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CIUDADANO KANE: PARTE 2

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MANK: LA HISTORIA DENTRO DE LA GRAN HISTORIA

Al fin ha llegado a la plataforma Netflix uno de los estrenos más esperados del año: Mank, del influyente y sin duda talentoso director David Fincher. El creador de grandes obras imperecederas del cine contemporáneo como El Club de La Lucha, Zodiac, Seven o La Red Social se adentra en esta ocasión en el que probablemente sea su proyecto más arriesgado y personal: el proceso de gestación del guión de una de las películas más influyentes de la historia del cine como es Ciudadano Kane. Tras haberle dado caña convenientemente a semejante coloso, esta vez toca corroborar si Fincher le ha hecho justicia a su propio prestigio, y a la vez si ha logrado transmitir al menos una pequeña parte de la inmensa frescura que aportó la película cuyo libreto conforma el epicentro (y oportuno mcguffin ) de esta Mank. ¿Estará a la altura? Bienvenidos una semana más al rincón cinéfilo más sexy, reflexivo y libre de cuñadismos (😜) de todo Internet.

Tú, friki del cine. Échale un ojo a esta crítica que vamos a hablar de una de las pelis del año. Deja un ratito de ver Gambito de Dama, que ésta vez toca hablar de cine viejuno y a la vez moderno.
FUENTE: https://elpais.com/

Homenaje a dos padres

Sí, no se me ha ido la olla todavía (más de lo que acostumbro, que ya es bastante para los que me conocéis). Mank es una película muy especial, notablemente singular, de las que ya prácticamente no se hacen. Y no sólo porque sea en blanco y negro o parezca tener decorados de los años 40, sino que además se erige como una de las más hermosas, genuinas, verosímiles y elegantes cartas de amor a dos padres que se ha hecho en mucho tiempo.

El primer padre al que hago referencia es al propio progenitor de David Fincher, Jack Fincher. Ilustre publicista (y alguna otra profesión que probablemente desconozca), destinó gran parte de su vida a elaborar el guión de esta Mank. Pese a ver frustrado su sueño de ver con sus propios ojos la película estrenada en cines, su hijo David nunca desistió ni se limitó abandonar el proyecto. Desde su brillante película The Game (1996) el director estadounidense ha intentado consumar el anhelo de su padre, y finalmente se encontró con la receptiva Netflix (que también ha respaldado otras obras impulsadas por este mismo director, como la genial Mindhunter y la interesante Love, Death & Robots) para encontrar finalmente un mecanismo que le permitiera producir y financiar el que posiblemente sea su proyecto más exótico e inclasificable desde El Club de La Lucha. David Fincher siempre se ha caracterizado por su marcada identidad visual y la originalidad de casi todos sus proyectos; por lo que verle inmerso en una historia ideada por otro miembro de su familia y que se halla tan repleta de homenajes y referencias estéticas e históricas no deja de resultar tremendamente llamativo.

De primeras esta película puede parecer pretenciosa, cultureta y excesivamente academicista. Pero si recordamos que su director es David Fincher, uno de los mejores directores de thrillers e intrigas de los últimos años y auténtico especialista en meternos la tensión en el cuerpo, la cosa cambia. Y sin duda la película, aunque menos que la mayoría de sus otras obras, logra mantener el interés de la carrera contra el tiempo que propone.
FUENTE: https://www.theverge.com/

El segundo padre al que Mank reverencia en este film es el cinematográfico (sí, lo sé, ha quedado un poco pedante. Lo siento. Me he equivocado y no volverá a ocurrir). No en vano, Ciudadano Kane es una de las mejores y más relevantes películas de la historia. Con ella cambiaron muchas cosas en Hollywood, e hizo progresar al cine adulto de estudio hasta alcanzar las cotas casi inexpugnables que ha logrado desde entonces. Gran parte de los films contemporáneos no serían lo que son sin todas las innovaciones, ideas, riesgos, perfeccionamientos y recursos que vertieron Orson Welles y su tristemente olvidado guionista Herman Mankiewicz en aquella película; y David Fincher, con la creativa modestia que define a uno de los directores indispensables para comprender el cine moderno, nos trae con Mank un bello y realista retrato de las vivencias personales que condujeron a que Herman Mankiewicz concibiera uno de los guiones más ambiciosos, imperfectos e impactantes de la Edad Dorada de Hollywood.

