La visión de Alex

Liquidación

0

Me dirigía, como había hecho de costumbre, a mi cita de negocios semanal en O.K.C mientras escuchaba el nuevo aparato que había salido al mercado. Lo llamaban radio y para ser sinceros era bastante útil, pero tampoco se escuchaba de forma limpia. Le pedí al chófer que la apagase para poder así concentrarme plenamente en el periódico.

Eran tiempos convulsos pues se estaba disputando la hegemonía de nuestro país en la región de Corea, por ello todos los periódicos tenían alguna noticia del conflicto. Sin embargo, siempre he sido más indiferente con los temas de política exterior, mi fuerte son los negocios y esta vez me tocaba sacar buen partido de la empresa distribuidora de víveres en las regiones rurales, cuyo representante, por suerte, es hijo del dueño y encima un conocido mío. Por lo tanto, no debería ser una negociación difícil.

Al llegar a la entrada del bar donde concertamos la cita me bajo del vehículo y me coloco el sombrero, la bufanda y la gabardina. Desde luego era un día extraño, era pleno invierno en Oklahoma y sin embargo no había llovido desde hacía semanas, creo que hoy será el día, el aire huele a tormenta.

Me dispongo a entrar al recinto tras recoger el maletín con los papeles de la negociación mientras voy observando a mi alrededor cuán demacrado se había tornado el lugar desde la llegada de carteles procedentes de Cuba, antes este lugar solía ser seguro, ¿ahora? Como no tengas dinero para llevar un guardaespaldas, lo dudo mucho.

Entro al bar y me golpea un olor a café y bollería en el rostro, un olor fuerte, pero en cierta manera agradable. Música de Nat King Cole se escucha en un perfecto volumen para mantener una conversación sin demasiada dificultad.

Me siento en el sitio donde siempre hago las negociaciones e inmediatamente viene el camarero a tomarme nota y, después de pedir un café vienés y un crêpe suizo, empiezo a esperar al impuntual Adam.

Pese a conocerlo desde que éramos niños, siempre he pensado que su carácter mujeriego y cretino, lo llevarán algún día al Estigia, sobre todo si sigue metiéndose en hoyos que no debe.

Observo la gente que hay en el local y la mayoría es de clase media y baja, que viendo las horas que son, habrán venido a almorzar desde sus trabajos, este local se ha abaratado mucho desde hace años.

Unos cinco minutos más tarde llega mi pedido y Adam a la vez. Él pide un whisky y empezamos a charlar sobre el panorama en Oklahoma.

– ¿Has abusado de alguna de tus empleadas nuevamente? -pregunto directamente.

– ¿Por quién me tomas, Caronte? Pues claro, a una muchacha que encima está casada, no podía resistirme- dice con un orgullo lascivo.

– Aunque pretendas retrasar a Aurora, el Sol siempre juzga lo que la Luna tapa. No vivimos en Arcadia, Adam, arruinarás la reputación de tu padre- le advierto.

– Nah, lo que va a hacer que se arruine son los precios, estoy harto de que se abaraten- increpa.

– Es normal, son las consecuencias del libre mercado- apunto.

– Lo sé, pero lo que no se puede tolerar es que los paletos estos de las zonas rurales se atrevan a cuestionar la calidad de mis productos- chistea- pueblerinos tenían que ser- comenta con desprecio.

Acto seguido un hombre que parece ser testigo de la conversación se levanta de su asiento y camina hacia nuestra mesa.

– Pero bueno, ¿qué tenemos por aquí? ¿Tienes tú y tu culo blanco algún problema con los “paletos” de Oklahoma? – pregunta el hombre amenazante.

– Aléjate de mi vista, paleto. Necesitas más de esto para poder dirigirte a mí- presume zarandeando un fajo de billetes.

El hombre de tez morena y ojos marrones agarra a Adam del cuello de la camisa y lo arrastra hasta la puerta trasera del bar sin demasiada dificultad. La diferencia física entre ambos era evidente. Los sigo junto con más hombres del bar que acudieron en masa sedientos de un espectáculo que llenara su sed de violencia.

El moreno tira al suelo a Adam quien cayó sobre un charco que se había formado por la presente lluvia. Vagamente se reincorporó y lanzó una serie de puñetazos al hombre quien, tras esquivar sin dificultad, arremete después con un golpe directo y un crochet. Tras quedar desorientado por unos instantes y con sangre saliendo de su boca y nariz, Adam recibe un uppercut que lo derriba cayendo al suelo, pero sin perder el conocimiento.

Los gritos de la multitud eran orquestados por una sinfonía de truenos y lluvia. A lo lejos divisé una sombra al principio del callejón, una

mujer de un probable origen afroamericano, se dirigía corriendo hacia acá.

– ¡JASON!¡¿QUÉ HACES?!- dijo la chica exaltada.

-Dándole un merecido a este cretino, para que después no se vuelva a meter con los nuestros- dice el moreno con una respiración algo descontrolada.

– ¡Sabes que no me gusta que hagas esto!¡Se supone que lo habías dejado! -incrimina la chica

– No he participado en ninguna pelea desde que lo dejé, esto ha sido un contratiempo que ha surgido mientras te estaba esperando, lo prometo- explica el chico con voz perdida.

Mientras tanto, Adam se reincorpora y llegan sus guardaespaldas alertados por el escándalo.

– Anda, si es la negra que me tiré ayer, y este paleto debe ser tu marido, ¿no? Pues que sepas que tu mujer lo hace muy bien y se lo pasó genial anoche- dice Adam con un tono satírico junto a sus guardaespaldas.

– ¿Qué? ¿Es eso lo que querías contarme?- pregunta el chico con decepción en su voz

– Espera, ¡Jason! ¡Ven! -intenta detener la chica a su marido.

De repente se escucha el sonido de un disparo y el desplome de un cuerpo sobre el suelo, no conseguí ver con certeza quien fue pues el tiempo no ayudaba, pero lo último que conseguí ver fueron dos cuerpos en el suelo y uno de ellos lleno de sangre.

Una lástima que no hubiera monedas.

Real, Barcelona y Juventus ¿Expulsados de la Champions?

Previous article

EL cantante Pitbull amenizará el Miss Universo

Next article

Comments

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Popular Posts

Login/Sign up