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Una inevitable caída hacia el abismo

Bienvenidos todos una semana más a las críticas de Ricardo, vuestro chapas de cine favorito. Esta semana voy a comentaros mi opinión y análisis personal de la ópera prima del aclamado actor Viggo Mortensen. Falling es una película para la cual (os advierto desde un principio) estoy ligeramente sesgado a la hora de valorarla; y además de ello resulta especial para mí, por varias razones.

En primer lugar, mi visionado de la cinta coincidió con una sesión especial en versión original a la cual tuve el placer de asistir el pasado jueves en los cines Lys de Valencia (y en la cual estuvo presente el propio actor durante unos minutos). Los que me seguís ya sabréis que no soy demasiado aficionado a mencionar nombres concretos de ninguna sala de cine, pero considero que en unas circunstancias tan complejas y difíciles como las que nos ha tocado vivir este tipo de iniciativas tan inusuales merecen un pequeño empujón. Tal y como nos pudo mencionar el propio Mortensen durante su (tristemente) breve intervención, este tipo de productos independientes y destinados a un público más adulto y exigente tienen poco hueco en el estado actual de la industria. Incluso antes de que la desafortunada pandemia cambiase nuestras vidas para siempre, un actor dotado del prestigio y la incuestionable presencia mediática que ostenta Viggo Mortensen dentro y fuera de sus fronteras es incapaz de encontrar financiación y oportunidades de distribución con facilidad para presentar sus proyectos audiovisuales. Independientemente de que el debut de un director siempre es complicado y son comprensibles las reticencias por el posible resultado final, no deja de resultar una lástima que una película tan interesante como ésta, con un actor consagrado gozando de prácticamente todas las etapas creativas del producto, estuviese a punto de no estrenarse y muy probablemente vaya a pasar sin pena ni gloria por las devastadas salas de cine internacionales.

Viggo Mortensen es uno de los mejores actores de los últimos tiempos, y lo ha demostrado en papeles legendarios que han marcado un antes y un después en la historia del cine. Ahora se ha pasado a dirigir y guionizar. ¿Qué tal le habrá salido el experimento?
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En segundo lugar, Falling es una película que, entre otras cosas, invita a reflexionar al espectador sobre el impacto emocional que genera en una persona adulta el cuidado de sus familiares ya ancianos, con su mente dañada y degradándose día a día. Ésta es una experiencia que a muchos no nos es ajena en absoluto, y por tanto no me resultó excesivamente complicado empatizar con muchas de las situaciones y emociones que se originan durante el metraje del film. Tal vez ello pueda exacerbar mi percepción sobre esta película, y por tanto admito mi inmensa subjetividad en este sentido; pero en mi humilde opinión, creo que este tipo de productos son cruciales en la época en la que vivimos. Con unas sociedades occidentales mayoritariamente envejecidas, donde patologías asociadas a edades muy avanzadas como el cáncer, el Alzheimer o el Parkinson nos arrebatan cada año a millones de personas con seres queridos destrozados a su alrededor, hace falta desmitificar estos nexos familiares para hacerlos más realistas y que apreciemos en toda su dimensión el verdadero significado de estas pequeñas historias. Y de paso, que aprendamos a valorar lo que implica la paternidad, el amor incondicional a nuestros padres y la dificultad de gestionar una familia harmónica y unida.

Otro actorazo más que nos sorprende desde detrás de las cámaras

Caben pocas dudas de que Viggo Mortensen es uno de los actores más talentosos, ilustres y completos del panorama cinematográfico actual. Bien sea por representar a algunos de los personajes más icónicos de la historia del cine español e internacional (el Aragorn de El Señor de Los Anillos, Alatriste) o por representar el papel protagónico en algunas de las películas más interesantes de los últimos años (la soberbia y conmovedora The Road, Promesas del Este, Green Book, Captain Fantastic, Una Historia de Violencia…), el actor de origen estadounidense constituye un peso pesado en el cine moderno. Su decisión de asumir la dirección de un proyecto propio (como otrora hicieron otros actores como Clint Eastwood, Ben Affleck y Bradley Cooper) no deja de ser arriesgada, pese a que muchos le supongamos inteligencia y habilidad de sobra; y con Falling Mortensen ha decidido ofrecernos un proyecto muy personal, en el cual se encarga de muchas de las facetas del film (dirección, guión, banda sonora, coprotagonismo), y en cuyas responsabilidades no decepciona en absoluto.