El Fincher más clásico y emotivo

Mank desprende un descomunal respeto y admiración por la historia del cine, y gran parte de la “culpa” del detallismo exacerbado de esta película es responsabilidad de su director. Fincher se esfuerza con ofrecernos un producto que parezca haber sido hecho en los años 30 o 40 del siglo XX, pero con abundantes dotes de frescura e identidad propia que suelen ser especialidad de la casa. Pese a que en este caso resulta más evidente su tendencia hacia la primera vertiente (la del homenaje a una época, a la profesión de guionista y al propio Herman Mankiewicz), no se puede negar que la película está brillantemente dirigida. La planificación de cada escena (no abunda el plano americano como en Ciudadano Kane, pero Fincher mantiene y refuerza otros enfoques presentes en Ciudadano Kane como son los planos picados y contrapicados) es sensacional; el uso de efectos propios del cine clásico como son el zoom, los desenfoques, las transiciones marcadas y los primeros planos está sabiamente escogido; los propios títulos de crédito, los planos largos o breves planos secuencia se hallan exquisitamente rodados; y todavía nos quedan por enumerar algunos detalles fascinantes como son su espectacular narrativa visual, la utilización del flashback a moto de metacine que nos evoca a la propia Ciudadano Kane (de hecho la propia estructura de guión y de montaje es un descomunal homenaje a esta película), la riqueza de detalles que se aprecian en cada escena, sus soberbios encuadres, juegos de cámara con la perspectiva del espectador… A Fincher no le hacen falta virguerías tecnológicas para demostrar que es uno de los directores con mayor elegancia e impacto visual que existen en la actualidad.

Casi cada plano de Mank podría ser perfectamente un cuadro retro.
FUENTE: https://www.diezminutos.es/

Y como perfecto acompañamiento a la magnífica labor de dirección de Fincher se encuentra la espléndida fotografía de Erik Messerschmidt. El trabajo con el blanco y negro (pese a no gustarme demasiado porque se pierde el progreso de muchas décadas conseguido con el lenguaje de los colores) es impresionante, y alcanza unas cotas de detalle y de definición que permiten introducir algunos elementos puramente digitales o algo más artesanales con sutileza y sin que desentonen en absoluto. La utilización de la luz en este film es, igual que en Ciudadano Kane, excelente (aunque en Mank se nota menos saturado y más natural); y permite tanto a Fincher como a Messerschmidt oscurecer o iluminar la gama de negros, grises y blancos (variar el contraste de la imagen); ello sirve a propósitos estrictamente narrativos o estéticos, según el género al que se está referenciando o la parte de la trama que se está desarrollando. Junto a Roma de Alfonso Cuarón y El Faro de Robert Eggers, constituye uno de los pocos ejemplos modernos de cine en blanco y negro bien hecho y que sabe cohesionar el estilo clásico (hasta han introducido efectos de celuloide antiguo en postproducción, los muy frikis) con las capacidades de procesamiento de imagen de las que disponemos hoy en día. Viendo Mank me parecía haber retrocedido a esos años, y estar contemplando realmente una historia que estaba transcurriendo en los años 30 dirigida prácticamente en esos mismos tiempos. Resulta fascinante que una película logre transmitir tantas emociones sólo recurriendo a unas pocas tonalidades.

