Un cuento oscuro en el que nada es lo que parece

Bienvenidos una vez más a la peli por semana que os recomienda el Doctor Richi para garantizar que vuestra salud cinéfila siga siendo envidiable. La incertidumbre social que vivimos se ha trasladado como es natural al mundo del cine, pero llueva o truene vamos a seguir trayéndoos cada una semana el análisis detallado de una película interesante para satisfacer nuestra curiosidad, entretenernos o viajar a otros mundos sin necesidad de movernos de la butaca del cine (o del sofá).

La crítica va a ser diferente esta semana, y ello responde a dos motivos fundamentales.

El primero es que el de esta película constituye un caso especial, al tratarse de un reestreno cinematográfico de uno de los mayores éxitos nacionales e internacionales de nuestra industria cinematográfica que, debido a (y gracias a) la coyuntura social vigente, podemos volver a disfrutar en algunas salas de cine del país.

El segundo reside en que esta obra, dentro de su aparente simplicidad, contiene una cantidad de elementos tan intrincada y compleja que requiere un análisis conjunto de varios elementos cinematográficos para poder interpretarse correctamente. Lo cual me permite, también, innovar un poco en lo que a formato de crítica concierne.

Esto…¿Innovar? Miedo me das. ¿Eso significa que la crítica va a ser todavía más larga?
FUENTE: https://www.mundiario.com/

Un cineasta magistral con personalidad visual

Lo que se mantiene inmutable en esta crítica es el reconocimiento a la trayectoria, labor y méritos del director encargado de pilotar el proyecto y hacerle aterrizar en la taquilla con éxito de crítica y público (cosa que, en este caso, ocurrió). Y en este caso, no puede desdeñarse en absoluto la trascendencia crucial del director mexicano Guillermo del Toro en la consecución de esta obra cinematográfica única.

Guillermo del Toro representa, junto a Iñarritu y Alfonso Cuarón, la vanguardia de una nueva ola de talento cinematográfico procedente de México que ha irrumpido en Hollywood como un elefante en una cacharrería; logrando que, entre otras cosas, les hayan arrebatado premios Oscar y Globos de Oro a directores americanos o europeos consagrados. Todos ellos se caracterizan por gozar de una creatividad artística inmensa y por ser capaces de adaptarse a proyectos cinematográficos muy diversos, pero impregnando también esos proyectos (por muy blockbusters que puedan ser) de sus improntas e inquietudes como individuos.

Guillermo del Toro es uno de los directores más reconocidos, apreciados y respetados a nivel internacional
FUENTE: https://cineconene.es/

En el caso concreto que nos ocupa, el de Guillermo del Toro, yo siempre le he considerado como el gemelo oscuro, adulto y versátil de Tim Burton. Los dos son afines a mostrar ambientes lóbregos y cercanos al terror gótico, con personajes extravagantes y monstruos vagando por doquier y dotados de una facilidad innata para relatar historias con apariencia de cuento infantil; pero mientras el segundo suele tender más a suavizar los conflictos emocionales de sus personajes y la violencia inherente a la vida, haciendo que sus monstruos parezcan en ocasiones más peluches incomprendidos y ansiosos de recibir amor que seres aterradores, Guillermo del Toro nunca se ha cortado a la hora de mostrarnos la crudeza del mundo real. Sus monstruos se sienten más terroríficos, más lovecraftianos; en parte porque apelan a nuestros miedos más ancestrales, y en parte porque casi todas sus obras (incluso su injustamente olvidado Hellboy) están ancladas en mayor medida a la realidad.

Admiro profundamente a ambos directores, y asumo que sus visiones no son muchas veces contrapuestas sino, más bien, complementarias; pero debo admitir que, con películas como éstas, me reafirmo en que, en general (ahí están obras maestras como Ed Wood, Eduardo Manostijeras o Sleepy Hollow para llevarme la contraria), me interesan mucho más los cuentos de Guillermo del Toro que los de Tim Burton. Y con esta película del año 2006, que desde el principio se muestra como un cuento gótico orientado al público adulto, el director mexicano alcanzó un culmen creativo que hasta ahora no ha vuelto a superar.