El duelo interpretativo entre un fabuloso Lance Henriksen (por favor, que alguien le de un Óscar ya a este hombre) y el propio Viggo Mortensen alcanza su momento culminante en esta escena. Atención a ella, porque a más de uno se le pondrán la gallina de piel y las puntas de pelos.
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El control de multitud de recursos estilísticos y narrativos (destacando sus espectaculares encuadres y los elegantes flashbacks que vertebran el relato) por parte de su director es encomiable, y pese a que la mayor parte de ellos se repiten con frecuencia, no llegan a interrumpir el ritmo de la historia en casi ningún momento. Si bien es cierto que en algunos momentos puede parecer que la trama se ralentiza en exceso y que la historia del «presente» no termina de arrancar o de llevar a ninguna parte, en realidad la película está plantando los cimientos para trasladarnos a una catarsis final psicológicamente extenuante. Esa sensación existe, insisto, y sin embargo Viggo Mortensen logra subsanarlo con una destreza sobria y salpicada con algunas ideas muy interesantes (un diálogo que transcurre íntegramente a oscuras para transmitir más realismo, determinados momentos oníricos o de simulación de la mente distorsionada de su protagonista…) que funcionan con notable solvencia. Viggo no parece que vaya a ser un director centrado en ofrecernos la respuesta a todas las incógnitas que plantea, sino que muchas de ellas simplemente quedan a juicio y valoración del espectador.

La fotografía de Marcel Zyskind es austera en interiores (reforzando la sensación de intimidad y cotidianeidad que también transmite el guion) y deslumbrante en exteriores. La belleza de algunos de los parajes naturales que retrata alcanzan su clímax en una secuencia que transcurre en una playa, y que debo admitir que es una de las más hermosas y poéticas que he tenido el placer de presenciar en los últimos meses. El uso de los colores para expresar la identidad climática de cada región (colores vivos en California, tonos más azules y apagados en la granja de Lance Henriksen) también favorece la inmersión del espectador y la empatía con los personajes.

Dos corazones latiendo: uno de ellos se está apagando, el otro es testigo implacable de ese avance hacia lo inevitable. Otra de las escenas clave del film, que logra conferir al personaje interpretado por Lance Henriksen un toque de humanidad y compasión que le proporciona todavía más solidez dramática.

La banda sonora es preciosa e intimista en los instantes más contemplativos ; sensible y delicada en los momentos emocionalmente intensos; y en las situaciones tensas suelen ser los silencios los que se invaden los oídos del espectador para que éste pueda centrar toda su atención en el increíble trabajo de sus actores. Viggo Mortensen ha hecho un buen trabajo con la música, logrando composiciones que se integran perfectamente con el relato.

Un reparto descomunal impulsado por un Lance Henriksen de otro planeta

La presencia de Lance Henriksen (que interpreta al cascarrabias Willis) es omnímoda e imprescindible a lo largo de todo el film. Tanto el guión como él mismo construyen un personaje carismático, de personalidad hostil y una perspectiva sociopolítica muy conservadora. Su visión se halla muy próxima a la que se asocia a muchos conservadores extremistas estadounidenses (racista, homófobo, militarista, localista…), en contraposición a la mentalidad más progresista y tolerante de su hijo homosexual. Esta yuxtaposición de ideologías, ya muy vista en innumerables películas (mismamente en Green Book, donde era Viggo el que representaba valores opuestos), resulta aquí por momentos brillante y por otros excesivamente maniquea y estereotipada. Pese a ello, y más allá de que su personaje pueda resultar en ocasiones forzadamente despreciable, Lance Henriksen triunfa al mostrarnos prácticamente todas las facetas posibles de su personaje: le vemos en situaciones divertidas, tristes, melancólicas, bellas, intimistas, repugnantes o tensas; todas ellas representadas con un nivel de calidad interpretativa desmesurado. No resulta sencillo interpretar a un enfermo de demencia senil sin incurrir en la sobreactuación, pero aquí el actor nos obsequia con un trabajo equilibrado y portentosamente gestionado. Una de las mejores actuaciones de lo que llevamos de 2020 en películas, sino la mejor. Como detalle friki adicional que nadie ha pedido, Lance Henriksen aparece en el reciente videojuego de PS4 Detroit Become Human (interpretando a un afable pintor minusválido).

En cuanto al resto del reparto, prácticamente todos ellos rinden a un nivel sobresaliente (el desempeño de Viggo Mortensen como director de actores es más que destacable). El propio Viggo (John Peterson) demuestra por enésima vez que posee un control total de sus registros, pudiendo transformar a un personaje sosegado y benévolo en un manojo de nervios y sentimientos desatados de manera creíble y en milésimas de segundo. Pero si bien Mortensen mantiene un papel de coprotagonista a un excelente nivel y con gran química con Henriksen, no pueden menospreciarse la breve pero sublime aparición de Laura Linney como Sarah; el magnífico trabajo de Sverrir Gudnason como el joven Willis; y una Hannah Gross (Gwen) que se come la pantalla cada vez que se asoma y que articula un personaje crucial en la trama (especialmente en la obsesión vital que corroe a Willis). Cabe mencionar que el proctólogo que aparece en determinado momento del film con su dedo mágico solo podía ser uno de los directores más perturbadores del cine de fantasía y terror. Ahí lo dejo. Adivinen ustedes quién es (pista: le gustan mucho las moscas).

