La visión de Alex

Visión lejana

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Año 2019, Distrito 1 de la Coalición Europea de la Resistencia Humana.

 

¿Sabéis? Hace casi un año que no vago por las taigas de Siberia buscando leña y cazando animales para sobrevivir. En aquel tiempo y, a pesar de tener dieciocho años, la situación me hizo madurar drásticamente. He vivido toda mi vida en las tierras heladas y sin misericordia de la Rusia más fría. Mi familia es parte de una tribu nómada milenaria que habitaba estas tierras incluso antes de que los europeos llegasen en su búsqueda de expansión y poder. Es irónico porque, ahora mismo, son ellos quienes tienen que refugiarse en lugares pequeños y fortificados.

Desde luego, la Gran Invasión está siendo muy dura. Antes podía disfrutar de la helada brisa escarpada que arañaba mi piel y pedía que siguiese persiguiendo a la presa durante la cacería. Yo me encargaba del arco mientras que mi hermana se ocupaba de las trampas. Éramos un dúo extraordinario con un gran porcentaje de éxito. Es por eso que en nuestra tribu nos regalaban los oídos. Ahora que lo pienso, no puedo evitar que una sonrisa aparezca en mis labios. Aquellos tiempos lo eran todo para mí; las noches de fogata e historias de bestias legendarias, la vista al cielo para contemplar el extenso universo que nos arropa en el firmamento, la fraternidad… Todo aquello era lo que tenía y lo que quería. Sin embargo, mi tribu tampoco se libró de la llegada de los Heraldos del Caos. 

A pesar de que estábamos bien escondidos, esos malnacidos buscan por todos los rincones del planeta para aniquilar a todo ser humano posible. Logré escapar junto a mi hermana antes de que dos soldados, de lo que parece ser que llaman el Vacío, acabasen con la vida de nuestros padres. Gracias a ellos logramos escapar y huir a la ciudad ferroviaria más cercana. No fue fácil el camino, pues estaban por todos lados y justo al marcharnos empezaron a demoler la ciudad con facilidad.

El tren nos llevó a Novosibirsk, la ciudad más importante de Siberia. Allí se suponía que íbamos a ir a Moscú en avión para poder estar a salvo, pero como era de esperar, dos días después de estar allí, atacaron la ciudad. Mi hermana y yo nos refugiamos en un supermercado en ruinas y nos movíamos por la noche intentando llegar al aeropuerto. Sin embargo, un día, mientras íbamos hacia un museo ubicado a tres manzanas de nuestro destino, nos descubrieron y solo yo logré escapar de aquello. Fue doloroso, pero no podía hacer nada por ella y quedarme allí sería morir. Así que entré en el museo y me escondí en una sala donde había pertenencias sobre una tribu urálica. Y allí fue donde nos encontramos mutuamente, Lejano y yo. Él me salvó de aquellos soldados con su poder y me condujo al aeropuerto. Sorprendentemente estaba intacto gracias a las tropas enviadas desde la capital, o al menos eso creía yo. Aquellas personas me llevaron a Berlín y me dijeron que Lejano era un Arma de los Albores, y que me había elegido a mí como su portador. Es por ello que me insistieron en que me alistara en el ejército de la Coalición Europea de la Resistencia Humana. 

Tardé varios días en responder, pero al final, accedí. No sabía muy bien qué era lo que estaba pasando ni cómo funcionaba aquel mundo de grandes edificios y praderas de asfalto. Sin embargo, juré por las estrellas, por la gente de mi tribu, por mis padres y por mi hermana que los vengaría o, como me tiene dicho Lejano, evitar que lo que he sufrido lo sufran otras personas. 

Hablar con un espíritu no es nada fácil. A veces, Lejano se aparece por su propia cuenta en forma humana y otras me habla desde la mente. He tenido suerte, porque sin él, no sé si hubiese sucumbido a la locura. Ha sido capaz de mantenerme sereno y con los pies en la Tierra. Además, es mi único amigo y respeta siempre mi espacio personal no metiéndose siempre en mis pensamientos sin mi permiso. Me recuerda mucho a mi hermana, ella es la que me mantenía siempre centrado en las cacerías sin perder el control por la adrenalina. Irónicamente hacemos un dúo impecable y siempre somos contratados para cuando hay que deshacerse de alguien con sigilo, ya sea humano o del vacío.

Foto de Domen Mirtič Dolenec en Pexels

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