El horror que vino del espacio

Inmensas y variopintas han sido las influencias estéticas y narrativas del controvertido genio H.P. Lovecraft en la literatura, el cine, el cómic, los videojuegos y el arte en general. Desde los grotescos diseños de H.R Giger para el prodigioso remake de La Cosa de John Carpenter o Alien, hasta las extravagentes mutaciones de David Cronenberg, pasando por la literatura de terror gótico a partir de los años 30 y 40, pocos escritores han sido capaces de construir relatos tan influyentes como el célebre escritor de Providence. Sin embargo siempre ha estado presente el mantra de que adaptarle es una labor muy difícil, y en parte coincido con ese argumento: las descripciones de Lovecraft en muchas ocasiones eran vagas y poco concisas, y se sustentaban en apelar a las sensaciones y los miedos más irracionales del ser humano.

No obstante, no creo en la inadaptabilidad de una obra de un medio a otro. Resulta comprensible que en el proceso de adaptación cada obra tenga que adaptarse al medio al cual se traslada, y realizar tantas modificaciones o cambios el creador estime oportunas; hasta el punto de que, en muchas ocasiones, el argumento original quede tan distorsionado o alterado que parezca otro producto totalmente distinto. Pero ello no ha de ser necesariamente malo. Maravillosas películas como El Resplandor, 2001 Una Odisea en el Espacio, Aniquilación (con la que esta Color Out of Space presenta muchos puntos en común), Jackie Brown, Watchmen o Blade Runner se basan en novelas de calidad notable; pero debido a la pericia y creatividad de sus directores y guionistas, han sido capaces de igualar o incluso superar el valor artístico intrínseco de estas obras literarias. La literalidad en la adaptación es un criterio diferente, desde mi perspectiva personal, de la calidad o el valor artístico de una adaptación transmedia. Hay buenas adaptaciones que son malas películas (fundamentalmente por mala calidad de su guión o mediocridad de sus responsables), y excelentes películas que son pésimas adaptaciones (la propia El Resplandor, que Stephen King detestó en su momento por no parecerse en nada a su novela). Afortunadamente, esta película está más cercana del segundo grupo que del primero. Pero vamos al turrón.

¿Es Calamardo con esteroides? ¡NO! Es la entidad ancestral de nombre prácticamente impronunciable llamada Cthulhu; una de las criaturas más insignes y terroríficas que imaginó Lovecraft y que está plenamente integrada en la cultura popular.
FUENTE: https://hplovecraft.fandom.com/

Una historia pionera y un proyecto sorprendente.

“West of Arkham the hills rise wild, and there are valleys with deep woods that no axe has ever cut.”

Así comienza el relato, escrito H.P. Lovecraft del mismo nombre en el que se basa esta adaptación cinematográfica dirigida por el peculiar Richard Stanley y protagonizada por el todavía más curioso Nicholas Cage. Teniendo estos antecedentes parecía complicado que este proyecto no constituyese otro producto de serie B barato y gore, exento de personalidad y carisma, e incapaz de importar un relato de hace casi 100 años a nuestros días sin perder frescura o resultar anacrónico. Y pese a que ésos eran mis prejuicios cuando me enfrenté a la película, el talento de sus creadores ha logrado sorprenderme gratamente.

Richard Stanley, que llevaba 23 años completamente desparecido y sin acometer ningún proyecto cinematográfico (se rumorea que llegó a presentarse con una máscara de perro para destrozar el set de rodaje de la película de la que fue despedido antes de retirarse), resurge de sus cenizas para dirigir una película que comienza con una introducción muy similar a la de la novela, pronunciada por el mismo personaje que en la obra original. Toda una declaración de intenciones de que esta película, aunque con sus muchas licencias, pretende respetar la esencia del escritor estadounidense. Y desde luego lo logra, aunque con matices.

¡Soy Richard Stanley y estoy to lokoooo!
FUENTE: https://www.elmundo.es/

Creo que ha quedado bastante claro que una película, sea o no adaptación, me interesa por su creatividad artística y personalidad visual. Si el guión es una traslación rigurosa de la novela original pero está vacía de genio o aportación cinematográfica alguna, ese producto me interesa más bien poco. Para éso, me quedo con la obra original. Y, por suerte, Richard Stanley logra imprimir a la película de un carácter único. No sólo por el omnipresente color rosa-magenta-violeta-loquesea o la locura de las alpacas, sino porque es capaz de incluir recursos visuales (planos panorámicos, acercamientos de cámara para reflejar opresión, planos en posiciones incómodas para inquietar al espectador, desenfoques…) y sonoros (música que sigue el ritmo de los pasos de un personaje, sensación auditiva de encontrarse en un estado de trance) que, aunque recurrentes muchos de ellos, no dejan de ser muy interesantes si contribuyen a la mejora de la narrativa y de la espectacularidad de la cinta. No en vano, el paralelismo entre cierta enfermedad que aqueja a uno de los personajes y el devorador e implacable avance del color es una de las manifestaciones más evidentes de ello.