Muchos de los encuadres que nos regala Guillermo del Toro en esta película, acompañados de una soberbia fotografía, son para enmarcar.
FUENTE: https://www.fotogramas.es/

La identidad visual de Guillermo del Toro está presente en todos y cada uno de los elementos de esta película: en el diseño de las criaturas fantásticas, todas siniestras y bellas al mismo tiempo; en sus villanos perversos y carismáticos; en sus maravillosas transiciones entre secuencias, que aprovechan el montaje para reforzar la sensación de cuento que nos pretende transmitir; en sus protagonistas confusos pero llenos de fuerza y determinación… Allá donde miremos, nos topamos con la presencia del artista que se oculta tras las cámaras.

Una ambientación tétrica que desprende magia

Resulta complicado ser capaz de impregnar de fantasía y magia infantil a un relato maduro, lúgubre y oscuro como el que se desarrolla en El Laberinto del Fauno. Sólo un director y guionista que conozca muy bien la historia que pretende contar, cuál va a ser el tono idóneo para la misma y que sepa encontrar el equilibrio entre inquietar y conmover al espectador, podía gestionar una película tan especial como ésta sin incurrir en el error de contradecirse a sí misma. Y desde luego, Guillermo del Toro lo logra.

La identidad visual de Guillermo del Toro está presente en todos y cada uno de los elementos de esta película: en el diseño de las criaturas fantásticas, todas siniestras y bellas al mismo tiempo; en sus villanos perversos y carismáticos; en sus maravillosas transiciones entre secuencias, que aprovechan el montaje para reforzar la sensación de cuento que nos pretende transmitir; en sus protagonistas confusos pero llenos de fuerza y determinación…

La trama de la película tiene lugar durante la postguerra española, en el año 1944. Época decadente y dolorosa, donde imperaban el hambre, las familias rotas, la represión y ambos bandos se lamían sus heridas. Los franquistas trataban de consolidar su poder erradicando cualquier indicio de rebelión contra su régimen; los republicanos (los pocos que no se hallaban exiliados o escondidos) intentaban sobrevivir, bien fuera luchando activamente contra el régimen o intentando adaptarse a él. En este desolador contexto es cuando Ofelia (interpretada por una sobresaliente Ivana Baquero) y su madre Carmen (representada por una también destacable Ariadna Gil), otrora esposa de un humilde sastre republicano, acuden al encuentro de su nuevo marido. Este es nada más y nada menos que el general Vidal (que Sergi López retrata con gran habilidad), un alto cargo militar franquista al que se le ha encomendado la labor de exterminar a la resistencia antifranquista que todavía perdura en aquellos remotos parajes. De camino Ofelia se encuentra con un peculiar insecto, que supondrá un hilo conductor fundamental para el desarrollo de la aventura.

Una vez Ofelia y Carmen llegan a la ostentosa vivienda donde reside el implacable padrastro de la chica protagonista, éste encomienda al doctor Ferreiro (Álex Angulo nos ofrece una excelente interpretación que empieza pasando inadvertida pero que crece conforme avanza el metraje) y a la ama de llaves Mercedes (cómo brilla la gran actriz Maribel Verdú cuando escoge bien sus papeles) que supervisen el estado de salud de Carmen; al hallarse ésta embarazada del o de la futura descendiente del general.

Cuando llegas a casa y tu padre se ha dormido viendo la tele en el salón.
FUENTE: https://www.filmaffinity.com/

A partir de ese momento (en concreto, cuando vuelve a manifestarse el extraño insecto que parece perseguir a Ofelia), la trama se bifurca en dos líneas argumentales muy diferenciadas. Una de ellas contiene el componente mágico, fantástico y en ocasiones aterrador mundo donde habita Ofelia, y que implica al famoso laberinto y al todavía más célebre fauno; la otra se asienta en la realidad histórica, y en ella se erigen como principales protagonistas Mercedes, Carmen y el doctor Ferreiro. Ofelia y el general Vidal son transversales a ambas historias, y son perfectos representantes del radical antagonismo que existe entre ambos personajes. Teniendo en cuenta que la primera subtrama parece más metafórica, repleta de profecías y personajes de cuento de hadas, y que la segunda se ubica en el conflicto entre el general Vidal y su pugna contra los sublevados contra la dictadura que todavía resisten ocultos en algún lugar remoto de aquellas tierras, bien podría temerse que ambas historias sean incompatibles o chirríen entre sí.

