FUENTE: https://www.aullidos.com/

LA NOCHE MÁS LOCA DEL AÑO

El cine de estreno todavía puede depararnos sorpresas, pese a que la pandemia haya devastado este maravilloso sector junto a muchos otros. Fui a ver estas películas sin demasiadas expectativas, receloso de la participación de Mario Casas (digamos que no soy demasiado fan de este actor) y con la esperanza de que al menos la película me resultara curiosa. Y ya os anticipo que es algo más que eso. Mucho más.

Mario Casas de protagonista, una producción nacional de no muy elevado presupuesto, metraje ajustado para un thriller…la película no prometía demasiado. Y como buen cinéfilo, aquí vengo a tragarme mis propios prejuicios.
FUENTE: https://www.fotogramas.es/

No matarás es sin lugar a dudas el thriller español por excelencia de lo que llevamos de año (si no contamos la portentosa miniserie Antidisturbios), y una de las películas más impactantes, intensas y artísticamente llamativas que he podido ver últimamente en una sala de cine. Su director David Victori (completamente desconocido para mí) se erige como uno de los nuevos talentos más prometedores de la escena europea actual, con una puesta en escena salvaje y valiente que derrocha creatividad y buen gusto cinematográfico apoyándose en referencias estéticas (Drive, Good Time) y argumentales (¡Jo, que noche!, y demás películas donde una noche aparentemente apacible empieza a embarullarse y a acumular catástrofes una tras otra) para despuntar con su propio estilo. Imprevisible, frenética, repleta de situaciones incómodas que te pondrán al borde del asiento en más de una ocasión, No Matarás reúne todos los ingredientes de un buen thriller urbano dotado de cierta profundidad psicológica. Y no ha sido necesario trasladarse a Nueva York o a los Ángeles, ni recurrir a pesos pesados de Hollywood: sobra y basta con Barcelona y con un estelar Mario Casas.

Imprevisible, frenética, repleta de situaciones incómodas que te pondrán al borde del asiento en más de una ocasión, No Matarás reúne todos los ingredientes de un buen thriller urbano con profundidad psicológica.

Una dirección impecable para una magnífica ambientación

Lo primero con lo que nos recibe No Matarás es con un inmersivo plano secuencia de Dani, el protagonista, yendo a comprar unos cigarrillos para su padre enfermo (al que lleva años cuidado en su casa); con eso, y con un formato de imagen recortada que incrementa la sensación de opresión y encierro en la que habita el personaje de Mario Casas. Se me ocurren pocas maneras más eficaces de hacer que empaticemos con él desde un comienzo, y de paso que el director nos demuestre que no es ningún aficionado y que sabe perfectamente lo que se hace. David Victori se gusta cuando puede alargar los planos y emplea este recurso de seguir al personaje de Dani en varios instantes del film, pero no se queda en una mera repetición de este recurso estético; muchos planos medios y primeros planos (imprescindibles para profundizar en el descenso a los infiernos que experimenta su protagonista), planos detalle realmente relevantes para el desarrollo de la trama, volteos de cámara para evidenciar el momento en el que su vida da un vuelco por completo…la galería de mecanismos de la que se sirve el director es muy extensa, y lo mejor es que sabe utilizarlos para narrar con eficacia y eficiencia (la película se ajusta a unos 92 minutos de duración que incluso saben a poco).

Mario Casas despliega aquí un arsenal de recursos interpretativos que callará muchas bocas. Sin duda es su mejor papel. y en el que más desatado y cómodo (paradójicamente) le he visto desde que ha comenzado a participar en proyectos cinematográficos de cierta entidad. FUENTE: https://www.diarimes.com/

Y si el trabajo tras las cámaras es imprescindible para sumergirse en la historia y hacer que el espectador se vea absorbido por su tétrica y decadente atmósfera (la secuencia de la huida de cierta casa es simplemente portentosa), no es menos valiosa la destacable labor de fotografía acometida por Elías M. Félix. La mayor parte del film transcurre de noche, y es aquí cuando el juego con la iluminación (los neones, el alumbrado público y el uso de la oscuridad como mecanismo que sirve a la vez de protección y de metáfora de su propio estado mental al personaje de Mario Casas) y el retrato de una Barcelona amenazadora y peligrosa para el espíritu inocente de Dani son de una destreza admirable. También contribuye a ello el notable uso de los desenfoques y de la imagen borrosa, que contrastan con la viveza de la paleta de colores predominante (violeta y rojo sangre, ambos premonitorios de muchos de los sucesos que observamos a lo largo de la cinta).

