La visión de Alex

El brillo de los ojos

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-Señor, ¿cree que esto es lo correcto? –se escucha la voz de una niña tras la silueta de un hombre encapuchado.

– Sí, si vuestra información es la correcta, ese chico es el heredero de Isabel. Además, ¿qué otra elección tenemos? La Cábala Escarlata ya ha iniciado vuestra búsqueda y yo no os podré defender siempre. –responde el encapuchado mientras se esconde detrás de un contenedor y espía a un chico de pelo rubio caminar por la acera contraria.

– Y… ¿qué será de usted? –pregunta la voz de un niño detrás suyo.

-El hombre suspira-. Después de que la magia abandone mi cuerpo, lo más seguro es que muera al cabo de unos días por los estragos de la radiación mágica –dice apenado-. Pero no os preocupéis, tengo una mesa reservada en Destinum –se gira guiñando el ojo-.

– Le vamos a echar de menos… -dice otro niño apenado-.

– No os preocupéis, tontorrones –el hombre juega con sus cabellos-. Hemos pasado muchas cosas juntos, buenas y malas. Pero quiero que os quedéis solo con las primeras, ¿sí?–el hombre mira de nuevo al chico rubio. Este se ha alejado aún más-. Bien, os voy a enlazar a unas joyas para que no dependáis de nadie como habéis hecho hasta el momento.

– Dino, a ti te pertenecerá el anillo de rubí. Permitirá mejorar tus poderes de sanación y protección. Quien lo porte tendrá más resistencia a las heridas físicas y se curará antes de cualquier enfermedad, si es que la contrae –coloca el anillo en el dedo del chico pelirrojo-.

– Mala a ti te asignaré el colgante de esmeralda. Además de mejorar tus poderes, permitirá al portador ralentizar el tiempo y ver el aura de las personas –le coloca el colgante a la chica-.

– Y, por último, pero no menos importante llega la pulsera del pequeño Eles –juega con su pelo-. La Pulsera de los Cinco Ángeles, hecha de zafiros. Aumentará tus capacidades y desbloqueará los poderes de los cinco demonios que sellé en ella para ayudar al portador. Cada demonio tiene su propio poder y es distinto el uno del otro –le pone la pulsera al chico-.

Os desmaterializaréis en un minuto, pero no os preocupéis, he hecho unas dimensiones personalizadas para cada uno en las propias joyas, allí no os aburriréis. Además, os podéis comunicar entre vosotros y viajar de una dimensión a otra –alarga los brazos para abrazar a los tres-. Recordad, debéis ser los guardianes del chico, debe llevar a cabo su misión. Ayudadle en todo lo que podáis y queredle, el amor es la cura de todo –los niños lo abrazan con fuerza para después convertirse en energía y viajar cada uno dentro de su joya. El hombre se limpia las lágrimas de sus mejillas y emprende el camino para regalarle al chico las joyas y el poder-.

Marcha rápido, pues el chico ya había cruzado el paso de peatones para alcanzar otra calle distinta. Carlos, el encapuchado, logra alcanzar al chico después de unos minutos de fatiga.

– ¡Oye, chico! –grita sin aliento.

– ¿Hm? ¿Si? –el chico se quita los auriculares con voz temblorosa.

– No te preocupes, jajaja –Carlos ríe-. No voy a secuestrarte – dice mientras sostiene las joyas en sus manos detrás de la espalda y las envuelve con una energía azul violácea. Le está drenando el poder Isabel a las joyas para que despierte en el chico-. Verás, te he visto y me he dicho: “a este muchacho mismo se las regalo”-.

El chico arquea una ceja. – ¿Qué se supone que me va a regalar?

– Esto –la transfusión había terminado y el brillo de los ojos de Carlos había desaparecido. Alza las manos y le enseña las joyas-. Una herencia de mi difunta abuela, mis hermanos se pelearán por ella y yo ya tengo los días contados, así que, para evitar conflictos, te las regalo a ti –dice con una sonrisa-.

– Vaya… No sé qué decir –el chico abre los ojos-. No puedo aceptarlos…-el joven mueve la cabeza en forma de negación-.

– No te preocupes, solo tómalos –Carlos sonríe-. Te pido solamente una cosa, no te deshagas de ellas nunca, ¿vale? –su rostro cambia a uno serio-

– Sí, sí, de acuerdo –el chico inclina su cabeza en signo de obediencia-. ¡Muchas gracias! –sonríe un tanto confuso por la situación-

– ¡Hasta siempre, Héctor! –Carlos se marcha tras despedirse.

Foto de cottonbro en Pexels

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