No obstante, nada más lejos de la realidad. Ambas tramas se desarrollan prácticamente en paralelo hasta la mitad de la cinta, y confluyen maravillosamente en un final perfectamente hilvanado que resulta demoledor, impactante y a la vez ambiguo. Todavía no ha llegado el momento de meterse en terreno de spoilers, pero me limitaré a decir que esta retroalimentación entre las dos historias hace que cuando una de las dos tramas (la realista) adquiere una mayor preponderancia, la película pierda en mi opinión un poco de ritmo, y comience a transitar por caminos previsibles y excesivamente simplificados. Las dos subtramas se necesitan, y por ello cuando la fantástica reaparece, trayendo consigo su gama de grises y su desmitifación de la fantasía tradicional, la narración vuelve a repuntar hasta llegar a su maravilloso tramo final.

El Tartamudo, personaje interpretado por Ivan Massagué, tiene un papel relativamente breve pero crucial en el desarrollo del film. Y de paso nos sirve para ver en acción a uno de los mejores actores españoles de la actualidad.
FUENTE: http://www.pacificastor.com/

Tonalidades visuales y musicales insuperables

A todo lo mencionado anteriormente contribuye la sensacional banda sonora compuesta por Javier Navarrete, que contribuye a reforzar tanto los momentos más dramáticos o intimistas, como los más intrigantes; además de regalarnos uno de los temas principales más icónicos del cine español, y que aparece recurrentemente a lo largo de la cinta de diferentes maneras y con distintos propósitos. Este precioso leitmotiv sirve como nexo inquebrantable entre el mundo de fantasía y el real, vertebrando la indefinible amalgama de mensajes que revela la película.

Pese a todo lo anterior, si algo define la riqueza temática y visual de esta película pese a lo simple de su premisa es su sublime fotografía y el inteligente uso del color que efectúa. Guillermo Navarro respecta perfectamente la identidad visual inconfundible de Guillermo del Toro, pero además logra contarnos una historia sólo con las tonalidades que arrojan sus escenas. Y como siempre ocurre en estos casos, lo ideal es aportando un ejemplo:

Los tres colores que definen la película: verde, azul y rojo.
FUENTE: https://tomasglg94.wordpress.com/

Francisco Navarro exigió durante el rodaje, al parecer, que tanto el vestuario como los decorados se ajustasen a una paleta estrecha donde predominase uno de estos tres colores. Puede parecer un capricho de fotógrafo, pero obedece a criterios artísticos y narrativos muy definidos: el azul es el color de la realidad, de la vida gris, sombría y desesperanzadora en la que habitan los protagonistas humanos; el rojo o rojo anaranjado es el color de la fantasía exhuberante e imposible en la que Ofelia se ve inmersa; y el verde es el vaso comunicante que une ambos mundos, donde la frontera entre realidad y ficción se hace difusa y se produce la colisión entre las dos realidades. Ofelia lleva un vestido verde porque ella misma es la llave que enlaza los dos planos; la atmósfera en la casa del general y sus inmediaciones es triste y lúgubre, con un azul lluvioso casi permanente; y la criatura más espeluznante que veremos en la cinta es de un rojo intenso, puesto que pertenece claramente al mundo de la fantasía y la magia.

Conforme avanzan en paralelo las dos subtramas, en cada una de ellas prevalece el color de su correspondiente plano de existencia. En cambio, cuando se utiliza la naturaleza para simbolizar la esperanza, o se pretenden introducir elementos que hagan difícil determinar si tienen lugar en el mundo real o en el onírico, el verde se apodera de la imagen. Solo cuando ambas subtramas coexisten en el mismo espacio y tiempo, como al comienzo del film, se puede observar la concurrencia simultánea de ambas tonalidades extremas.

FUENTE: https://tomasglg94.wordpress.com/

VALORACIÓN: 9.5

TRAILER:

¡¡¡¡¡SPOILER ALERT!!!!!! ¡¡¡DANGER!!!

Las comparaciones son odiosas pero necesarias

Se suele decir que contrastar entre dos películas, ignorando el contexto y las particularidades de cada una de ellas, es injusto y sesga el análisis. Sin embargo, cuando ambas películas han sido elaboradas por el mismo director y poseen una esencia dramática muy similar, la analogía es más completa y permite establecer similitudes útiles entre ambas. En este caso resulta ostensible que La Forma Del Agua (ganadora de 4 premios Oscar en el año 2017, entre ellos al de Mejor Película) y este Laberinto del Fauno presentan notables similitudes entre ellas.

