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La montaña olvidada

Unos pasos resuenan en las gruesas paredes del Palacio. Un ser con apariencia humana se dirige a la sala principal sin prisa aparente. Cuando llega, abre la puerta y se dirige a todo el mundo.

– Pero bueno, si estamos todas reunidas hoy aquí, ¡qué sorpresa! -dice con ironía-.

Seis cabezas se giran hacia su lugar y una de ellas replica.

– Amarillo, ¡no permitimos que hables con ese tono! -amenaza una mujer con distintos colores rojizos-.

– Qué, ¿me vas a apagar? -pregunta con risa-.

– ¡Ya basta! -la sentencia de la mujer de colores blancos y negros asusta a las demás-.

– Estamos aquí para un tema más importante -dice la mujer de cabellos rosados-. Varias colonias de Cyan y Verde están teniendo problemas con unos rebeldes -explica con tono tranquilo-.

– Hemos desplegado seguridad para encontrar a los culpables, pero estas colinas son muy angostas -relata la mujer de largos cabellos verdes-. Necesitamos que os mantengáis en alerta por si la rebelión salta a vuestras colonias y cooperar -termina diciendo Verde-.

– ¿Por qué tenemos que pagar las demás la ineptitud de estas incompetentes? -pregunta la de cabellos azules-. Hemos creado un sistema perfecto durante más de dos mil años, ¿qué os ha pasado para permitir esto? -les pregunta de manera directa-.

– Azul, sabes perfectamente que las colonias en el círculo exterior son más susceptibles al levantamiento a causa del contacto humano -se excusa la peliverde-. 

– Blanco, he trabajado muy duro para crear un sector perfecto -comienza diciendo Amarillo dirigiéndose a la mujer sentada en un pedestal-. Lo he hecho por ti, porque sé que Cael dejó la responsabilidad a la más capacitada -se escucha dolor en su discurso-. Por ello, te pido que seas justa. No dejes que se salven sin ningún castigo. Todas tenemos contacto con los humanos y nuestras colonias sirven al Palacio -acusa mientras señala a las aludidas-. No pienso permitir que mis colonias puedan ser dañadas por culpa de estas dos y que encima no tengan represalias -dice con enfado-.

– Vamos a mantener la calma -dice Rosa-. No sigamos con las acusaciones porque no nos llevará a ningún lado -comenta con serenidad-. Yo estoy dispuesta a mandar parte de mis tropas a la región de Cyan para ayudar. Pero solo si vosotras cooperáis también -sentencia la de la pálida tez rosada-.

– ¡Pero…! – la de ropajes azules es cortada por Rojo-.

– Azul, debemos hacer un esfuerzo -empieza diciendo-. Verde fue la última en aparecer porque su sector no requería de administración, es menos experimentada -dice Rojo-.

– ¡Vale!, haré lo que Blanco decida -termina diciendo Azul a regañadientes-.

– Bien, voy a dictar la orden final -empieza diciendo la líder-. Cada una aportará el número de tropas que le sea factible y se pueda permitir sin que se altere el equilibrio en sus sectores -se dirige a Rojo-. Dicho esto, Rojo, tú llevarás las tuyas a la frontera de Amarillo -se dirige a Rosa-. Rosa, llevarás tus tropas a la frontera de Azul y Azul al territorio de Cyan -dice dirigiéndose a Azul-. Y por último, Amarillo, llevarás tus tropas al sector de Verde -termina diciendo mientras mira a Amarillo-. Así podremos contraatacar sin que huyan a ningún otro sector -sentencia Blanco-.

– ¡De acuerdo! -dicen todas al unísono-

Acto seguido, todas empezaron a salir del Palacio menos Rosa. Ella siempre ha tenido un vínculo especial con Blanco y poseen mucha confianza la una con la otra. Por ello, Rosa es de las pocas Luces que pueden «perderle» esa autoría y respeto a la hora de hablarle. Blanco levanta la mirada hacia la pequeña volteando los ojos, esto hace reír a Rosa quien se sienta en uno de los escalones del trono.

– No sé cómo puedes aguantar tanto, Blanco -comienza diciendo Rosa-. No entiendo su comportamiento, ¿qué ganan tratándose de esa manera? -pregunta medio indignada-. Deberíamos estar unidas, Cael lo querría así.

– Lo sé, Rosa. Creo que intentan dar una visión de perfección para mí, así me sentiría más orgullosa -dice Blanco girando la cabeza hacia la ventana-. En cierto modo, es como si lo hicieran con él -se levanta y va hacia el cristal-. Le debemos tanto y le damos tan poco -relata con tristeza en su voz-. Siempre me levanto cada día mirando el amanecer, esperando ver su silueta volver del Reino de los Espíritus. Ansiando de que por fin se haya encontrado de nuevo -dice mientras abre la ventana dejando entrar el frío viento de la montaña-.

– Uff…- Rosa se tapa sus brazos expuestos con su capa de color de loto-. Blanco -comienza a decir-, no te culpes de algo que no se pudo evitar haciéndolo personal -le agarra del hombro como puede, la diferencia de tamaño es algo evidente-. Todas lo hacemos por él y por ti. Queremos que os sintáis orgullosos -dice mientras la mira a los ojos y le agarra del mentón-. No hemos conquistado y preservado los territorios del Antiguo Reino por nada. Sin embargo, ¿cuánto más crees que podemos seguir en la sombra de la humanidad? -pregunta con miedo- Nuestro territorio es considerablemente grande como para seguir ocultándonos de ellos.

– Rosa, no te preocupes, de verdad -intenta consolar a la pequeña-. No sé decirte con seguridad que será de nosotras, pero -le acaricia la mejilla-, debemos permanecer más unidas que nunca, todas -dice con seguridad-.

– ¡No, Blanco! -se aleja de la mayor- ¿De verdad que no lo entiendes? -pregunta un tanto desconcertada-. Toda esa «unidad» nos está separando. Por eso Verde y Cyan tienen rebeldes, porque han intentado imitarte, han abusado del control y del orden. Eso no es equilibrio, Blanco -le da la espalda-. Amarillo pronto tendrá problemas también. Abusan de la represión -la mira-. Es nuestro deber cambiar para mirar hacia el futuro, asegurar estas tierras. Nuestros habitantes miran con envidia la libertad de los humanos -habla con dolor-. Nos estamos separando y la actitud de Amarillo lo refleja.

– Tienes razón, pero no es tan fácil. Debemos mostrarnos como una autoridad, no como las amigas de todos. Somos seres de respetar -le dice-.

– Crees saber cómo se sienten las demás -chistea- pero, ni siquiera sabes cómo te sientes tú.

Rosa sale de la habitación dejando a Blanco dolida con ese último comentario. En el fondo sabe que tiene razón, pero no sabe cómo cambiar.

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