Y si bien en algunas ocasiones la necesidad de incluir estos elementos también obedece a limitaciones presupuestarias (algunos enfoques van destinados a que no canten los efectos digitales), logran insertarse coherentemente en la historia. Tampoco puede desdeñarse el juego que efectúa el director con la dilatación temporal y espacial, que resulta llamativa y propicia que nos sumerjamos todavía más en la atmósfera insana y nociva en la que viven los protagonistas. Están bien ejecutados sus encuadres, que en muchos casos ofrecen preciosas postales, y en otros nos perturban y fuerzan a buscar la posible amenaza más allá de los límites de lo que ofrece el plano.

La extraña luz alienígena está presente en todo momento (desde el lazo que lleva la hija del protagonista en el pelo hasta el color del propio meteorito), pero su importancia crece conforme avanzan los devastadores efectos de la pesadilla cósmica.
FUENTE: https://www.libertaddigital.com/

La fotografía, a cargo de Steve Annis, es sensacional. Ya no sólo por su viva paleta de colores y su impresionante uso de este extraño color extraterrestre, sino también por sus efectos casi psicotrópicos y letárgicos durante el visionado del film. Al principio todo es lúgubre y oscuro (reflejando en cierta medida la angustia vital de sus personajes), y a medida que el pernicioso influjo del metereorito se abre camino, una falsa sensación de alegría cromática inunda la pantalla hasta que llegamos a otro momento monocromo: el blanco. Ahí queda la cosa, para no caer en spoilers.

También facilitan la inmersión del espectador en la historia su psicodélica y misteriosa banda sonora (Colin Stetson hace un gran trabajo ambiental muy ochentero pero con sonidos estridentes y tenebrosos de por medio) y unos excelentes efectos prácticos que no tienen nada que envidiar a los que hemos visto en grandes clásicos del horror cósmico en los cuales se respalda y a los que homenajea en algunos momentos (lo que les ocurre a ciertos animalillos evoca a La Cosa de Carpenter, por ejemplo). No están tan cuidados sus efectos digitales, que en algún que otro momento cantan Bulería y transmiten durante unos breves segundos (y tiene mérito preservar la ilusión durante casi 111 minutos) la sensación de que se le ven las costuras a una película que el resto del tiempo cautiva visualmente como otras que la quintuplican en cuanto a presupuesto para efectos especiales. Es muy astuta la estrategia de compensar la escasez de recursos con el valor añadido que proporcionan los efectos prácticos; puesto que si se desea adaptar una novela de Lovecraft, la recreación de sus entornos malsanos y criaturas exóticamente horripilantes tiene que ser mínimamente elaborada para no resultar divertidamente cutre.

FUENTE: https://cinemagavia.es/

Y de lo que no cabe duda es de que esta película cumple sobradamente como obra de terror y ciencia ficción. Sus escenarios son perturbadoramente extraterrestres, y tanto el maquillaje como el diseño de sus atroces seres mutados infunden miedo y desasosiego. Así que tranquilos, que vais a estar más preocupados por no tener pesadillas con las monstruosidades aterradoras que os encontraréis, o curiosos ante el misterio que se va desplegando lentamente, que saliendo de la película porque los monstruos os puedan hacer gracia. De hecho hay una de esas criaturas que, dentro de su perversa naturaleza, constituye uno de los logros más atrevidos y salvajes de la película; una cinta que no tiene ningún complejo en mostrarse como un producto de terror de serie B de los de toda la vida. No veremos aquí agendas políticas ni reivindicaciones de ningún tipo, más allá de alguna referencia al cambio climático o la preocupación por la contaminación y destrucción del medio natural (que ya estaba presente en la obra original aunque de manera más sutil).

Un tortuoso túnel del terror con un reparto a la altura

Si bien no es el punto fuerte de la cinta, el reparto de Color Out of Space es competente, con un Tommy Chong como Ezra particularmente interesante que no termina de ser aprovechado y un Julian Hilliard (sí, el niño de La Maldición de Hill House) que es capaz de soportar un papel tremendamente convencional en el cine de terror debido a sus buenas maneras y a que el guión sabe cómo utilizarle.. El resto cumple, con tres excepciones: una infravalorada Joely Richardson como Theresa (merecedora de más minutos en pantalla y mayor desarrollo de personaje de lo que le permite el guión), una notable Madeleine Arthur como Lavinia (que sabe sobreponerse al tópico con patas que es su personaje y se desempeña con buena habilidad interpretativa) y sobre todo el controvertido, excesivo y casi siempre histriónico Nicholas Cage como Nathan.

