CulturaEditorialesLa visión de Alex

Los herederos

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Lejos de toda humanidad, en otra dimensión distinta, un aparente joven se encuentra suspendido en el aire rodeado de lagos y montañas doradas. Un ámbar lo rodea dejando solo vislumbrar con claridad unos signos que se encuentran en sus brazos y frente. Estos son de color dorado y brillan con intensidad. El pelo del joven no parece querer estarse quieto y baila sin ningún compás. Sus ojos se encuentran cerrados y tiene una expresión neutra. Sus brazos parecen estar atados con una cuerda de color esmeralda y su vestimenta está magullada. Está sentado con las piernas cruzadas y la cabeza está ligeramente inclinada hacia arriba. ¿Qué le habrá pasado para estar así? Parece estar dormido.

En otra dimensión y lugar, un ser humanoide con una espada retiene a una mujer sujetándola del cuello y suspendiéndola en el aire. Otro igual que él se encuentra detrás observando. Los ojos de ambos son de un gris oscuro y su pelo es de color negro flamígero. Son altos y sus cuerpos son musculosos. El segundo individuo lleva un arco consigo.

-Venga pequeña, ¿por qué no nos diviertes? -ríe- Pórtate bien y solo será un rato de placer- dice con un tono sádico en su voz-.

– Lo’ke, no hemos venido a divertirnos, tenemos una misión- dice el hombre del arco en la espalda-. Si no la cumplimos a tiempo, probablemente nos maten.

-Joder, Yi’sa, qué aguafiestas eres –replica con molestia-. Solo quería divertirme, las humanas son de lo más bonitas –vuelve la cabeza a la mujer para después humedecer sus labios con la lengua-. Son tan indefensas y frágiles que un poco de mi fuerza las destruiría.

– ¡No! ¡Por favor! ¡No me hagáis nada! –suplica la mujer con lágrimas en los ojos-

-Oh… Qué bobalicona, ¿de verdad te piensas que voy a aceptar sugerencias de una humana?

-Deberías.

La voz de una mujer suena detrás del arquero. Ambos giran su cabeza y observan una silueta portando una capucha y una túnica de color blanca con símbolos dorados. Lo’ke suelta a la mujer y esta huye corriendo pasando al lado de aquella figura extraña.

-Vaya, vaya, ¿quién eres tú? ¿Acaso no sabes quiénes somos? –dice con soberbia y una media sonrisa-

– ¿Sabes? No sois los primeros de vuestra raza que mato, y, qué lástima, porque tampoco vais a ser los últimos –dice la voz femenina sin descubrirse aún-.

– ¡Basta de tanto secretismo! –Lo’ke carga contra la figura a una velocidad impresionante con la intención de quitarle la capucha. Sin embargo, antes de poder hacer nada y a escasos centímetros de sus dedos con la tela, queda paralizado sin poder moverse para después ser repelido con fuerza contra el muro donde violentaba a la chica. Polvo y escombros salen despedidos por el golpe. La brisa de la repulsión mueve los ropajes de la silueta. Yi’sa logra ver con claridad uno de sus ojos, este es de un color dorado como el oro con una pupila de color ámbar.

-Maldita sea, ¿cómo te atreves, zorra? –masculla Lo’ke levantándose tras el golpe.

-Espera, he visto sus ojos. Los he visto antes en algún lugar hace mucho tiempo –dice el arquero con temor en su voz-.

– ¿Qué coño dices, Yi’sa? –pregunta el espadachín confuso-

– Que sí, coño. Esos ojos solo se los he visto a una persona –dice con miedo-.

La figura se quita la túnica y la capucha, dejando ver así un largo cabello blanco con una diadema de color dorado. Sus ojos brillaban y en cada una de sus mejillas se hallaba la mitad de una balanza. Sus piernas estaban desnudas y solo se acompañaban de una tela que caía entre ellas por delante y por detrás. Calzaba unos tacones altos y negros y llevaba una espada reluciente que emanaba un fuego áureo.

– A lo largo de mi larga vida me han apodado con muchos nombres: la que juzga, Némesis, Paran, Temis y el último, Libra, la constelación de la justicia.

– ¿¡Qué!? –Lo’ke grita incrédulo- P-pero, no puede ser. ¡Las Constelaciones se supone que estáis muertas!

– No podías estar más equivocado, querido amigo. ¿Os creísteis nuestra muerte? –ríe- Mis hermanos y yo tenemos muchos trucos –sonríe con descaro-. Una pena que no vayáis a verlos todos.

