FUENTE: https://www.imdb.com/

El blockbuster soñado regresa a la gran pantalla

Bienvenidos una semana más a todos los cinéfilos y cinéfilas del mundo mundial. El reestreno de una de las grandes obras maestras del célebre director británico Christopher Nolan constituye una oportunidad de oro para revisitar sus principales inquietudes artísticas antes del inminente estreno de Tenet. Polifacético, odiado y admirado, fascinante y adrenalínico, Nolan es una estrella en sí mismo. Con todo lo bueno y malo que ello conlleva.

Teniendo en cuenta que Origen probablemente sea, por lo que sabemos hasta ahora, su película más cercana a lo que pretende ofrecernos con Tenet; y también debido a la relevancia y singularidad de este proyecto estrenado originalmente en el año 2010, resulta de especial interés profundizar en todo lo que ofrece una de las mejores películas de este director.

¿Otra crítica de reestreno? Creo que por fin voy a darle uso a mi amiga con gatillo… FUENTE: https://m.culturaocio.com/

La obra que consagraría al director de moda

Origen es una película enigmática, compleja y muy entretenida, que aún a día de hoy suscita teorías más o menos disparatadas sobre su significado, influencias y mensaje final. Sin embargo, en su momento se recibió el anuncio de su estreno con recelo. No en vano, Christopher Nolan acababa de petarlo desmesuradamente con El Caballero Oscuro (desde mi humilde y friki punto de vista, su mejor película junto a Interstellar); y las expectativas respecto de su tercera y última entrega del héroe de Gotham hacía incómoda la presencia de esta película. Pese a que Nolan afirmarse reiteradamente que, lejos de ser ninguna ocurrencia,su guión llevaba décadas gestándose, no fue hasta que comenzó a confirmarse su estelar reparto que muchos comenzaron a augurar que se aproximaba otro bombazo. Y efectivamente así terminó siendo.

Christopher Nolan es un director controvertido, pero (o tal vez sea la consecuencia de ello) dotado de un talento inmenso que le otorga ya el estatus de director legendario de Hollywood. Tras haber iniciado su carrera cinematográfica con cortometrajes y películas de cierto calado, no fue hasta atreverse a ejecutar esa carambola narrativa innovadora que fue Memento cuando el director británico evidenció su talento emergente. Con los años se encargó de constatar que, lejos de ser cuestión de suerte o de inspiración puntual, podía erigirse como uno de los directores más completos y regulares del cine contemporáneo. Sin sonados fracasos, preservando una identidad propia forjada desde sus primeros éxitos cinematográficos, Christopher Nolan ha conseguido combinar con éxito apabullante las claves fundamentales del blockbuster comercial (manejo del ritmo de la acción, repartos potentes, montaje dinámico, tono adulto pero accesible a un público más joven) con unos guiones elaborados y un dominio ejemplar del tiempo, el espacio y las relaciones interpersonales. Todo ello revestido de un marcado tono reflexivo y serio, sin renunciar pese a ello a divertir al espectador y evitando que resulte forzado. Un equilibrio aparentemente imposible, y que Nolan ha hecho suyo.

Pese a haber participado en proyectos con enorme impacto comercial y muchas espectativas de crítica y público, Nolan nunca ha renunciado al sello actoral que lleva muchos años construyendo.
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Muchas de las inquietudes temáticas inherentes a la filmografía de Christopher Nolan impregnan esta película; y en consecuencia considero que, pese a no poder definirse como su obra cumbre, si que cabe considerarla la más representativa de su estilo. O al menos de lo que el público en general, y muchos de sus fans en particular, identifican con el estilo de este director. La verdad y la mentira, la ambigüedad moral, las relaciones entre padres, hijos y parejas sentimentales, la importancia de la cognición y el subconsciente humanos en la comprensión del mundo que nos rodea, las secuelas psicológicas de los errores del pasado…todos estos ingredientes pululan por la trayectoria cinematográfica del director, y en Origen hacen acto de presencia hasta el punto de constituir el núcleo duro de su estructura narrativa.