Otra de las sorpresas del film es la interesante banda sonora compuesta por Adrian Foulkes y Federico Jusid. Aparte de un juego con la música y los auriculares como estrategia psicológica de desconexión y aislamiento de una sociedad que perturba al protagonista (no pude evitar acordarme del personaje de Ansel Elgort en la genial Baby Driver), los temas originales aportan una capa adicional de suspense, inquietud y adrenalina que le viene de lujo a la película. Con una base electrónica que recuerda a las composiciones de músicos como Tyler Bates y Olivier Arson, con una sincronización casi perfecta con el acelerado ritmo del film (puede que comience suave, pero va sumiéndose en un in crescendo agotador para el protagonista y para el espectador), recurre también al volumen (atronador en momentos de intensidad emocional o en secuencias de acción, tenso y martilleante en las secuencias previas o posteriores) construyendo una manera muy compacta de unificar imagen y sonido para que trabajen simultáneamente sin disonancias de ningún tipo. A resaltar también el tema original interpretado por Macaco y Babi («Me matarás»), que nos recuerda la truculenta y tóxica relación entablada entre Mario Casas y la revelación actoral de esta película: Milena Smit.

Mario Casas y Milena Smit desencadenados

«Que sí, que soy muy buen chaval. Mírame, si no he roto un plato en mi vida. Soy tan majo y sensible…».
Por fin le queda convincente ese papel.
FUENTE: https://www.hola.com/

Mario Casas es un actor que ha sido sistemáticamente denostado no únicamente por su participación en films juveniles de dudosa calidad o series de televisión entretenidas pero poco exigentes; sino también por sus aparentemente limitadas habilidades interpretativas. Dicción deficiente, tendencia a terminar la película con poca ropa, expresión casi permanente de guaperas sobradete…un estigma que ha perseguido al bueno de Mario durante toda su trayectoria, y del cual lleva bastantes años ya intentando desprenderse. Y si bien lleva una racha estimable, encadenando varios trabajos nada desdeñables, es su papel en esta película como el joven Dani el más destacable y meritorio que le he visto realizar en ninguna de sus actuaciones previas. Empieza contenido, como un chico apacible y solícito que se niega a abandonar la monótona rutina en la que habita desde hace mucho tiempo; y paulatinamente va adquiriendo un carácter más instintivo, dando rienda suelta a sus impulsos más atávicos y manifestando una apasionante dualidad (su personalidad benévola y tímida en permanente conflicto con el ser irracional y violento en el que se está convirtiendo). Esta tortuosa senda de autodestrucción, que es simultáneamente de liberación personal tras una vida dedicada al cuidado de una persona en creciente deterioro (un tema muy recurrente en el thriller y el drama independiente de los últimos años), permite a Mario Casas manifestar estallidos de rabia o de arrepentimiento que resultan admirables. En todas las facetas de su personaje convence, y cuando el guion le exige para 7 él actúa de 9. Así que pocas pegas se le pueden poner a su trabajo aquí. Aquí no tendremos titubeos, actitudes chulescas ni falta de buena pronunciación. Solo puro talento. Mis «dieses» para él.

La que sí sorprende (excelente el trabajo de casting con esta chica) es Milena Smit (Mila). Interpreta a una chica decidida, impetuosa y bastante «loquilla» de la cabeza que logra embaucar a Dani con su enorme carisma (y sus atractivos físico y personalidad), y que será el detonante de la turbia trama principal del film. Su presencia en pantalla es imponente, y la química entre ella y el personaje de Mario Casas es incuestionable. Pese a las aristas y defectos de su personaje, logras empatizar con su situación (hasta cierto punto de no retorno), hasta el punto de que durante su ausencia en pantalla se echa de menos que participe más en el metraje. Su papel de «femme fatale« de los suburbios (no sólo en aspectos visuales está la película impregnada de esencia neo-noir) es cautivador y conquista. Un exitazo. El resto del reparto cumple, pero sin estridencias (tal vez Elisabeth Larena sea la más destacable).