– Libra la de la balanza, ¡basta! –un hombre detrás de ella habla-

Libra se gira y divisa a alguien conocido, un hombre con una armadura negra y dos espadas a sus costados. Su ojo presenta una cicatriz y su pelo es negro carbón.

– ¡Señor! Qué bien que esté aquí, ayúdenos a derrotarla. Usted es capaz de hacerlo sin dificultad- dice Yi’sa con un tono suplicante-.

– ¡Vaya! Si es Manor Espada Oscura. ¿No les has dicho quién te hizo esa cicatriz? Por cierto, ¿cómo la llevas? Parece que tu sangre del Vacío no tolera bien el filo de mi espada–dice fingiendo pena-.

– ¿Qué? Esa cicatriz es de nacimiento, ¿cómo osas? –dicen los dos guerreros a la vez-

– ¡Ja, ja, ja! Esa cicatriz es autoría mía, si no, comprobadlo por vuestra cuenta- Libra blande su espada y de un rápido movimiento realiza un corte en sus torsos.

– ¡AHH! –ambos gritan de dolor-

– Os presento a Parangelía, la que enseña el pecado. Sus cortes producen unas cicatrices que muestran que su portador fue digno de ser castigado.

– Libra, no quiero luchar- dice Manor con tranquilidad-. Déjanos ir y nadie saldrá herido.

– ¿Ahora no quieres luchar? Te me has hundido, Espada Oscura –dice con sarcasmo-. Y pensar que tuve que matar a Kho’san porque se interpuso entre tú y yo. Qué desperdicio de filo –dice con desilusión-. ¿Pero, sabes qué? 1800 años no han sido suficientes para que mi venganza sobre vosotros se desvanezca ni un instante –se nota furia en su tono-. He esperado este momento para empezar mi propia “invasión”. Vas a saber quién se esconde bajo el brazo derecho de Cael. Serás uno de tantos que alimentarán el nombre de Justicia- tras decir esto, Libra blande de nuevo su espada y va hacia Manor con rapidez. Con fuerza le asesta un golpe directo en su brazo izquierdo que cae al suelo con brisa. El hombre grita de dolor. Los guerreros se quedan paralizados ante el aparente poder de la diosa. Libra intenta dar otro golpe, pero un escudo protege a Manor. Este grita con rabia.

– ¡Pagarás por esto Libra la de la balanza! –tras decir esto se teletransporta dejando a los guerreros solos con la mujer.

– ¡Mierda! –masculla la diosa

– ¡Señor! ¡¿Y nosotros?! –gritan con desesperación-

Libra ríe

– Los que sufren mi marca y aún no ha cicatrizado tenéis prohibido separaros de mí –dice mientras mueve el dedo índice en forma de negación-. Nada de teletransportaciones ni nada por el estilo. Bien, acabemos con esto –Libra alza la mano y los símbolos de sus mejillas empiezan a brillar. Una luz resplandeciente aparece en la palma de su mano.

 Lágrimas de Lucifer –susurra la diosa-.

La luz forma unas figuras con letras extrañas y, desde el centro, va directa hacia la pareja que se encontraba gritando de desesperación.

-Ha llegado vuestro juicio, ahora descansad de las manos del Vacío –la luz los fulmina sin dejar rastro de su existencia.

Libra mira al cielo y las estrellas empiezan a brillar con intensidad. La mujer sonríe con descaro, sus hermanos han visto todo. Recoge la túnica y la capucha para luego deshacerse en luz y viajar al cielo.

En la cúpula del firmamento

– ¿Qué cojones está haciendo Libra? – un hombre con la mitad de un escorpión en cada lado de sus mejillas, se levanta de la mesa ovalada indignado poniendo sus manos sobre esta-

-Escorpio, relájate –dice una mujer con dos íes en sus mejillas-.

– ¡No me puedo relajar, Géminis! –dice enfurecido- Libra se está saltando las reglas de las Constelaciones. ¡No puede hacer lo que se le venga en gana!

– Libra se está dirigiendo para acá –empieza diciendo el que parece ser el líder-, tendrá que rendir cuentas ante todos.

-P-pero, ¡Aries!…

-Ni peros ni hostias, he dicho que guardéis en silencio hasta que llegue –impone Aries de una forma firme-.