No obstante, sería injusto no mencionar que también a ello contribuye su gloriosa ambientación histórica. Resulta abrumadora la meticulosidad que se ha dedicado a diseñar vehículos de época, confeccionar el vestuario y construir paisajes urbanos y campestres donde el mundo del cine y de los rodajes está presente de manera casi constante; bien sea a través de escenas muy bien acondicionadas en el interior de los estudios de rodaje, bien mediante la inclusión de secuencias que transcurren en mitad de la grabación de películas y que recrean con un escrupuloso nivel de detalle todos los aparatos, estrategias y técnicas de la época. Pese a ello, no todos son virtudes en este apartado; la película exhibe problemas con el maquillaje, ya que esencialmente no se ha sabido manejar con inteligencia para mostrar el transcurso del tiempo y el envejecimiento de los personajes. Este fenómeno es especialmente llamativo sobre todo si tenemos en cuenta que ya la Ciudadano Kane original hizo un uso ejemplar de un maquillaje mucho más rudimentario y artesanal que el actual, y se muestra particularmente evidente en el caso del propio protagonista Mank. Pese a la portentosa interpretación de Gary Oldman (que describiré más pormenorizadamente después), no termina de encajar la edad que supuestamente tiene el personaje con la que muestra el actor (a todas luces demasiado mayor para el papel). Lo compensa con su magistral trabajo actoral y con un tratamiento de las relaciones amorosas poco físico y más espiritual (ya que todas las mujeres relevantes en la vida de Oldman están interpretadas por actrices mucho más jóvenes que él), pero puede desconcertar al espectador e incluso resultar confuso narrativamente hablando apreciar cómo el Herman Mankiewicz de los años 30 (donde debería rondar la treintena) parece un señor casi de mediana edad; que conforme progresan los años no parece envejecer ni se percibe ningún cambio físico ostensible en él; y que cuando redacta el guión de Ciudadano Kane aparenta tener los 62 años del propio actor. Podría haberse adoptado la decisión creativa de que Man estuviese tan deteriorado por el alcoholismo que los personajes le percibieran muy desmejorado todo el tiempo e hiciesen referencia expresa a ello durante el relato, pero ésto no ocurre. Y es un fallo que puede hacer complicada la inmersión del espectador en la trama.

Gary Oldman nos regala una de las mejores y más carismáticas interpretaciones de su carrera. Se nota que se lo ha pasado pipa representando al pintoresco Herman Mankiewicz, porque da gusto verle en tantas situaciones diferentes.
FUENTE: https://www.fotogramas.es/

Y todavía nos queda hablar de otro ingrediente esencial que refuerza la ambientación del film: su extraordinaria banda sonora. Compuesta por Trent Reznor y Atticus Ross, nos traslada perfectamente a los años 30 y 40 y al cine de aquella época (fundamentalmente al cine negro de la productora RKO, y en algunos momentos puntuales a la propia música que elaboró Bernard Herrmann para Ciudadano Kane). Instrumentos de viento, de cuerda (sobre todo en los instantes más intimistas) y en general composiciones orquestales y opulentas presiden cada escena de Mank, haciéndonos sentir como parte del público de una película de aquellos años. Hay poco que criticar en este ámbito, más allá de que tampoco encontramos ningún tema icónico que destaque sobre el resto: la música se integra abrumadoramente con la trama, y generan sinergias que pueden llegar a emocionar al espectador.

Un reparto sensacional capitaneado por un extraordinario Gary Oldman

Sí, Gary Oldman (Herman Mankiewicz) está descomunal. No soy capaz de decidir si es su mejor interpretación (lleva muchos años formando parte del selecto club de actores deslumbrantes y legendarios que suponen leyenda viva como Christian Bale, Tom Hanks y otros varios), pero desde luego que su presencia en escena es increíble y logra fusionarse perfectamente con su personaje. Tal y como le ha acaecido en otros papeles, en ningún momento vemos a Gary Oldman haciendo cosas de Gary Oldman, sino que se transforma en el cínico, inteligente, descreído, contradictorio y frustrado guionista de la Edad Dorada de Hollywood. Sus ademanes, sus expresiones, su actitud sarcástica y a la vez intelectualmente comprometida, su comportamiento insolente y mordaz…todo ello lo convierte en un individuo poliédrico y repleto de matices, que fascina y despierta sentimientos encontrados. A veces lo admirarás, otras lo odiarás, otras te suscitará compasión o simpatía, y en algunas simplemente servirá como conducto para ofrecer una visión desmitificadora del hermosísimo Hollywood clásico. A través del ajetreado Mank nos adentramos en las cloacas de los estudios de cine relevantes en aquel momento (la Metro Goldwyn-Mayer, Warner Brothers, RKO, Paramount…), y asistimos por igual a sus excesos y a sus preciosas actividades. No es una simple carta de amor repleta de guiños y centrada en ofrecer una perspectiva romántica y sesgada del Hollywood de aquellos años; sino que la escruta desde el punto de vista crítico y escéptico de Herman Mankiewicz. No hay temor alguno en desacreditar (mostrando sus imperfecciones, quiero decir) parcialmente a iconos como Orson Welles o Louis B. Mayer, o en seguir a Ciudadano y Kane y mostrar al magnate William Randolph Hearst como un ser humano complejo alejado de los estereotipos de villano al uso. Todos son personas, la mayoría con intereses políticos subyacentes, y aunque la posición política de Herman Mankiewicz está demasiado subrayada en determinados momentos, FIncher tampoco adopta su enfoque y no vacila en dejar en evidencia los defectos y las incongruencias de Mank. La película muestra, Mank juzga, y el espectador decide si lo ve o no de la misma manera.

