La visión de Alex

¿Quién andaba por los bosques?

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Cansados de las disputas de sus razas consumaron su amor en un armonioso y delicado baile. Los ancianos dicen que las costumbres feéricas y énticas relativas al baile y la danza tienen sus orígenes en este preciso evento. Su importancia es crucial debido a las consecuencias que hubo tras esa danza que, en realidad, se trataba del más poderoso conjuro que se ha podido crear hasta el momento, “la Danza de la Naturaleza”. Con ella, Yina y Ánan dieron forma a los espíritus de Flora y Fauna para encomendarles una misión: otorgar su poder de forma sabia y equilibrada. Es por ello que se les arrebató los poderes a ambos clanes y se les prohibió utilizarlos. Esto fue un duro golpe ya que, mientras durase la danza, Flora y Fauna no mirarían a ninguna otra cara que no fuese la de su acompañante.

Un baile sofisticado y genuino, una sintonía que embelesaba a todo aquel que lo viese. Los clanes buscaron a la pareja exiliada sin descanso, pero no los encontraron. ¿Por qué? Muy sencillo, habían unido sus almas y cuerpos con Flora y Fauna, es decir, se habían convertido en dioses primordiales. Un título muy poco reclamado pues son los únicos dioses que representan aspectos de la naturaleza de Roxa y toman asiento con ella en el Gran Salón del Ocaso.

A pesar de esto, Ánan se presentó ante el clan de las Hadas como Fauna para emitir un juicio. Para recuperar sus poderes deberían firmar un pacto con Flora en el cual quedaría reflejado que no participarían en nombre de la raza de las Hadas en ninguna guerra contra los Ents. Y así hicieron. Cada uno de los integrantes del clan de las hadas firmó, recuperando sus poderes y siendo incluso “recompensados” con un poder y sabiduría mayor. Este contrato era muy temido y respetado entre la comunidad feérica, todos debían firmarlo, incluido las nuevas hadas que nacían en su octavo año. En él se estipulaba que, en caso de violarlo no solo perderían sus poderes, sino que también serían consumidos por Roxa. Es por ello que era un texto que mantenía uno de los dogmas de la filosofía feérica: “La naturaleza por encima de todo”.

Al pertenecer al inicio de la Edad de las Luces su existencia es muy remota y su percepción física aún más. Sin embargo, visión más acertada y consensuada de él era la de un hombre con ojos violetas, pelo largo color café, una cornamenta en su cabeza, piernas de felino, afiladas uñas que podía esconderlas a su antojo y, lo más característico de él; sus enormes alas de mariposa negras y adornadas de vidrieras de colores inimaginables. Las conformaban símbolos de muchos estilos que luego serían utilizados con posteridad como encantamientos y hechizos. La imagen de sus alas sería la bandera del clan de las hadas a partir de ese entonces.

Foto de Elsa S en Pexels

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