Las dos tratan sobre dos personajes femeninos inocentes y golpeados por una situación personal complicada, que encuentran en un personaje de fantasía la vía de escape para sus preocupaciones y pasiones; y que, gradualmente, tras superar múltiples obstáculos, les hace crecer y mejorar hasta liberarse. Ambas sufren la persecución de individuos perversos y sádicos, portadores de una maldad casi caricaturesca, y habitan mundos donde la realidad y la ficción son ocasionalmente díficiles de discernir.

Cuando te pierdes en el museo y no encuentras a tus padres.
FUENTE: https://www.filmaffinity.com/

Pese a todo lo anterior, desde mi punto de vista personal, El Laberinto del Fauno transmite con más claridad, contundencia y valentía el concepto de «cuento adulto» que las dos comparten como punto de partida. Mientras que en ambas el mundo real peca de polarizar y simplificar demasiado los conflictos entre sus personajes, sin que los matices o la ambivalencia moral adulta se abran paso entre los personajes, en El Laberinto del Fauno Guillermo del Toro logra equilibrar esta esencia propia de los cuentos con una trama fantástica imprevisible, por momentos tétrica y por momentos fascinante, aunque siempre difícil de predecir. La principal evidencia reside en que, al tiempo que en La Forma Del Agua la relación entre el monstruo y la protagonista puede asemejar ser demasiado edulcorada en algunas situaciones, en su otra película no terminamos de tener clara la definición moral del fauno hasta la conclusión de la cinta. E incluso ahí albergamos dudas. Del Toro juega a desmitificar el mundo fantástico mientras mitifica y se posiciona claramente en el mundo real y sus disputas.

No trato de justificar con esta reflexión que La Forma Del Agua sea una mala película en absoluto: las dos gozan de una dirección excelsa y preciosista (más art decó en la ganadora de un Oscar, más terror gótico en El Laberinto Del Fauno), sendas bandas sonoras preciosas, un diseño artístico y de personajes fantástico (aunque los de la película de 2006 me resulten más originales y perturbadores) y unos efectos visuales sobresalientes. Lo que, desde mi punto de vista, hizo su obra maestra a El Laberinto del Fauno, y una película notable pero inferior a su también oscarizada obra de 2017, es la complejidad de su trama y la capacidad de complementar sus relatos sin que la historia resulte ni demasiado dramática y realista ni excesivamente naif o infantilizada. Además de que en la primera sabe incorporar elementos de terror, de género bélico y de drama histórico con acierto; mientras que en el segundo todo gira alrededor de una historia bella pero más sencilla y donde el interés de dirimir qué es real y qué es ficción prácticamente no existe hasta el final del relato.

Lo que, desde mi punto de vista, hizo su obra maestra a El Laberinto del Fauno, y una película notable pero inferior a su también oscarizada obra de 2017, es la complejidad de su trama y la capacidad de complementar sus relatos sin que la historia resulte ni demasiado dramática y realista ni excesivamente naif o infantilizada.

No todo es narrativamente inferior en su película más premiada. El villano de La Forma del Agua es muy similar en cuanto a construcción dramática: cruel, despiadado, de maldad tópica, con escaso aprecio por sus subordinados e incluso por sí mismo (hay una escena del general Vidal mirándose a un espejo que lo corrobora), solamente capaz de sentir amores obsesivos y enfermizos por algunos de sus seres queridos. Pero siendo ambos excelentes actores, tanto el carisma innato del increíble Michael Shannon como ciertos indicios de humanidad en su personalidad (su familia, por ejemplo), lo hace un villano más interesante y menos caricaturesco que el general Vidal. No dudo en que en aquella época los generales franquistas fuesen implacables y malas personas, pero pese al matiz de la preocupación por su futuro hijo y los traumas con su padre, en muchas situaciones el papel de Marcos Vidal me resultó demasiado de una malicia demasiado forzada. Es un cuento, claro, pero dirigido a un público adulto. Que los buenos (en el mundo real) sean tan buenos y los malos tan malos, no termina de encajar con el tono exigido a este tipo de relatos.

Una historia de madurez y pérdida

Simplificando mucho, la historia que se relata en esta película es la transición de una niña (Ofelia) desde la adolescencia hasta la edad adulta anticipada que la ardua situación en la que vive le fuerza a adquirir. Ofelia es una niña dulce e inocente, aficionada a los cuentos de hadas y a los relatos fantásticos. Su madre, que al principio tolera su abstracción de la realidad con resignación, termina cediendo ante la presión de su agresivo marido, y exhortándola a comportarse como en aquella época se pensaba que debía ser una mujer: servil al hombre, preocupada por los quehaceres cotidianos y obsesionada con agradar estética y conductualmente a las figuras de autoridad y poder (asiduamente hombres, pese a que en la película también vemos a la esposa del dictador Franco ostentar un puesto de respeto).