Sin sonados fracasos, preservando una identidad propia forjada desde sus primeros éxitos cinematográficos, Christopher Nolan ha conseguido combinar con éxito apabullante las claves fundamentales del blockbuster comercial con unos guiones elaborados y un dominio ejemplar del tiempo, el espacio y las relaciones interpersonales.

Después del avasallador éxito de El Caballero Oscuro, Nolan se había garantizado carta blanca en Warner Bros para adquirir el control absoluto de su proyecto, y en este film se encargó de verter todos y cada uno de sus intereses y habilidades. Y no exclusivamente en lo que concierne al fondo del argumento, por supuesto, sino también en su forma .

Origen es, y aún 10 años después continúa siéndolo, todo un portento visual. Tal vez esa perdurable capacidad de asombro estética se deba a su escaso interés por los avanzados pero fácilmente superables efectos visuales por CGI (Nolan es un ferviente defensor de los efectos prácticos, los sets de rodaje tradicionales y las maquetas); tal vez venga ocasionada por la enorme creatividad artística que destila en muchos de sus proyectos, logrando sumergirte en sus atmósferas como la primera vez pese a haber visitado ya ese mismo mundo o algunos similares (las referencias visuales a la película de anime Paprika son notorias); tal vez se justifique en base a que la cobertura de la ciencia ficción, el cine de intriga o la fantasía superheroica proporcionan mayor atemporalidad a las tramas y los escenarios; tal vez Nolan ha sabido rodearse de algunos de los mejores directores de fotografía de la actualidad (Hoyte van Hoytema y el Wally Pfister de esta Origen) . O puede que se deba a una combinación de todas ellas. Sea como fuese, no resulta para nada inusual quedarse absolutamente perplejo con el despliegue visual, la variedad de entornos y el frenetismo y la espectacularidad en las escenas más frenéticas de Origen.

El diseño artístico de Origen es deslumbrante. Pese a no estar situado en planetas extraterrestres o en ciudades de cómic, el universo de los sueños reales de Nolan articula una realidad que parece un nuevo mundo en sí mismo. Y ello se refleja en escenas tan icónicas y espectaculares como ésta.
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Y si bien Nolan jamás defrauda en su apartado artístico (exprime hasta el último céntimo de sus cada vez más abultados presupuestos), es en el control de la cámara donde despliega todo su potencial. El arsenal de recursos artísticos de Nolan tampoco es el más extenso de la historia del cine (aunque en esta película vemos planos desde posiciones muy ingeniosas jugando con los espacios, planos detalle muy significativos, travellings soberbios siguiendo a los personajes, unos planos panorámicos impresionantes…), pero absolutamente TODOS importan y son algo más que exhibiciones visuales en beneficio de su ego.

Casi cada plano, cada fotograma, cada línea de diálogo, simboliza o aporta algo. Es posible que ayude a descifrar la trama, proporcione una pista para anticipar las acciones de los personajes, refleje sus estados anímicos o inste a hacer reflexionar al espectador con determinada información. En el cine de Nolan en general, y en Origen en particular, el pulso para manejar la cámara es tan preciso como el del más meticuloso de los cirujanos. Cuando encuadra, aparece justo lo que necesita aparecer; cuando muestra una vista general del paisaje, dura el tiempo necesario para situar sin saturar; cuando enfoca a un personaje, lo hace desde el ángulo exacto para que sea efectivo comunicando su mensaje o sus emociones. Y todo ello envuelto de una destreza propia de los mejores directores de acción en las secuencias intensas. Nolan es un todoterreno, y es prácticamente igual de impactante en momentos de acción desenfrenada y en instantes intimistas o más emotivos.

La fotografía de Origen es más luminosa y clara que en otras de sus películas (sobre todo por transcurrir en amplios espacios abiertos a la luz del día), pero no renuncia a emplear tonos más oscuros y apagados cuando la trama lo requiere.
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En esta capacidad de unificar con envidiable equilibrio ambas virtudes, en ocasiones percibidas como antagónicas, reside una de sus más destacables aptitudes (que en mi modesta opinión le encumbran por ahora junto a grandes genios de la historia del cine como Alfred Hitchcock o Steven Spielberg). De hecho, Nolan es una especie de punto intermedio dentro de la filmografía de Spielberg; es casi o igual de impresionante que el Spielberg más comercial y legendario, sin importar muchos de sus dejes más familiares o «moñones»; pero narrativamente se aproxima al terreno de sus historias más adultas, aunque sin llegar al nivel de crudeza y realismo que han alcanzado algunas de las grandes obras maestras del genio estadounidense (como La Lista de Schindler, una de mis favoritas).