Prácticamente todos los actores están tremendos en Mank. Ninguno desentona, y acrecientan todavía más la capacidad inmersiva del film. Esta secuencia, una de las mejores del film, nos resume en unas pocas escenas y líneas de diálogo a varios personajes y los entresijos que se generan en los estudios cinematográficos a los que pertenecen.
FUENTE: https://www.fotogramas.es/

Sin embargo, cometeríamos una atroz injusticia si no mencionamos al resto del reparto y su más que notable participación en el film. Amanda Seyfried como Marion Davies está deslumbrante, y cada aparición suya conmueve y atrapa a partes iguales (puede que puntualmente se note demasiado que el personaje podría haber dado más de sí a nivel de metraje, pero el tiempo del que dispone lo aprovecha de manera excepcional); Lily Collins (Rita Alexander) sorprende en un papel aparentemente intrascendente pero que confiere bastante interés a la trama del presente de Herman Mankiewicz; Tom Pelphrey está muy convincente como un joven Joseph Mankiewicz (que con los años adquiriría el estatus de leyenda del cine), y sus aportaciones van creciendo en trascendencia conforme avanza la película; Arliss Howard está sublime como Louis B. Mayer, y también se mimetiza a las mil maravillas con su personaje; Tuppence Middleton (Sara Mankiewicz) aprovecha lo bien escrito que está su personaje para brillar; Tom Burke cumple sobradamente como Orson Welles, y es capaz de aguantar un duelo interpretativo soberbio con Gary Oldman hacia el final de la película sin amedrentarse; Charles Dance (nuestro querido Tywin Lannister y Emyr van Emrys si jugaste al insuperable The Witcher 3) nos trae a un perfecto William Randolph Hearst que emana autoridad, poder y cuya presencia se dosifica tal vez en exceso para lo que este personaje podría ofrecer con este actorazo; y Ferdinand Kingsley destaca como el implacable Irving Thalberg, un personaje más trascendental de lo que aparenta. Hay cameos excelentes, pero me los guardo para los muy frikis de este período histórico.

Un guión redondo pero sin grandes sorpresas

El guión de Jack Fincher da lo que promete: constituye un relato que alterna el presente (donde transcurre el proceso creativo que lleva a Herman Mankiewicz a concebir y concluir el guión de Ciudadano Kane) con el pasado, donde Mank encuentra gran parte de su inspiración y motivaciones para retratar indirectamente la vida y logros de William Randolph Hearst. Resulta curioso que al propio Orson Welles, director y actor protagonista de aquella mítica película, se le retrate tanto a nivel de libreto como de dirección como a una especie de joven aspirante o doble rejuvenecido de Hearst. Ambos rebeldes, ambos subversivos, pero con una egolatría y un afán de poder y reconocimiento que pueden terminar por abocarles a la soledad y la falta de humanidad. La narración de las desventuras de Herman Mankiewicz es en general fluida e interesante, y aunque tarda en arrancar (su comienzo es lento, y las escenas del pasado de Herman parecen más orientadas al retrato de época que a que realmente proporcionen un hilo argumental jugoso) su desarrollo dramático va adquiriendo fuerza hasta estallar en un sensacional clímax final que convierte el último tercio del film en un tenso relato de intriga y drama histórico que transita constantemente por un tono de falsa biografía con dos segmentos muy diferenciados: una primera parte más cercana la comedia dramática con tintes biográficos, y una segunda etapa más conectada al cine negro y noir clásico. Admito que me convenció y me sedujo mucho más esta segunda parte que la primera, pero probablemente pueda asociarse a mis propios gustos personales. Sí que admito, empero, que su ritmo parece estar más medido y avanzar con más robustez en esta segunda parte que en sus primeros minutos.

