La Visión de ÁlexLiteratura

Un cielo de píxeles

Bárbara siempre ha destacado dentro de la Academia como una estrella de la aviación. Nació en Arcade, el país de los neones, las recreativas y los marcadores de juego. Conforma uno de los diez países de la Liga Humana de Norsella. En lo que al ranking respecta, no destaca ni en lo económico ni en lo militar. Sin embargo, lo que sí lidera es el cielo.

Los arcades son las alas de los ejércitos de la Liga. Si bien es cierto que no solo existe la Brigada Aérea en el cuerpo militar arcade, es la que más destaca con muchísima diferencia. Está conformada por excelentes pilotos que patrullan, rescatan y vigilan las fronteras de los países de la Liga.

Allá en sus fronteras, es necesario —se podría decir que incluso imperativo— para el desarrollo de la isla y sus habitantes. Es una zona estupenda de comercio, pues allí atracan barcos de los reinos enanos, élficos y humanos. Es la puerta comercial a la Liga y sus puertos son complejos y gigantes.

Pues, de entre todos los arcades, Bárbara se posicionó como la nueva capitana del escuadrón de segunda división, Lambda, a la edad de trece años. Un hito histórico que solo era superado por el del legendario aviador Mael, quien llegó a ser capitán de segunda división a los doce años.

Sin embargo, y pese a lo que la gente pensaría al escuchar esto, Mael no fue capaz de llegar a convertirse en capitán de algún escuadrón de primera división. Todos sabían que la envidia era la razón por la que el aviador no pudo escalar puestos. Aun así, demostró que era mucho más habilidoso que cualquiera de los que dirigían los escuadrones de primera. Bárbara era ambiciosa y soñadora, quería llegar más alto y no se conformaría con lo que Mael logró. Ella quería labrarse un lugar entre los más importantes y queridos de su país. Aquel sitio donde las leyendas se hacían hueco y se inmortalizaban. Su sueño era revolucionar la aviación, quería convertirla no solo en un arma, sino también en una forma de vida.

Ella creía que el contacto con el cielo no debía limitarse solo a la guerra. Conectar con las alturas, sentir el sol más cerca, el viento corretear tu piel. En definitiva, volverse uno con la bóveda celeste era símbolo de libertad y ensueño. De hecho, un día, mientras hacía una misión de reconocimiento se encontró con Doeme, la soñadora. La diosa que creó los sueños y los repartió a todos los seres vivos. La mayor la recibió en su casa, en las nubes. Le mostró la capacidad que tenían los humanos para la magia, aunque ellos prefirieran los filos y los escudos —en Arcade se utilizaba la magia de invocación a la hora de volar— y le confirió secretos antiguos para perfeccionarla. Esto le ayudó para mejorar aún más en su maestría de los cielos y fue entonces cuando se convirtió en capitana de Lambda.

Algo quedó claro para Bárbara después de aquel corto viaje y fue que cuanto más sueñas, más alto es el cielo. Y el peligro, la emoción y la incertidumbre de su ascenso simplemente le fascinaba.

Foto de eberhard grossgasteiger en Pexels

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