La relación entre estos dos personajes es compleja y determinante para el desarrollo de la historia. Además de constituir los dos pesos pesados actorales del film con mucha diferencia.
FUENTE: http://topcultural.es/

Una historia de violencia y decisiones equivocadas

La premisa de No Matarás parece sugerir unos derroteros argumentales que después terminan discurriendo por caminos muchos más tortuoso y adrenalínicos de lo esperable. Dani es un chico responsable y generoso que lleva años cuidando a su padre enfermo, sacrificando su vida y su libertad al bienestar de su progenitor. Cuando éste fallece, Dani acepta reticentemente su nueva condición de persona independiente y liberada, y decide emprender un viaje que le cambiará la vida. Pero no es el tipo de viaje que él o su hermana esperaban, y Dani se ve involucrado en situaciones que van a poner a prueba sus capacidades y su instinto de supervivencia.

El guión de No Matarás se ve respaldado fundamentalmente por un sentido del ritmo sensacional. La película comienza pausada, presentando a su protagonista y su entorno familiar y laboral en un segmento del film que más parece aproximarse al drama familiar que al thriller; para después despegar con una tensión creciente e incesante que estalla en un clímax final demoledor (y deliciosamente ambiguo). No puede omitirse, sin embargo, que la mayor parte del entramado narrativo del film se sustenta en decisiones erróneas por parte de su protagonista; decisiones que no siempre son comprensibles (de hecho, algunas de ellas resultan cuanto menos cuestionables). Mientras que algunas de ellas pueden parecer precipitadas o directamente estúpidas, la inmensa mayoría de ellas deben entenderse en el marco psicológico de un joven habituado a una vida monótona y casi recluida, sin apenas contacto con el peligroso mundo nocturno de la gran ciudad, que de repente se ve involucrado en circunstancias extrañas que escapan a su control y que le exigen hacer frente a su timidez e indecisión inherentes; todo ello sin hablar del consumo de ciertas sustancias que alteran razonablemente su juicio. No es excusable que el personaje de Dani sea capaz de enfrentarse a ciertas situaciones peliagudas con excesiva destreza, ni que se decida a ponerse en peligro gratuitamente; pero en este tipo de thrillers es necesaria cierta suspensión de la incredulidad si no queremos salir de la película y no volver a entrar en ella hasta los créditos finales. Soy capaz de empatizar con todos aquellos que no hayan podido admitir estos saltos de fe puntuales; pero desde mi perspectiva personal creo que ni estos elementos condicionan el disfrute de la película hasta el punto de que lleguen a superar a sus virtudes narrativas, ni por supuesto puede basarse el rechazo a esta película únicamente por determinados patinazos en su guion (siendo formal, actoral, rítmica y sonoramente impecable).

Ahí ahí. Píntame como a una de tus chicas francesas.
FUENTE: http://www.elsoldeantequera.com/

La película aborda temas complejos como la inestabilidad emocional, las consecuencias de consagrarse demasiado al cuidado de otra persona y descuidar el bienestar propio, los límites de la lucidez humana, las implicaciones de desatar nuestros instintos más primarios para sobrevivir o experimentar sensaciones placenteras, la transformación psíquica de un hombre benigno y plácido, las relaciones tóxicas… La película tiene cierto aroma a clásicos del thriller psicológico como El Maquinista, American Psycho, La Casa de Jack, Taxi Driver, Joker o La Broma Asesina de Alan Moore; de hecho es en este último, en el cómic, donde veremos una reflexión que comentaré brevemente en la sección de SPOILERS y que se ajusta notablemente a lo que contemplamos en No Matarás.