Para que funcione, todo ha de estar está medido al milímetro

Otras de las claves del cine de Nolan, y que aquí funcionan como piezas engrasadas a la perfección dentro de la elaborada maquinaria de Origen, son la banda sonora y el montaje. Hans Zimmer hace un trabajo excepcional (otro más) componiendo una música menos orientada a ser una colección de temas icónicos y más destinada a acentuar y ambientar perfectamente lo que se aprecia en pantalla ( con la salvedad del tema Time, que sí es muy recordado). Con un compositor como Hans Zimmer, especialista en elaborar temas musicales operísticos, grandilocuentes y dramáticos, que elevan varios niveles hasta la más simplona de las peliculas, es muy complicado que alguna escena no quede grabada en tu retina en cualquiera de las películas en las que participa. De hecho, si algún tema se quiere considerar vertebral en esta película ésa es precisamente la canción “Non, Je ne regrette rien” de Edithe Piaf, cuyo particular tempo es aprovechado por sus protagonistas para sincronizar sus saltos entre sueños. La astucia e intuición de Zimmer para acompasar sus composiciones a las necesidades de la historia son el complemento perfecto para la espectacularidad visual y la riqueza argumental que nos proporciona Nolan, propiciando que ambos formen un tándem casi insuperable.

Y si bien el montaje pudiera parecer complicado de manejar en una película de 148 minutacos, aquí Christopher Nolan tampoco defrauda. Desde Memento se erige como una de sus armas más poderosas, y en Origen vuelve a adquirir una trascendencia sobresaliente. Sólo hay que fijarse con qué secuencia comienza la película, y cómo encaja perfectamente con otra que veremos muy cerca del final y que condensa el propósito narrativo de esta obra: el juego con el tiempo (en cada capa de sueño el tiempo transcurre a un ritmo distinto) y el espacio (éste se pliega, se curva, se contruye y se destruye según los designios del subconsciente del cerebro que lo sueña). Pese a que el principio se sienta un poco precipitado y las escenas parezcan sucederse con demasiada rapidez, todo forma parte del juego que nos propone el tío Christopher. Si estás atento todos los fragmentos del puzzle encajan perfectamente, y el ritmo está muy bien controlado para saber intercalar momentos de pausa explicativa, intensidad dramática y acción tensa. Sí que hay algún momento donde le vendría mejor a la película ofrecer algo más de pausa de suspense y menos de sostener una acción constante que desluce a algunos personajes (especialmente de mitad a tres cuartos de película), pero ésto únicamente sucede en momentos muy concretos. En general la historia avanza con fluidez, y la información necesaria para comprenderla se expone tanto por parte de los personajes (sorry haters, lo hace de una forma muy natural y comedida) como de toda su narrativa visual y sonora.

Cuando estás todo concentrado intentando entender el guión de Origen.
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Y no menos satisfactorio es el desempeño de sus actores. La elección de Leonardo Di Caprio como Cobb es sensacional, y nos regala algunos de los mejores momentos interpretativos del film. El bueno de Leonardo es uno de los mejores actores que podemos ver en pantalla grande, idóneo para desarrollar papeles complejos, carismáticos y con presencia física. En este caso Di Caprio es un antihéroe torturado y magnético, papel que le viene como anillo al dedo; y aunque no se trate de su interpretación más valorada ni reconocida, hace un papel magnífico.

