que la resuciten, que hagan precuela o lo que quieran. Pero ese personaje, que comienza pareciendo intrascendente, termina siendo uno de los más locos, salvajes y vengativos de la película. Caada vez que aparecía conseguía arrancarme una sonrisa. Una lástima que se la carguen.

En cuanto a la escena más creativa del film, la escapada en coche del centro comercial donde se produce la batalla campal entre bandas que persiguen a Leo y Mónica se produce con una escena que pasa a ser cartoon, estilo cómic, aportando dinamismo y frescura a una escena mil veces vista en el cine de acción convencional. En parte debida a limitaciones presupuestarias, en parte como crítica a la falta de disponibilidad de dobles de conducción en el cine de acción de menor presupuesto, este momento constituye un soplo de aire fresco que revitaliza el film y le otorga ese toque experimental que, junto al surrealismo de otras escenas (véase la cabeza cortada con vida propia), caracteriza el bueno de Miike.

Otro de los inteligentes y divertidos detalles del film tiene lugar durante la huida de la policía. Que la estrategia para librarse de la droga implique espolvorearla desde las ventanillas y generar una niebla que despiste a los coches de sus perseguidores, me parece una genialidad tan disparatada que solo podía ocurrir en una película loca y salvaje como ésta. Además sirve para evidenciar que Mónica se va desenganchando de las drogas, corroborado cuando tiene que luchar contra el síndrome de abstinencia mientras, en paralelo, su novio Leo lucha en el ring ya no sólo por él, sino también por la chica a la que ama. Previamente acontece otro momento fundamental en la vida de Mónica: el reencuentro con su antiguo compañero de estudios, el único hombre antes de Leo que se había esforzado en ayudarle. El ya ha rehecho su vida, y así Mónica termina de pasar página y acepta que su futuro está en Leo, y que ese chico ya forma parte de un pasado tenebroso que es mejor dejar atrás.

Y el film concluye con una escena silenciosa de Leo y Mónica compartiendo casa y relación, en una secuencia que parece costumbrista e inaudita dentro de una película de acción tan alocada. El encuadre de esta escena es magnífico, y cierra la cinta revelando el optimista y esperanzador mensaje esencial de la misma: el amor y la violencia están íntimamente conectados: en el boxeo, en el pasado de colectivos desfavorecidos como prostitutas, en la infamia de policías corruptos y de mafiosos obsoletos tratando de sobrevivir. Pero entre ese lúgubre espectáculo puede emerger el amor. Y sobre ello pretende divagar la cinta, siendo especialmente revelador el momento en el que la asesina contratada por las Tríadas chinas les perdona la vida a los protagonistas cuando aprecia el cariño que se tienen. La escena puede parecer demasiado moñas, explícita y cursi, pero al final es efectiva y logra condensar el mensaje del film. Así que amemos mucho, que hará mucho más llevadera la violencia de este mundo.

Un abrazo a todos y hasta la semana que viene. ¡Mucha salud y mucho cine!

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