Mírales ahi, jugando a la pelota cerca de mi coche. Sería una lástima que alguien les atropellara…
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Una conmovedora (y dolorosa) historia de amores y odios

La historia de Falling, íntegramente elaborada por el propio Viggo Mortensen, apela directamente a los sentimientos. No realiza demasiadas concesiones a giros de guión o a incorporar elementos narrativos que eleven el nivel de complejidad, sino que todo el peso de la historia recae sobre sus personajes y los sucesos que van forjando sus respectivas personalidades. Pese a que, tal y como he mencionado previamente, algunos de los rasgos o discrepancias entre los personajes se hayan simplificado en exceso (claramente John asume el papel de chico amable y comprensivo, mientras que Willis es el padre egoísta, autoritario, despiadado e intolerante), la película brilla en varios momentos que logran cautivar con su realismo. Muchas de las discusiones entre los personajes, las situaciones familiares que experimentan y sus rencores o recuerdos nos son conocidos y verosímiles, de manera que casi cualquier espectador con cierta edad puede sentirse identificado con lo que les ocurre a los protagonistas de este dramático relato familiar. Precisamente por este motivo, cuando la historia transita por terrenos más exagerados y menos «creíbles» el contraste con su tono maduro y sobrio puede resultar chocante.

Personalmente me faltaron más escenas moralmente ambiguas para entender el aprecio tan incondicional de John hacia su padre, ya que mientras que en un principio Willis parece ser un padre duro pero digno de afecto, paulatinamente se va transformando en un individuo déspota, agresivo y despreciable que cualquier persona mínimamente sensata preferiría expulsar de su vida por mucho que sea su hijo, su hermano o su sobrino. No obstante, esta sensación se desvanece ligeramente si tenemos en cuenta algunas de las escasas escenas de la película donde se humaniza a este (todo hay que decirlo) también deslenguado y divertido personaje. Sin obviar, tampoco, que en la vida real, no es extraño conocer historias familiares donde se ama y apoya a personas que no parecen merecerlo en absoluto.

El tortuoso amor de Willis hacia su mujer Gwen es un trauma que le impide seguir adelante, y que saca a relucir todos sus errores y fallos. FUENTE: http://www.nosolocine.net/

A pesar de que tendremos diálogos hilarantes y otros de puro romanticismo, la mayoría de los conflictos emocionales entre los personajes son desgarradores y dolorosos, y están tratados con un enfoque pretendidamente trascendental pero mundano. No veremos aquí grandes disquisiciones filosóficas ni conceptos abstractos, sino más bien inquietudes que de una manera u otra nos hostigan o terminarán hostigando a todos: el miedo a la muerte y la vulnerabilidad que le acompaña (perfectamente ilustrado con la primera frase que Willis le dice a su hijo recién nacido), el enfrentamiento entre las dos «Américas», la xenofobia, la intolerancia sexual, las relaciones paternofiliales tormentosas, la crianza de los hijos, las relaciones amorosas frustradas, el machismo… Resulta llamativo que en una historia tan aparentemente sencilla (la sinopsis de la historia puede resumirse en que el piloto de las Fuerzas Armadas Will recibe la visita de su anciano padre Willis, cuyos síntomas de demencia y su indómito carácter despiertan antiguos reproches, traumas y discrepancias familiares) se puedan tratar tantos asuntos y con tanta delicadeza e inteligencia como demuestra Viggo Mortensen.

Pese a que la película no es excesivamente larga (112 minutos), su ritmo lento y pausado y el hecho de que la historia parece estancarse en su parte media debido a la incesante presencia de los flashbacks puede hacer que ésta se haga demasiado cuesta arriba en su tercio final. No obstante el montaje es inteligente, y sabe situar las secuencias tensas o las escenas de catarsis en momentos estratégicos para que esta sensación no dure demasiado tiempo; por lo que finalmente tenemos una historia compacta y resuelta con un desenlace redondo que no por ambiguo deja de resultar coherente con el tono, la construcción de personajes y las obsesiones que abruman a su protagonista. Si algo debe recordarnos esta película es que pocos sentimientos son tan dolorosos como el hecho de ver envejecer y deteriorarse a las personas a las que queremos, y que debemos procurar cuidarlas y dejarlas vivir del estilo y la manera que ellos deseen; aunque realmente nosotros pensemos que podrían estar mejor o ser más felices de otra manera. Larga vida a un imperial Lance Henriksen, a un prometedor Viggo Mortensen director y a todas aquellas personas que han marcado nuestras vidas. Feliz semana a todos. Mucha salud y mucho cine.

VALORACIÓN: 8,5

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