Si Ciudadano Kane era sobre todo un estudio psicológico de Charles Foster Kayne que a su vez servía como retrato de una época y de una coyuntura política y socioeconómica convulsa, Mank es otro tanto pero aplicado al personaje de Herman Mankiewicz. La película no se queda en mero complemento histórico a la película de 1941, sino que recorre su propio camino incidiendo en otros temas (el alcoholismo, el suicidio, la guerra, las manipulaciones de las altas instancias y grupos de presión políticos, el amor incondicional, la gestión del fracaso, la libertad creativa de los artistas frente a las presiones de los estudios, la influencia de la política y los medios de comunicación en el cine de los años 40…). Son tantos y tan variados que, a pesar de que no todos se exploran con el mismo nivel de profundidad, proporcionan a Mank una entidad propia que la hacen destacar y no quedar a la sombra de Ciudadano Kane (pese a que, por supuesto, no esté a un nivel tan sobresaliente como aquella). Ni que decir tiene que sus diálogos son lúcidos y brillantes, con réplicas afiladas propias del cine clásico más teatral y con algunas conversaciones que son de las que quedan para la posteridad. En momentos específicos los diálogos pueden parecer demasiado farragosos y literarios, pero al final forma parte de la estrategia pretendida por sus autores; estamos ante cine dentro de cine, y los propios actores están interpretando a personajes reales que a su vez interpretaron un papel crucial en el desarrollo de otra película; así que es lógico que un adicto a la narrativa y apasionado del arte del guión dramático actúe como si estuviera participando en una de sus propias obras. Aun así, se habría agradecido algo menos de postureo intelectualoide en esos momentos puntuales.

Tal vez el guión sea rigurosamente fiel (con ciertas licencias lógicas) a los hechos históricos que se conocen y nos perdamos la magia de la sorpresa con que nos han obsequiado genios como Tarantino o Scorsese; pero a cambio David Fincher y su padre nos entregan una historia dramática, compleja, dolorosa, impactante y esperanzadora como la vida misma. El aura de misticismo que envuelve a Ciudadano Kane no se ve enturbiada ni desbaratada por este film, sino que agrega una capa más de interés y trasfondo al proceso de creación y distribución de una de las películas más importantes de la historia del cine. Recomendada para amantes de Ciudadano Kane, del cine clásico y de Gary Oldman. Para el público general, aunque disfrutable, puede resultar demasiado referencial y críptica. Es de esas películas que, por haberse estrenado en un catálogo tan amplio y diverso como es el de la plataforma de streaming Netflix, llegará a mucho más público del que va destinado. Así que si no os gusta, es perfectamente comprensible; y si os gusta, bienvenidos al club de los que la consideramos la mejor película que hemos podido ver desde el comienzo de esta terrible pandemia. Independientemente de ello, Mank es buena, muy buena, y consagra a David Fincher y a Gary Oldman como dos genios del cine contemporáneo de los que cada vez quedan menos. Seas o no nostálgico de aquellos años, esta película te arrancará sonrisas y emociones intensas si te implicas en ella. Otras de las joyas imprescindibles de Netflix, aspirante a todo pero por desgracia muy focalizada en satisfacer a un conjunto de espectadores muy concreto. Y leche, respetemos más a las guionistas que a veces parece que sólo de directores vive el cine (😋). Feliz semana a todos, mucha salud y mucho cine.

VALORACIÓN: 9

TRAILER:

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