En esta Origen Leo rinde perfectamente, y tiene una excelente química con una no menos excelente Marion Cotillard como Mal. Su personaje es misterioso y amenazador, a veces fascinante, a veces triste, y al igual que Di Caprio se maneja cómodamente en registros muy distintos. El resto del equipo a su vez está perfectamente orquestado por Nolan, y el director sabe sacar el potencial a todos ellos con una muy notable escritura de personajes (Joseph Gordon-Levitt es un Arthur carismático y amigo leal del protagonista, aunque también un poco tutorial de Introducción a Origen para Principiantes; Tom Hardy como Eames es una bestia parda que brilla especialmente como personaje de acción con tintes dramáticos, pero dotado de un encanto innato; Ellen Page como Ariadne cumple sobradamente como la típica aprendiz apta para superar al maestro y cuyo aporte al film es el justo y necesario, perfectamente consciente de que no va a poder eclipsar a Di Caprio ni en 30 vidas; Ken Watanabe está convincente y muy efectivo en su papel como el implacable y valiente Saito; Michael Caine, entrañablemente fijo en casi todas las películas de Nolan, demuestra en los pocos minutos que se le ofrecen en pantalla por qué es uno de los mejores actores de la historia del cine; y Cillian Murphy, estrella emergente en aquella época, empezaba a demostrar por qué es un actorazo como la copa de un pino en proyectos mucho más exigentes comercialmente hablando más allá de Batman y las películas de zombies.

Una historia compleja pero narrada a la perfección

La sinopsis de esta película es ya de por sí complicada y misteriosa: Cobb y Arthur son dos especialistas en introducirse en los sueños de sus víctimas para robarles sus recuerdos u obtener ciertos comportamientos de ellos en en beneficio de sus clientes. Cuando son contratados para extraer determinada información de un directivo de una gran compañía y ambos fracasan, Cobb se ve involucrado en una misión que desafiará su capacidad de explorar las mentes de otras personas y de hacer frente a sus propios demonios internos.

Así comienza una de las más enmarañadas tramas dirigidas por Chistopher Nolan, que transcurren entre capas y capas de consciencia humana que son metáfora de los cuantiosos estratos de profundidad argumental y narrativa que presenta esta historia. Pese a lo apresurado de su presentación, ésta resulta brillante y nos sitúa rápidamente en la historia sin necesidad de presentaciones interminables o flashbacks continuos. A partir de ese momento, la historia de Cobb y la consecución de un logro casi imposible para redimir sus fracasos anteriores van evolucionando paulatinamente mientras asistimos a una sucesión de planes de asalto, tramas que evolucionan en paralelo (siempre subordinadas a la historia principal, sin que haya desviaciones innecesarias), infiltraciones propias del cine de espías clásico y algunos giros de guión imprevistos que tienen su explicación y están bien hilvanados. Lo poco que no queda claro visual ni argumentalmente, es intencionado; Nolan emplea estos elementos para instarnos a meditar y a sacar conclusiones.

FUENTE: https://www.looper.com/

Porque el cine de Nolan entretiene, si, pero también es exigente con el espectador y requiere su implicación activa. Se puede ver Origen como una película de aventuras y atracos más y funciona con solvencia gracias a algunas de sus cuantiosas virtudes; pero existe el riesgo de perderse gran parte de su componente reflexivo sobre las consecuencias de nuestros actos sobre las personas a las que amamos, la maleabilidad e importancia de los sueños, los dilemas morales y legales que podría plantear en el futuro el mayor conocimiento acerca del funcionamiento del cerebro humano y la consciencia…y muchas cosillas más. En este caso, pese a enmarcarse en el género de la ciencia ficción (concretamente, en un futuro cercano e indefinido que permite penetrar en los sueños de otras personas e interactuar con ellos), el único elemento que aleja a esta película de clásicos cinematográficos del cine de atracadores como Heat o del cine de espionaje como James Bond o la saga de Jason Bourne es un misterioso maletín que parece contener la clave tecnológica que facilita esta prodigiosa habilidad, inconcebible hoy día en una sociedad en la que apenas estamos rascando la superficie de lo que conocemos sobre el funcionamiento del cerebro humano y de los sueños inconscientes.