Nicholas Cage es un actor que, pese a ser ganador de un Óscar y haber participado en algunos proyectos interesantes, hace ya tiempo que se resignó a participar en películas de exigua calidad o a ofrecer siempre su cara más loca y exagerada. Ese era al menos el estereotipo que yo preconcebía de él, hasta que vi su reciente película de 2018 Mandy, donde contemplé como Nicholas Cage daba rienda suelta a sus desvaríos interpretativos en una película independiente, visualmente fascinante y con un aire ochentero a lo Mad Max que me atrapó durante todo su metraje. Tanto Mandy como esta Color Out of Space presentan similitudes (proyectos producidos por ACE Pictures Entertainment, dirigidos por autores muy particulares, ritmo lento y creciente, atmósfera psicotrópica, influencias lovecraftianas…), aunque tal vez sea esta última película la que presenta un guión más elaborado y consistente, con personajes más creíbles y menos bizarros. Pese a ello, tal vez la obra de Panos Kosmatos me parezca más atractiva en su tramo final. En conjunto, ambas películas me han revitalizado el interés por este actor. En Color Out of Space está algo más comedido, tiene más momentos intimistas o cotidianos (que solventa con corrección) y de esta manera sus brotes de furia o de locura llegan a estar justificados por el guión y los acontecimientos (y nos saca unas cuantas risas, al menos en mi caso).

Nicholas Cage es el protagonista indiscutible, y pese a no estar tan exagerado como en otras películas se roba el show para los que soportamos su estilo de interpretación.
FUENTE: https://www.fotogramas.es/

El guión de esta película (firmado por Scarlett Amaris y por el propio Richard Stanley) cumple con creces, y sin ser ninguna maravilla es capaz de trasladar perfectamente la idea original de Lovecraft a un contexto histórico más moderno, de incorporar algunos elementos nuevos de relativo interés (las fluctuaciones espaciotemporales, la leve crítica a la política medioambiental) y sobre todo de construir un ritmo apasionante que hace que, si su premisa logra atraerte, te mantenga pegado a la pantalla durante casi dos horas. Sus diálogos son sorpendentemente competentes para tratarse de una película de este estilo, con algunas réplicas ingeniosas, frases trascendentes bien introducidas y, como es obvio, algunas estupideces o sobreexplicaciones asiduas en películas de esta categoría más loca y bizarra.

La obra comienza presentando a los personajes principales en un primer tramo de película más lento y sosegado, donde se permite cierta presencia a un drama familiar que, pese a no molestar, tampoco termina de desarrollarse demasiado más allá de algunos momentos puntuales en el la última parte del film; continúa con un in crescendo de suspense y terror, con escenas cada vez más perturbadoras que recuerdan a Aniquilación de Alex Garland y a Lock and Key (el impresionante cómic de Joe Hill), con una bien trabajada evolución del color sobre la cordura de los personajes y sobre todas las formas de vida de su entorno; y finalmente concluye con un clímax bestial y salvaje que termina con una catarsis onírica, cercana a la ciencia ficción más abstracta y figurativa, en la cual el personaje de Elliot Knight (de lo más flojo de la cinta, una conveniencia de guión con patas) salva los muebles y nos ofrece un epílogo interesante que conecta con el comienzo de la historia original de Lovecraft. Un final redondo, sin matices.

Este es solo un ejemplo menor de los variopintos «bichos» que van a ir apareciendo a lo largo del film
FUENTE: ttps://www.ilopezfauste.com

El punto de partida de la película es tan sencillo como parece: un meteorito procedente del espacio impacta súbitamente en la granja de la familia Gardner, alterando el ecosistema cercano y afectando todos (personas, animales, plantas) los que se encuentran bajo su influjo. A partir de ahí asistiremos a un proceso paulatino de degeneración y a la vez de transformación de todos ellos, encontrándonos con algunas criaturas completamente originales, algunas rupturas de lugares comunes del género que resultan novedosas y a unos seres que, de lo extraños y siniestros que resultan, llegan a recordar más al Cronenberg más escabroso que al propio H.P.Lovecraft.

En conclusión, Color Out of Space es una más que notable película de terror y ciencia ficción con toques de fantasía cósmica lovecraftiana. Si estás buscando una película compleja y filosófica o un film de acción matamarcianos te llevarás una decepción; si por el contrario estás dispuesto o dispuesta a contemplar un espectáculo visual cautivador y terrorífico, con momentos impactantes y un ritmo muy bien medido que retrata de la mejor manera posible el descenso a la locura de unos personajes asolados por el azar cósmico desatado por una presencia extraña y alienígena, ésta es tu película. Serie B de calidad, con un manejo del suspense y la tensión excelsos sin necesidad de estar recurriendo cada dos por tres a los malditos jump scares del cine de género más convencional. Muy recomendable, y casi obligatoria para los fans de Lovecraft y del terror con envoltura de ciencia ficción.

VALORACIÓN: 8,5

TRAILER:

Por ahora no haré ningún tipo de spoilers y dejaré que seáis vosotros los que descubráis los enigmas y sorpresas que contiene esta película. Si de todos modos os molaría que hiciese una revisión más en profundidad, sería genial que me lo indicarais en los comentarios. Hasta la semana que viene. ¡Salud y mucho cine!

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