Escorpio calla y se sienta de nuevo resoplando. Las constelaciones parecen tener la mitad de su símbolo a cada lado de sus mejillas, como Libra, Escorpio y Géminis. Estaban presentes seis personas, pero había trece asientos. El asiento entre Virgo y Escorpio estaba vacío. Se podía intuir que pertenecía a Libra por el símbolo de la balanza en él. Sin embargo, los asientos del cangrejo, el león, el centauro, el hipocampo, la concha y el círculo de la luz y la sombra se encontraban no se encontraban iluminados. Sus símbolos no relucían como el de Libra.

No pasan más de cinco minutos cuando, desde el portal que se encontraba al principio de la sala, sale Libra con un semblante neutro. Se acerca a la mesa y se sienta en su sitio.

Aries empieza a hablar

– Bueno, ya que estamos aquí al fin todos reunidos, quería comunicaros un asunto–los presentes empiezan a mirarlo con intriga-. Llevamos años intentando convencernos de que los ausentes volverán y, al menos yo, estoy harto de que esperemos sin hacer nada –Libra frunce el ceño-. Así que, desde hoy mismo inauguro el Renio Novorum. Os voy a encomendar buscar, por parejas, las Constelaciones que faltan –empieza a mirar la pantalla de cristal que tiene delante suyo-. Bien, de Acuario se encargarán Piscis y Escorpio, de Capricornio, Tauro y Géminis, de Cáncer, Virgo y yo y de Leo, Libra –las parejas asignadas salían en un holograma encima de la gran mesa-.

-Aries, déjame buscar a mí a Leo –dice Virgo-. Al fin y al cabo, soy la más indicada para tratarlo. La última vez que desapareció no fue de una manera muy pacífica –en su rostro podía verse la pena-.

– ¿Qué pasó? –pregunta Aries-

– Mejor que no lo sepas –sus facciones muestran dolor-. Hay cosas que, incluso los que luchamos contra los pecadores, son dignas de no ser mostradas a ningún ser –Virgo mira a Aries frunciendo el ceño-.

Aries muestra un aspecto de redención.

– Está bien, pero si necesitas algo, puedes contar conmigo –el peliblanco se acerca a su compañera y le pone una mano en el hombro-. Aunque seamos de razas distintas, todos somos Constelaciones –sonríe-.

– Jefe –comienza hablando Piscis-, ¿qué pasa con Sagitario? –pregunta con intriga mientras se levanta de la mesa-

Aries mira a Virgo con una mirada de pregunta.

– No sé dónde está, la última vez que lo vi fue en Puerta Feérica –dice con una mirada pensativa-. Marchaba… -pone el dedo índice en sus labios mientras pensaba- ¡hacia los Desiertos del Purgatorio!

– ¡¿Qué?! –exclama Tauro- ¡Ese lugar es peligroso, incluido para nosotros!

Géminis se levanta de la mesa y se coloca sobre sus rodillas en el suelo. Sus marcas de las mejillas empiezan a brillar y sus manos, juntadas sobre sus piernas, empiezan a crear una esfera de energía. Aparece una brisa que remueve los atuendos y el pelo de los allí presentes. Sus cabellos y ropajes empiezan a levitar. Abre los párpados para mostrar unos ojos de color azul claro brillantes. Levanta las manos y sopla la esfera que se encuentra sobre estas. La esfera recorre un metro escaso y se convierte en un espejo que empieza a proyectar lo que parece ser la Puerta Feérica. Se puede discriminar la figura de Sagitario entre la multitud de aventureros y cazarrecompensas del lugar.

– ¿Cómo puedes hacer esto, Géminis? –pregunta Escorpio intrigada-

– Hace tiempo que vinculé mi consciencia con la de Sagitario y Capricornio –se oye una voz en la sala, sin embargo, Géminis no mueve los labios-. Solo puedo mostraros un poco de sus últimos momentos, ya que no me deja ver más allá –se escucha preocupación en la voz-. Les ha debido pasar algo grave para no poder comunicarme con ellos.

Los presentes se acercan al espejo y miran con detenimiento los gestos que hace Sagitario. El encapuchado se encuentra andando entre la multitud entumecida por el grito de un ser más allá de la puerta. Es el inicio de los Desiertos del Purgatorio. Un lugar repleto de artefactos de la Guerra Púnica de Orión. Una batalla que la diosa cósmica Leya libró contra el Vacío hace tiempo atrás. Desde entonces, allí han quedado poderosas bestias corrompidas por la energía desprendida de aquella guerra. Son tan fuertes y tenaces que cualquiera de las Constelaciones, en solitario, podría sufrir contra su aparición. Sagitario se acerca a un puesto de mercaderes y compra lo que parece ser un frasco con un líquido translúcido y blanco y una pluma de colores dorados, azules, rojos y negros.

