HIJOS DE LOS HOMBRES (PARTE 1)

EL HIJO QUE SALVARÁ A LA HUMANIDAD

La ciencia ficción distópica es un género cinematográfico que se ha prodigado especialmente durante las últimas décadas. Pese a contar con influyentes y portentosos precedentes en la literatura (Stephen King, Aldous Huxley, George Orwell, Phillip K. Dick…) y en el mundo del cómic (Nikopol, V de Vendetta, Watchmen, Ronin), en el cine habitualmente se ha asociado al muy trillado subgénero zombie. Infectados que corren como liebres, seres no muertos que resucitan debido a un conjuro satánico, locurotes de serie B sobre seres de otros mundos… No me malinterpretéis; yo soy fan de muchas películas de este tipo, pero resulta incuestionable que esta variante de las distopías, especialmente en su vertiente más comercial o en la más cutre, llega a saturar en muchas ocasiones.

No obstante, hay otra faceta de la ciencia ficción distópica y/o postapocalíptica que, cuando se ejecuta con maestría, suele proporcionar los productos más elaborados e interesantes. O al menos los más reflexivos. Desfilan nombres gloriosos como Blade Runner, Brazil, Desafío Total, Ghost In the Shell, Gattaca, Matrix y Metrópolis; y otros no tan potentes, pero indudablemente interesantes (Los Juegos del Hambre, Oblivion, Equilibrium o Robocop). En ellos, habitualmente la amenaza no procede de un ente alienígena o engendrado por encantamientos o maldiciones; son las fuerzas de la naturaleza, bien por medio de catástrofes (sequías, pandemias, guerras) o por el desborde de los propios instintos inherentes a la raza humana (codicia, sed de poder y dominación, creación de seres artificiales dotados de inteligencia superior,) los que desencadenan el fin de la civilización tal y como la conocemos. Siguiendo la estela trazada por maestros como Stanley Kubrick en La Naranja Mecánica, las personas somos perfectamente capaces de autodestruirnos cuando permitimos que la violencia, engendrada a causa del miedo o de las injusticias sociales, destruya los cimientos de libertad y respeto que articulan nuestra sociedad.

Ambiente oscuro, injusticias sociales, drogas, catástrofes naturales… lo metemos todo en la batidora y nos salen ciudades poco apetecibles para alquilarse un pisito de tranquis, como ésta.
FUENTE: https://elgatopardoyelcambio.blog/

Hijos de Los Hombres, afortunadamente, pertenece al selecto club de las obras maestras que han logrado plasmar con efectividad y madurez estas agoreras visiones de nuestro futuro como especie. Basada en una novela de P.D. James, logra trascender y erigirse como una de las mejores películas de ciencia ficción de la historia (empezamos fuerte con las etiquetitas sí) debido esencialmente a la maestría de todo un genio del séptimo arte: el mexicano Alfonso Cuarón. Este sensacional director, que ya había demostrado sobradamente su destreza en el género fantástico en la insuperable Harry Potter y el Prisionero de Azkaban (en mi humilde opinión la mejor de la saga del mago más famoso del mundo), terminó de explotar en su primera incursión en el género de la ciencia ficción (posteriormente repetiría con la multipremiada Gravity).

Con un presupuesto notable pero no desmesurado para este tipo de producciones (76 millones de dólares), y una recaudación injustamente paupérrima (70,5 millones de dólares), Cuarón sabía que no debía ni podía competir con los grandes representantes del entretenimiento y la espectacularidad vacías de contenido. Su obra debía ser entretenida, sí (y de hecho lo es de sobra), pero también contener una trama profunda e inducir al público adulto al debate y al impacto emocional. Y vaya si lo consiguió. Hijos de los Hombres es un cruel y descarnado puñetazo en el estómago a los herederos de “El hombre es bueno por naturaleza”, y por descontado una feroz crítica a la fragilidad de una sociedad humana que, tras millones de años de evolución, sigue completamente expuesta a que el comportamiento implacable de la naturaleza no se vuelva en nuestra contra.

Hijos de los Hombres es un cruel y descarnado puñetazo en el estómago a los herederos de “El hombre es bueno por naturaleza”, y por descontado una feroz crítica a la fragilidad de una sociedad humana que, tras millones de años de evolución, sigue completamente expuesta a que el comportamiento implacable de la naturaleza no se vuelva en nuestra contra.

