La visión de Alex

Las tres alas

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En el universo de Hedo, como en cualquier otro, existe una diferenciación entre los distintos planos espirituales y terrenales. Cuando Roxa nació, el reparto de las almas, que habían agotado su existencia otorgada, se decidió entre la propia Roxa y el recién creado Reino Crepuscular. Esta nueva entidad se encontraba en la exosfera del planeta y cosechaba una quinta parte de las almas que resurgían.

¿Por qué Roxa permitía esto? Es sencillo. El Reino Crepuscular era la morada de unos seres que entran dentro de la rama de los «celestiales», lugar, por cierto, donde se hallan las Luces también. Estos seres con aspecto antropomórfico y dotados de alas eran los guardianes de Roxa de las amenazas externas, así que, como retribución, se llevarían esa fracción de almas para poder seguir aumentando sus filas.

Son seres extraordinarios que protagonizan decenas de relatos legendarios. Se cuenta que pueden rivalizar con el poder de los driaq y de los demun y, además, que los miembros más poderosos de esta raza son capaces de derrotar a los altos espíritus de las demás razas antiguas.

Su gobierno es claro, es una oligarquía tricéfala donde los tres miembros más poderosos gobiernan sobre los demás. Ícaro, Paladia y Arkantos serían las plumas mayores, miembros del más altísimo rango con un poder impensable por las demás razas. Les seguirían las plumas medianas, los hijos de los anteriores que sumarían siete en total: Haniel, Uriel, Raziel, Gadiel, Lecabel y Galadriel.

Numerosas son las heroicidades de estos últimos. Son el orgullo de su raza y la cara más luminosa de esta. Son vistos como poderosos guerreros y apadrinados sabios. Merecedores de historias para contar al calor de la hoguera o en los recitales de acontecimientos privilegiados.

Un dicho muy llamado entre los enanos es: «Desde el cielo nos observan y nos juzgan. Desde el cielo deciden si sus vuelos son dignos de nosotros. Desde el cielo deciden nuestro destino».

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