– Lágrimas de Lucifer –dice Libra sorprendida-.

– Y la Pluma del Príncipe Caído –dice Virgo-.

– ¿Cómo sabes qué son las lágrimas? –pregunta Aries intrigado-

– He adquirido poderes y conocimientos de la Trinidad –comenta de forma desinteresada-. Participé en las Guerras de Rebelión y me recompensaron.

– Pero, ¿para qué diablos quiere eso Sagitario? –pregunta Escorpio-

– Las Lágrimas de Lucifer sirven para resucitar a cualquier ser, ya sea demonio, craceico o dios –comenta Virgo-. Y la Pluma del Príncipe Caído sirve para escapar de un lugar. Es un método de teletransporte efectivo y seguro.

– Bien, ahora que hemos localizado a Sagitario, dónde está Capricornio, ¿Géminis? –pregunta Escorpio con el ceño fruncido-

– Me temo que está con Sagitario –se escucha la voz de Géminis apenada-. Les oí decir mucho antes de que marcharan de resucitar a una tal Galadriel, así que, si no puedo contactar con Capricornio, creo que es por la misma razón que con Sagitario.

– ¿Resucitar a quién? –pregunta Piscis impactada-

– Galadriel, la princesa de la luz –empieza diciendo Virgo-. La primogénita de Arkantos e Iris –dice tragando saliva-.

– Espera, no entiendo, ¿quiénes son esos? –pregunta Aries preocupado-

– Arkantos es el hijo de Helios y unos de los tres espíritus que conforman la Trinidad –dice Géminis-. E Iris es una diosa primigenia, al igual que Arak, Trog y Legog. Es una diosa que escapó de las garras del Vacío por cuenta propia y que se enfrentó a él. Logró vencerlo gracias a las Siete Luces.

– Espera, ¿las Siete Luces? ¿las hijas de Cael? –pregunta Libra con gran intriga-

– No, Libra, no son tus hermanas –continúa Géminis-. Las Siete Luces son siete poderes provenientes del Segundo Universo, son el resquicio de lo que quedó y logró escapar tras su destrucción. Viajaron tras el vacío atemporal hasta encontrarse con Hedo y después, con Iris. Su poder es ilimitado y de los más poderosos en este universo. Tanto es así que si lograse dominarlo podría acabar con todo el Vacío con solo un movimiento de su mano –los presentes permanecen en silencio expectantes-. Iris, tras vencer al Vacío en aquel primer encuentro, viajó a Roxa para esconderse, pues sintió la magia que emanaba de ella. Allí se instaló en el límite del espacio, en el Palacio de las Estrellas.

– Ese es el hogar de los Cósmicos –dice Tauro-.

– Era, hace siglos que no habitan allí, pero sí, el Palacio de las Estrellas lo creó Iris –dice Géminis-. Iris se volvió cada vez más cercana a los demonios y era respetada en toda la Corte. Nadie sabía el paradero de sus poderes y por qué eran tan poderosos. Prácticamente ningún Olímpico podía derrotarla, –Géminis echó a reír- incluido Arión y los demás Cósmicos –Aries abrió los ojos-.

– ¿Ni Ofiuco? –pregunta el peliblanco-

– Ni Ofiuco –dice Géminis-, ¿y sabéis que es lo mejor? Que en aquel momento ni dominaba aún su poder, no sabía cuál era el límite ni cómo controlarlo. Sagitario, Capricornio y yo hemos especulado que en el momento de su estadía en el Olimpo utilizaba solo el veinte por ciento de TODO su poder –Escorpio se lleva la mano a la boca del asombro-.