En cuanto a los diálogos, éstos son 100% Nolan. Asiduamente sirven para enmarcar la acción y caracterizar a los personajes, pero el director británico se apoya en ellos con frecuencia para que, de manera natural y dinámica, los personajes principales describan al espectador múltiples elementos sobre el universo de Origen y el desarrollo de la trama. Algunos fans podrían preferir una narrativa más visual y con menos información explícitamente enunciada por los actores, pero aunque yo me declare especial fanático de esa técnica considero que Christopher Nolan sabe perfectamente cómo introducir estos mensajes aclaratorios sin que interrumpa el ritmo de la acción ni sirva para encasillar a sus personajes como sabelotodos sin carisma. Simplemente es parte de su estilo, y tiene sentido dado lo laberínticos y difíciles de seguir a la primera que suelen ser sus guiones.

Esta es una de las pocas escenas reposadas que se permite la película. E incluso aquí, la tranquilidad tampoco dura demasiado.
FUENTE: https://www.vox.com/

En conclusión, Origen es un espectáculo visual, sonoro y argumental de primera magnitud. La película de Christopher Nolan supo sobreponerse a la perfección al hype generado por el tremebundo éxito que produjo con El Caballero Oscuro, pasando el trámite entre dos partes de una trilogía como solo muy pocos directores muy dotados saben: con una película relativamente original, fresca, densa, adictiva y que se disfruta a varios niveles. Si eres fan de la ciencia ficción, del cine de robos y atracos, de Leonardo di Caprio o de Christopher Nolan, esta película es de obligado visionado. Y si no, pues también; es una película accesible para casi el mundo en primera instancia (salvo que la premisa argumental no te interese y te parezca una fantasmada); y un deleite para los aficionados a buscarle cinco pies al gato a películas más complejas y con subtextos y significados indetectables a primera vista. Si Tenet (que ya sabemos que estará desconectada argumentalmente de Origen pero que compartirá su componente de homenaje al cine de espionaje) resulta ser la mitad de apasionante, intelectualmente atractiva, espectacular y trabajada que esta película, bendito Nolan. Si alguien puede estar llamado hoy en día para ser «el elegido» para salvar el cine comercial con toques de autor, es él. Y ojalá sea por muchos años.

VALORACIÓN: 9,75

TRAILER:

A continuación vamos a comentar algunos SPOILERS sobre el argumento de la película, sin ánimo de ser demasiado exhaustivos:

¡¡¡¡¡SPOILER ALERT!!!!!! ¡¡¡DANGER!!!

Metáfora muy fundamentada en la realidad

Origen construye una interesante alegoría sobre las adicciones, la abstracción de la realidad para evadirse de los problemas y las frustraciones. El primer indicio contundente de ello lo tenemos cuando Cobb accede a la sala donde Yusuf mantiene sedados a sus clientes. En palabras del hombre que los custodia mientras habitan el universo onírico de sus propios pensamientos:

“Vienen a despertarse. El sueño se ha convertido en su realidad.”

En la línea de las analogías metafóricas tan habituales en la ciencia ficción distópica, los sueños se han transformado en un mecanismo de aislamiento de la realidad tan o más potentes que los videojuegos o el alcohol actuales. Personas hostigadas por la tragedia, el remordimiento o la soledad pueden utilizar una afición o una necesidad fisiológica sana y legítima para convertirla en un vicio peligroso que les sumerge en un estado prácticamente vegetativo al tiempo que su cerebro les simula una realidad mucho más placentera. Esa secuencia tan impactante evoca a los fumaderos de crack del siglo XIX, pero es perfectamente aplicable a las devastadoras consecuencias psicológicas de la adicción a las nuevas tecnologías o a otras distracciones modernas.

«Sin ánimo de ser demasiado exhaustivos» decía. Verás tú la chapa que nos va a meter.
FUENTE: https://www.sopitas.com/

Cobb y Mal, por razones diferentes, también se ven inmersos en esta espiral de abandono de la realidad. Sintiéndose poderosos, susceptibles de generar, construir y organizar un mundo a su antojo, conservando todos aquellos recuerdos de otras épocas (parcialmente simbolizado con sus antiguas casas de juventud), ambos deciden pasar muchos años juntos en este mundo de los sueños. Se intuye por tanto que ambos trabajaban como ladrones profesionales de recuerdos, o al menos que Cobb instruyó a Mal para serlo (o tal vez su padre, Michael Caine). No obstante durante el proceso uno de los dos (Mal) no advirtió en ningún momento que su aptitud para diferenciar entre sueño y realidad se estaba difuminando, y que gradualmente se estaban extraviando en su propio subconsciente hasta el punto de aprovechar la ralentización temporal respecto del mundo real para prácticamente experimentar una vida entera juntos. En palabras expresadas durante la película:

“Cuando se llega a la orilla del subconsciente se pierde el sentido de la realidad.”