Y, regresando al argumento anterior, el principal responsable de que este barco fuese a buen puerto es este simpático señor:

EL SEÑOR DE LAS ATMÓSFERAS

Alfonso Cuarón es un director con innumerables recursos estilísticos, una personalidad muy definida y sobre todo con una majestuosa narrativa visual. Con pequeños movimientos de cámara, con primeros planos de personajes, con desenfoques, con largos planos secuencia, con un bote de fabada…con lo que sea, este hombre es capaz de contarnos una historia. No se limita a ambientar perfectamente el contexto geográfico y social donde transcurre su relato, sino que nos sumerge literalmente en él. Cuarón no se corta un pelo en contarnos que estamos sumidos en un mundo asolado por la desesperación y el caos, donde las injusticias sociales del mundo en el que ya vivimos se han agravado (la película es muy creíble) y el único bastión de la civilización humana es un pozo de pedantería, cinismo, represión y decadencia. Y ésa es la palabra que define esta película: decadencia. El director sabe colocar la cámara en todo momento para que vivamos esta aventura desde los ojos de un personaje inmerso en su propio declive personal, recurriendo a su extenso arsenal de técnicas: larguísmos planos secuencia enormemente trabajados y que quedan para la historia del cine contemporáneo (especialmente uno que tiene que ver con un coche en llamas); pausados travellings en los cuales la cámara se va aproximando al protagonista o le va siguiendo en sus movimientos; planos subjetivos a través de ventanas o cristales, primeros planos o planos medios donde los personajes transmiten sus sentimientos de forma sutil y sin sobreactuaciones… Todo está medido y planificado al milímetro. La labor de Cuarón en esta película es sensacional, y desprende carisma, habilidad y un talento desmesurado. Por algo es ya uno de los mejores directores de la actualidad.

El montaje es sencillamente portensoso. La transición entre escenas está minuciosamente medida para no generar cambios abruptos que desconcierten al espectador y le saquen de su magnífico ritmo y su perfecta ambientación. Las tomas continuas están escrupulosamente planteadas, sin que nada quede dejado al azar, y cuando la película debe acelerar (para generar tensión o desasosiego) o frenar (momentos dramáticos o de tranquilidad) no se recrea en ellos ni ofrece sensación de lentitud ni un solo instante. A poco que al espectador le atraigan su trama o sus personajes, es de esas película que atrapa desde el principio hasta el final y que se acaba en un suspiro; dejando al pobre cinéfilo friki con ganas de más.

Todo está medido y planificado al milímetro. La labor de Cuarón en esta película es sensacional, y desprende carisma, habilidad y un talento desmesurado.

Sobre la fotografía, el trabajo de su también colaborador en Gravity Emmanuel Lubezki es, fuera de toda duda, impresionante. El predominio de las tonalidades frías, verdes apagados y azules sobrios rebosa tristeza y deshumanización por todos sus poros. Incluso cuando argumentalmente parecen resurgir la esperanza o la alegría, su paleta de colores nos recuerda que no hemos abandonado todavía este futuro pesadillesco. Muchos de sus encuadres son para enmarcar, pese a que la cámara en ocasiones no deja de moverse, contribuyendo a ensalzar todavía más el espectacular trabajo de fotografía. Chapeau por Lubezki. Desde luego para que un mecanismo funcione todos sus engranajes tiene que estar bien engrasados, y la fotografía funciona como los de un coche nuevo.

Sobre los efectos visuales, poco que criticar. Son de primer nivel. Tanto las explosiones como los momentos de tensión y los decorados son creativos, impactantes y convincentes. No hay retoques digitales que canten (al menos que yo haya detectado), y pese a que la obra no abusa de artificios tecnológicos, cuando lo hace vuelve a salirse. No es desde luego el apartado más sobresaliente de la película, pero cumple con creces.

PERSONAJES QUE INTERESAN E HISTORIAS QUE CONMUEVEN

Las actuaciones en esta película no tienen un protagonista claro que se imponga al resto. Pese a que la relevancia del personaje de Theo Faron (interpretado por Clive Owen) es capital en el desarrollo de la trama, su actuación no es un alarde de recursos interpretativos que eclipse al resto de actores. Tampoco es en absoluto un trabajo mediocre, sino simplemente una actuación muy notable desempeñada por un actor enormemente versátil, que en este caso sabe adoptar un rol más dramático y antiheroico, interpretando a un burócrata resignado y alcohólico, con un pasado combativo y trágico, que trata de redimirse a regañadientes. El clásico viaje del héroe «realista», adaptado a nuestros tiempos modernos menos ingenuos.

Adicionalmente, sobresalen una siempre efectiva Julianne Moore (interpretando a Julian, la ex pareja del protagonista), que durante su tiempo en pantalla logra establecer claramente sus vínculos con Theo, y expone su personalidad complicada y valiente y una inmensa presencia en pantalla que hace que empatices con los sentimientos que Theo todavía le profesa; Clare-Hope Ashitey como Kee, en un papel secundario que va adquiriendo protagonismo a lo largo de la obra y que sabe ejecutar a la perfección; y mi favorito, el carismático sir Michael Caine como Jasper, en un papel muy distinto de lo que nos tiene habituados últimamente: su personaje, una especie de figura paterna/mejor amigo/camello conspiranoico, constituye una de las sorpresas más agradables del film. Su personaje es complejo, posee una trascendencia significativa en los hechos que se narran y nos entrega momentos emocionales impagables. Michael Caine nunca decepciona, pero en mi opinión éste se encuentra al menos entre sus trabajos más interesantes del siglo XXI. Chiwetel Ejiofor, como Luke, adquiere un papel que fluctúa entre aliado y villano y se halla correctamente interpretado. No obstante, dado que no estamos ante un film donde el villano esté personalizado ni particularizado concretamente en nadie (la propia humanidad es villana y héroe de sí misma), no logra destacar demasiado.