– ¿Y qué le pasó? –pregunta Piscis-

– Se enamoró. Se enamoró de Arkantos y se fue a vivir con él al Reino de los Cielos –contesta Géminis-. Virgo la conoció, aunque no por mucho tiempo –Virgo baja la mirada-. Con Iris, Arkantos tuvo a dos hijos, Galadriel y Lucifer. Su vida era perfecta y todo parecía no estropearse nunca, hasta aquel día –la voz de Géminis se oscurece-. Arkantos tuvo un encuentro con el Vacío. En él, el Vacío amenazó con destruir el reino si no le entregaba a Iris y Galadriel. La chica solo tenía dieciocho años cuando pasó todo aquello. Arkantos aceptó el trato y le tendió una trampa a su propia esposa e hija a cambio de salvaguardar el destino de su reino. El rey les propuso viajar al Palacio de las Estrellas para visitar a los Cósmicos, como unas vacaciones. Galadriel estaba contentísima a la par que entusiasmada. Ambas se montaron en la Nave Imperial menos Arkantos quien se excusó diciendo que iría más tarde tras resolver unos asuntos. Pero nunca fue y, tras salir de los límites del reino, el Vacio atacó la nave. Todo el Reino estaba siendo testigo y Lucifer pedía a su padre que diera la orden de ir a salvarlas, pero era inútil. Entonces el chico vió en sus ojos lo que estaba pasando y se retiró tras clavar una lanza en el suelo con una fuerza abrumadora –Géminis hizo una pausa-. Lucifer volvió días después para iniciar la Rebelión y vengar a su madre y hermana.

Todo el mundo en la sala está callado y nadie se atrevía a romper el silencio. Virgo apretaba sus puños de impotencia y decidió desplegar sus alas. Los allí presentes se sorprendieron de una manera sin igual. Las alas de Virgo eran largas y doradas, tenía dos pares. El superior era más ancho y el inferior más delgado. La luz reflejaba aún más su color dorado, como un reflector.

– ¿Virgo? –pregunta Libra anonadada-

– Virgo, qué está ocurriendo –cuestiona Tauro-. ¿Qué es esto?

– Sé que creéis que soy otra persona, otra diosa, pero no –Virgo mira hacia Géminis quien ya había despertado del trance y se incorporaba-. Géminis sabe quién soy porque sabe quiénes son Sagitario y Capricornio –Virgo habla con dolor-. Toda la historia que ha contado es cierta, y diréis “¿qué tiene que ver contigo, Virgo?” Pues mucho, porque soy Lecabel, la de la perseverancia. Hija de Ícaro, uno de la Trinidad –Aries y Tauro fruncen el ceño-. Estuve en aquel momento cuando ocurrió la traición y no todo acaba con la Rebelión, no te lo han contado todo –recrimina a Géminis-. Todos creían que Galadriel e Iris habían muerto, pero no es así. Vi lo que pasó, vi como Iris se desintegraba y entraba en el cuerpo moribundo de Galadriel para después llevársela a un lugar desconocido.

– ¿Y qué tiene que ver esto con Sagitario y Capricornio? –pregunta Escorpio desconcertada-

– Tiene mucho que ver porque ellos son mis hermanos, Sagitario es Raziel, el arcángel de la muerte y Capricornio es Gadiel, el arcángel de la sabiduría. Y pasa lo mismo con Leo quien es Uriel el arcángel del fuego y Acuario que es Haniel, el arcángel del cambio.

Todos en la sala abren la boca estupefactos.

– Pero entonces, ¿qué buscan Sagitario y Capricornio? –pregunta Aries serio-

– Buscan, como ha dicho Géminis, a Galadriel. Creen que está viva o podría estarlo, por eso las Lágrimas de Lucifer. ¿Sabéis? Nosotros cinco hemos estado siempre muy unidos a Galadriel y Lucifer, pese incluso a ser hermanastros. Hemos jugado siempre desde que éramos pequeños y creo que ni Gadiel ni Raziel se dan por vencidos –Virgo baja la cabeza-. Sentimos de verdad el haberos mentido, no queríamos tampoco posponer mucho nuestra revelación, pero no sé por qué decidieron marcharse sin avisar.

– No pasa nada, Virgo, entendemos el por qué lo hicisteis –dice Aries-.

– Sí, de verdad, no hay ningún problema –Piscis pone su mano sobre el hombro de Virgo-. Somos Constelaciones y vosotros renunciasteis a vuestro papel en Roxa.

– Sí, es cierto, tras la traición de mi padre a Iris y Galadriel, sentimos la obligación de dejarlo de lado, por ello nos vinimos aquí, como una forma de rendirles tributo –dice con una lágrima en su mejilla-.

– Tengo una pregunta –dice Tauro-. Hay otro motivo por el que Sagitario y Capricornio arriesgan sus vidas, ¿verdad?

-Virgo suspira- Sí. Esperan que con Galadriel podamos derrotar al Vacío de una vez por todas.

– Bien, pues hay que ir a buscarlos –dice Aries decidido-.

Foto de Nicole Avagliano en Pexels

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