En definitiva, No Matarás es un interesantísimo y recomendable thriller, con un ritmo endiablado y muy bien medido, una dirección espectacular, una banda sonora y fotografía a la altura y unos Mario Casas y Milena Smit que se echan la película a las espaldas y nos ofrecen interpretaciones dignas de un Goya. Puede que su guión presente algún traspiés concreto y que algunas situaciones lleguen a resultar inverosímiles, pero de esto justo trata la película: de cómo a raíz de decisiones aparentemente inofensivas tomadas consecutivamente se puede torcer la vida de un chico normal e ingenuo. De lo mejor que veréis este año en cines, con un nudo tremendamente entretenido y un final imprevisible y de los que hacen merecen la pena del trayecto recorrido. Mario, te prometo que no volveré a dudar de un proyecto sólo por verte inmiscuido en él. Más bien todo lo contrario.

Mario Casas viendo como mi opinión sobre sus dotes interpretativas se la suda.
FUENTE: https://www.antena3.com/

VALORACIÓN: 8.75

TRAILER:

¡¡¡¡¡SPOILER ALERT!!!!!! ¡¡¡DANGER!!!

Y vamos allá con un poquito de destripe. Básicamente consideraba necesario dar mi opinión sobre el final, que tal vez sea de lo más controvertido (y por tanto interesante) del guión de esta película. ¿Mata Dani a la terminal Mila, o decide dejarla vivir? Mi interpretación del film, basada en el criterio de mis coj… en mis impresiones del desenlace y en una tesis que expondré a continuación, es que Dani la mata para librarse del último cabo suelto y consumar su espiral de deterioro físico y psicológico.

Por un lado, tenemos la secuencia final. Dani se infiltra en el hospital (sospechosamente fácil, todo hay que decirlo) e irrumpe en la habitación donde yace Mila. Al hacerlo se detiene, reflexiona, se mira a sí mismo en el espejo, y es repentinamente consciente de en qué se ha convertido y que está a punto de tomar una decisión que terminará de cerrar el círculo de malas decisiones en el cual se ha metido sin comerlo ni beberlo. Ese último primer plano de su rostro ensangrentado, de furia y tristeza reprimidas, con lágrimas fluyendo por su maltratado rostro y la música subiendo de volumen en reflejo de su creciente presión y ebullición mental, parecen revelar que Dani se está debatiendo con el último hilo de cordura que le queda. Y las lágrimas son su asimilación de que no hay marcha atrás, y que ha de abrazar el monstruo en el cual se ha convertido. Ese último suspiro final de Mila (que, recordemos, está prácticamente en coma y es incapaz de respirar por sí misma), me resultó muy similar a un último aliento: la expiración final. Dani la ha desconectado, o la ha asfixiado, y lo que oímos es su última exhalación.

El perturbador viaje casi iniciático que experimenta el protagonista de esta truculenta historia de malas decisiones y mala suerte encadenadas entronca con esa premisa que tan brillantemente expuso Alan Moore en su cómic La Broma Asesina:

«Todo lo que hace falta es un mal día para reducir al hombre vivo más cuerdo a la locura.»

Ni en el caso de esa inusualmente genial historieta de Batman ni en esta película sabemos si su protagonista termina corroborando (o no) este argumento con sus actos, pero desde luego las penurias y calamidades por las que Dani se ve exhortado a navegar le transforman plenamente hasta el punto de que su personalidad otrora taciturna, risueña y amable parezca haberse desvanecido por completo. Lo que vemos es un hombre asustado, implacable, violento e impulsivo, capaz de hacer cualquier cosa para sobrevivir (apreciamos un destello del Dani con posibilidad de redención cuando le explica a su hermana que considera que lo mejor y más honesto es entregarse, pero su hermana le disuade creyendo que Dani será capaz de convivir tranquilamente con la mentira sin ocultar antes todas las pruebas incriminatorias en su contra), sin pensar en las repercusiones de su conducta. Un loco de toda la vida, vamos. Una sola noche, repleta de casualidades desafortunadas, ha bastado para que un joven normal se transforme en un animal impetuoso y violento. ¿Hasta dónde seríamos capaces de llegar para sobrevivir? Ahí os dejo la reflexión. Feliz semana, mucha salud y mucho cine 😘.

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