El Hombre Pálido, uno de los personajes más célebres de la película, protagoniza la secuencia más aterradora y visualmente fascinante de toda la cinta.
FUENTE: https://www.aullidos.com/

Incluso en un mundo frío y cruel, donde la tristeza y la desesperación parecen acechar desde cada rincón, Ofelia todavía cree en la magia. El primer insecto que encuentra, y que parece seguirla a todas partes, le parece un hada. ¿Lo es realmente? Como tantos otros elementos de esta obra, el director no se posiciona del todo sobre su existencia real. De hecho, tampoco es la intención de esta película el hacerlo. En ocasiones vemos cómo Ofelia parece estar imaginándolo todo (la escena en la que el general Vidal ve a Ofelia hablando sola en vez de con el fauno resulta muy ilustrativa), y esporádicamente la fantasía emerge para encontrarse con la realidad (la mandrágora que el fauno le ha entregado existe, y parece estar condicionando el estado de salud de su madre). La interpretación que más satisfactoria me resulta a título personal, es que la realidad y la fantasía se entremezclan, y que resulta muy complicado separarlas una vez nos sumergimos en ambas. Tal y como le explica Mercedes a Ofelia al comienzo del film sobre el laberinto:

«Es un laberinto. Nada, un montón de piedras muy viejas que han estado siempre ahí, antes incluso que el molino. Mejor que ni te acerques te puedes perder.»

Y al final Ofelia acaba perdida por entrar a ese laberinto; tanto física (fallece, al menos, en el mundo real) como psicológicamente (llega un momento en el que es incapaz de diferenciar las creaciones de su mente del mundo donde habita). El guión parece estar sugiriéndonos que la muerte de Ofelia es real, y que la visión final sobre su llegada al mundo mágico donde gobierna su verdadero padre, el rey, es un último estertor de su mente distorsionada; mas si recordamos el inicio del film, aparece la misma escena de Ofelia ensangrentada y muerta, con la sangre retrocediendo y su cuerpo regenerándose. Puede ser un recurso narrativo para explicarnos que nos va a contar cómo se llegó hasta esa situación a partir de ahí; o realmente es un anticipo de que para resucitar en el reino de cuento donde ella es princesa heredera, antes debe perecer en el mundo de los humanos. Como pesimista existencial y ateo, no creo en la vida después de la muerte; pero dado que todavía no hemos sido capaces de descifrar la conciencia humana ni de resolver algunos de los misterios que envuelven a la muerte, tampoco considero que debamos atribuir todo lo mágico y extravagante a los delirios de una joven acosada por el horror.

Al final, la travesía existencial de Ofelia consiste en una búsqueda de su identidad no como niña, sino como persona adulta que se ve obligada a afrontar situaciones muy turbias y emocionalmente desestabilizadoras: la tortuosa gestación de su hermano, el fallecimiento de su madre, la macabra personalidad de su padrastro, la conjura de la resistencia (al estilo de los «maquis» antifascistas) contra el creciente poder de las instituciones franquistas… Ante ello, sintiéndose ella un peón insignificante en esta historia, resulta muy conveniente que de repente aparezca un relato legendario que la sitúe como princesa heredera de un reino ancestral. Ello le permitiría gobernar con toda la justicia, bondad y empatía que no logra encontrar en el mundo real salvo en la presencia de la encantadora y valerosa Mercedes.

Mercedes constituye la figura materna que termina reemplazando a la madre de Ofelia, cuya salud física se degrada progresivamente y que mentalmente se ha doblegado completamente a su papel como herramienta del general para engendrar a un heredero que le permita perpetuar su legado. Irónicamente, es Ofelia la que finalmente dejará el recuerdo de su sacrificio a través de las historias que le contará Mercedes, su madre adoptiva; mientras que el general Vidal, anhelante de dejar una descendencia que haga perdurar su estirpe, termina siendo asesinado con la siguiente frase lapidaria:

«- Decidle a mi hijo, decidle a qué hora murió su padre. Decidle que yo…

– No. Ni siquiera sabrá tu nombre.»