Consciente de esta situación e incapaz de persuadir a Mal de su error, Cobb se vio obligado a implantarle a Mal una idea intuitiva que le obligase a abandonar esa construcción artificial que habían diseñado juntos: solo con la muerte podían abandonar aquel sueño, ya que nadie desde el exterior podía despertarles (el concepto de la patada como estímulo exterior necesario para abandonar un sueño lúcido del que tenemos control posee cierto fundamento empírico real, por cierto). Lo que pese a ello Cobb no podía prever es que Mal preservaría esa certidumbre también en el mundo real, y que terminaría percibiendo éste como otra ficción. Una simple idea, bien intencionada, había madurado hasta el punto de agravar un trastorno mental con las consecuencias fatales que se aprecian en la película.

Los protagonistas a punto de sufrir una «patada acuática» que les inste a abandonar el mundo de los sueños.
FUENTE: https://filmadores.com/descarga-y-lee-el-guion-de-inception/

Resulta paradójico que un director tan acusado de hiper racionalista e intelectualoide como Nolan ponga como núcleo duro de los sueños, como capa más interior y fundamental, el corazón. Los sentimientos. Tal y como enuncia el propio Cobb:

“El subconsciente es motivado por los sentimientos, ¿cierto? No por la razón.”

Para Christopher Nolan lo esencial, la unidad fundamental que define al ser humano más allá de su racionalización lógica posterior a modo de auto justificación, es el sentimiento impulsivo e irracional que habita en nuestro subconsciente. Las emociones más primarias están en el epicentro de nuestra mente y sustancian nuestra esencia como seres conscientes, y por algo en ese núcleo lo que vemos desarrollarse en una historia de amor y pérdida que comienza rebosando felicidad y cariño y concluye desolada por la tragedia. Toda la planificación previa, toda la construcción de las reglas del juego que Nolan propone al espectador a modo de laberinto (ojo a la referencia que da Nolan a través de Ariadne y Cobb en cierto momento de la película) del cual tanto Cobb como el espectador deben salir respetando sus reglas, no son más que un pretexto para reflejar los inquietantes efectos en el subconsciente de la culpa que padece Cobb por considerarse responsable del suicidio de Mal. ¿Es el culpable? ¿Fue un inesperado efecto secundario de una buena decisión? Queda a juicio del espectador valorarlo.

El equipo

Leí recientemente una interpretación acerca de la naturaleza de los miembros de la banda de Cobb que me resultó curiosa, y que se superpone a la historia típica que se nos relata en pantalla donde cada personaje representa una habilidad específica requerida en toda agrupación de forajidos que se precie: engaño, planificación, diseño de mentiras, liderazgo, un rehén inconsciente, un experto tecnológico…

Esa peculiar interpretación establece que, además, cada uno de los miembros del «equipo de asalto» de sueños representa un papel dentro de la creación de una película. De ser así, tendríamos una impresionante referencia cinematográfica para cagarse: Cobb sería el director, Arthur el guionista, Ariadne la diseñadora de producción (cuidado con su referencia mitológica al mito de Teseo, donde Ariadna teje un hilo creado por su mente y sus manos que permite a Teseo abandonar el laberinto en el cual se halla el minotauro Mal que trata de impedir que lo abandone), Eames el actor interpretando los papeles que se le exigen y Saito representaría al productor-financiador.