Profundizando acerca de su guión (aunque por supuesto esquivando spoilers), nos encontramos ante otro de los aciertos más relevantes de la película. Redactado a cinco manos por David Arata, el propio Alfonso Cuarón, Timothy J. Sexton, Hawk Ostby y Mark Fergus, conforma una de esas excepciones que confirman la regla de que cuando muchos autores participan en un mismo libreto, la cosa no suele acabar bien. En este caso no existe ninguna desconexión entre tramas ni hay diálogos mal hilvanados; los mensajes y simbolismos de la película son claros, uniformes y coherentes. La película es consistente en todo momento, y aunque personalmente hubiese preferido un final ligeramente más ambiguo, no se le puede poner demasiadas pegas a todo lo que construye.

Theo Faron es un simple funcionario del Departamento de Energía de Gran Bretaña, antiguo periodista de investigación, soltero y con un pasado turbulento que, tras ser amablemente «contactado» por el grupo terrorista de los «Fishes» (Peces. En la parte con spoilers analizaremos la simbología religiosa de todo ésto), recibe el encargo de escoltar a un sujeto aparentemente problemático hasta la frontera del país. A partir de aquí se desarrolla un viaje repleto de incidentes, sin apenas relleno (105 minutos escasos obligan a ir al grano),y aquí podríamos encontrar alguno de los talones de Aquiles de la cinta. La trama central no deja demasiados cabos sueltos, pero a veces puede sentirse apresurada y conveniente para no extenderse demasiado en la descripción de los hechos. Sin embargo, en mi opinión personal, esa ansia por conocer más sobre el universo creado y sobre los propios personajes responde a la enorme calidad que atesora todo ello, y no a una falta de contenido. Aún así puede que a la película le hubiesen venido bien unos 10 o 20 minutos adicionales, explicando algunas ideas que explora tímidamente su guión o articulando alguna subtrama personal interesante.

Por otro lado, debo asumir que lo que puede parecer un defecto es, en realidad, intencionado. La obra no pretende distraer con detalles irrisorios ni sobreexponer las ideas que subyacen al relato. Forma parte de ese cine más maduro y meditado, que busca la participación activa del espectador captando detalles e interpretando gestos, frases o elementos del decorado sin necesidad de ofrecer explicaciones explícitas a todo lo que se muestra. La narración en sí propone dos visiones: una más sencilla (el viaje del héroe protector) y lineal, y un discurso de fondo muy complejo, con múltiples referencias y reflexiones de tipo filosófico, político y social.

Al igual que sucede con la trama, los diálogos son directos y sorprendentemente poco pretenciosos para los temas que se tratan. A pesar de que, por la temática tratada, podría parecer que el aspecto intelectual fuese a prevalecer sobre los rasgos más emocionales de los personajes, existe un mesurado equilibrio entre la parte cerebral y la parte sentimental también en las conversaciones entre ellos. Algunos (pocos) dejan entrever un humor sarcástico y ácido, pero en general el tono es serio, solemne y deprimente. Los personajes están desesperados y sumidos en el desorden mental y social, y se aferran con inmoral obstinación a cualquier esperanza que se cruce en sus caminos. No esperemos ver a ejemplos de virtud o a caballeros o princesas de blanca armadura, porque aquí todos presentan una personalidad oscura y ambivalente, como muy probablemente sucedería en la vida real en un contexto tan desolador.

Cuando te dejas las palomitas un minuto de más en el microondas.
FUENTE: https://www.espinof.com/

Road movie postapocalíptica, retrato pesimista de una sociedad abocada a la extinción, metáfora bíblica, denuncia de las injusticias políticas de nuestro tiempo…esta obra es todo éso y bastante más. Compactado en menos de dos horas de metraje, con excelentes interpretaciones, un apartado técnico sobresaliente y una dirección soberbia. ¿Qué mas se puede pedir? Pues un poco más de reconocimiento para una joya como ésta. Es una película dura de ver, sólo apta para un público adulto, psicológicamente capacitado para identificar las lacras y problemas de nuestra sociedad sin dogmatismos ni prejuicios. Y, aunque no debamos confiar en todo el que promete un mundo mejor o justicia para los desfavorecidos, tampoco debemos renunciar a la esperanza. Porque siempre está aquí, aunque no sepamos verla o queramos utilizarla para nuestros propios fines.

VALORACIÓN: 9,75

TRAILER:

¿Queréis spoilers? Pues me temo que tendréis que aguantar el hype hasta la semana que viene.

Si eres como este dulce gatito, y te has quedado con ganas de que desmenuce la película y cuente detalles de friki repelente (🤓) sobre la trama y todos los mensajes que nos comunica, te invito a leer el artículo de la semana que viene. Hasta entonces, a ver mucho cine y a respetar las normas de seguridad para que tengamos un desconfinamiento feliz; y podamos, quién sabe cuándo, recuperar todas nuestras viajes costumbres. Entre ellas, por supuesto, volver a las salas de cine a disfrutar de una de las aficiones más bonitas del mundo.

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