La importancia del 3 y las referencias clásicas

Ofelia y su peculiar aventura simbolizan un viaje muy similar al que se puede contemplar en el clásico de Lewis Carroll «Alicia en el País De Las Maravillas». Al igual que en esta historia, el mundo mágico de Ofelia es extravagante, difuso y extraño; pero, a diferencia del de Alicia, posee un tono crepuscular y de decadencia que solo pierde el tono pesimista cuando Ofelia regresa a su trono y el árbol (otrora consumido por el enorme sapo) florece de nuevo. Con actos desinteresados y generosos como el de Ofelia, un mundo nuevo y mejor puede engendrarse de las cenizas de los viejos rencores y fracasos.

El tres es un número representativo a lo largo del relato: tres pruebas, tres llaves, tres paletas de colores predominantes. En su primera prueba Ofelia renuncia al destino que su sumisa madre desea imponerle (Ofelia deja abandonado el vestido verde antes de entrar en el árbol del sapo) y decide enfrentarse al codicioso sapo que solo busca su gula sin importarle que los demás mueran de hambre (en paralelo vemos la reunión de los dirigentes franquistas en un banquete, mientras organizan el racionamiento de sus gobernados). Penetrando de nuevo en un árbol que simboliza el retorno al útero materno, Ofelia se enfrenta a ese egoísmo y lo atiborra hasta matarlo. Aquí se inicia el camino de no retorno de salvación de la realidad que conoce, a través de la fantasía.

El árbol muerto simboliza la naturaleza triste y devastada a la que Ofelia llega; y que con sus actos termina transformando. Tanto en la realidad como en la fantasía.
FUENTE https://www.justwatch.com/

En la segunda prueba, Ofelia se ve de nuevo con una criatura rodeada de un banquete opulento; pero este horripilante ser, devorador de niños, no come. No es su vicio. Es por un lado ser capaz de conocer todo sobre todos (la importancia de la vista), y por otro sus perversos e inhumanos gustos alimenticios, los que en cierta medida pueden servir de paralelismo con el estamento eclesiástico. Dios, que todo lo ve, se hace el ciego ante las injusticias del mundo; y solo despierta cuando tratan de arrebatarle las cuantiosas riquezas que, por su cínico comportamiento, ha acumulado. Las escalofriantes imágenes del Hombre Pálido devorando niños puede conformar una metáfora de las prácticas obscenas y atroces que, a lo largo de la historia, la Iglesia Católica ha perpetrado para preservar la fe de sus siervos.

O también podría ser algo distinto; podría ser la lucha de Ofelia contra la masculinidad exacerbada; el hecho de coger comida pese a que el fauno le ha ordenado no hacerlo. Lo que para ella son figuras de autoridad masculinas no del todo fiables (su padrasto en la realidad, el fauno en la fantasía) merecen ser desafiadas; especialmente cuando Ofelia contempla una mesa tan repleta después de haber sufrido hambre y calamidades. Obedecer por obedecer, en una dictadura, es práctica común; y Ofelia, como mujer libre, no está dispuesta a conformarse con la docilidad impuesta. Tal y como también afirma el doctor Ferreiro tras mostrarse compasivo con el Tartamudo disidente republicano:

«Es que obedecer por obedecer así, sin pensarlo, eso solo lo hacen gentes como usted, capitán».

En la tercera prueba, con Ofelia ya absolutamente entregada a la voluntad del fauno tras experimentar el abandono de todos sus seres queridos, se revela la predicción que aparecía desde un comienzo en el altar de la guarida del fauno dentro del laberinto; el bebé de la estatua es el hermano recién nacido de Ofelia. Esta, tras rescatarlo de las garras de su padrastro, se niega a derramar su sangre, como último acto de insurreción contra la autoridad y sus órdenes amorales. Finalmente se demuestra que Ofelia siempre ha actuado con bondad, y por tanto su sangre es la sangre inocente requerida para poder entrar en el mundo de fantasía. O al menos, para permitir la salvación de vidas inocentes como la de su hermano.

En definitiva, El Laberinto del Fauno es una preciosa alegoría, que alberga hermosos mensajes tras una capa de melodrama, tragedia y horror. Nos enseña que de la maldad puede nacer inocencia y generosidad; que de la pesadumbre y el dolor puede resurgir la esperanza; y que la realidad más cruda puede convivir con la magia y la imaginación. Que el mundo y los que lo habitan pueda resultar malicioso, inmisericorde y triste muchas veces, no nos debe impedir ver que siempre hay hueco para la honradez y la felicidad. Los buenos actos dejan legado; los malos, al final, desaparecen y son engullidos por el avance inexorable del tiempo.

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