FUENTE: https://www.bachilleratocinefilo.com/

El juego temporal y la dichosa peonza

Chris Nolan, que es un director inteligente y con cierto bagaje científico, sabe perfectamente que el tiempo es una variable dimensional igual que lo es el ancho o el alto del espacio; y consecuentemente ambos pueden ser alterados por fuerzas externas lo suficientemente intensas. En este caso no es la gravedad de un cuerpo supermasivo (el agujero negro Gargantúa de Interstellar) sino la propia consciencia humana la que puede distorsionar y modificar la realidad que construye; bien sea intencionadamente (sueño lúcido) o de manera intuitiva y mediada por impulsos a través del subconsciente. Y no sólo el espacio; sirviéndose de la articulación de diversas «capas» o pisos de realidad ficticia, la mente humana puede cambiar el discurrir natural del tiempo físico, haciendo que éste se ralentice más y más conforme penetramos en las insondables profundidades de la mente. Todo se va volviendo más impulsivo, hasta que finalmente sea posible naufragar dentro del Limbo; que no sería más que una metáfora de la incapacidad del ser humano para permanecer tanto tiempo en otra realidad de manera consciente y no resultar dañado en el proceso hasta el punto de no ser capaz de retornar al mundo físico. Un descenso a la locura en toda regla.

La secuencia en paralelo de las tres capas de sueño (una norma arbitraria pero perfectamente funcional) constituye una excelente representación de este fenómeno, y evidencia que Nolan no siempre necesita que los personajes se den información conversacionalmente para que el espectador comprenda lo que está sucediendo. Algo similar sucede con el sentimiento irracional de privacidad que se manifiesta incluso en nuestro propio subconsciente, y que se materializa en que cuando alguien comienza a hurgar en nuestro cerebro, a intentar modificar nuestras construcciones y recuerdos y, en definitiva, a interferir en nuestra mente, nuestra reacción es impulsivamente agresiva. Ese temor a que se conozcan nuestras emociones, deseos y necesidades más primarias, más consustanciales a nosotros mismos, se muestra con el comportamiento hostil de los habitantes de los sueños cuando detectan la presencia del invasor. No en vano:

“A nadie le gusta sentir que alguien más está fastidiando con su mente.”

Sí, ya vamos con la peonzita de los (piiiiiiiiii).

Indudablemente el final de Origen es uno de los más debatidos y controvertidos de su carrera. ¿Si la peonza no ha dejado de girar es porque Cobb sigue soñando y el happy ending no es tal? ¿Está el giro a punto de concluir cuando Nolan decide cortar el plano? Pues ni una cosa ni la otra.

Los tótems son figuras simbólicas pero con entidad real que los ladrones y exploradores de sueños llevan con ellos para poder determinar si continúan en el mundo onírico o han retornado a la realidad. Este nexo sirve como anclaje al mundo físico, y al igual que hace Mal en un momento de la película a modo de negación de la realidad (custodia su tótem en una caja fuerte porque ya no le importa si está soñando o no), Cobb efectúa una acción similar dejando la peonza sobre la mesa al llegar a casa.

Todo apunta a que Cobb ha logrado cumplir su misión y ha devuelto a todos a casa, pero tras tanta sucesión de capas de sueño y a haberse perdido en su propio laberinto, nada puede asegurar que el protagonista no siga recluido allí. No obstante, tras haberse visto capacitado para superar el trauma de Mal y dejarla ir, y haber podido contemplar de nuevo el anhelado rostro de sus hijos, a Cobb ya no le interesa todo ese constructo artificioso de los sueños y los recuerdos. La única realidad que desea vivir es la presente, y prefiere olvidar para siempre ese traicionero y complejo mundo interno del cerebro que, a modo de genio de doble filo, tan pronto te permite vivir en una maravillosa realidad paralela donde se cumplen todos sus deseos como te arrebata a las personas a las que más quieres y te incapacita para vivir en el mundo físico. Debemos aceptar la realidad en la que vivimos, y luchar para que ésta sea lo mejor posible junto a las personas a las que queremos y siguen con nosotros. La autocompasión es destructiva, y vivir en el pasado nos impide disfrutar del presente. Ése es el verdadero significado de Origen, y tal vez de nuestras propias vidas.

Un abrazo a todos, que paséis una genial semana y, como siempre, mucha salud y mucho cine.

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