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La que hemos liado, pollito

Bienvenidos otra semana más (y ya van…me da pereza contarlas) a este confortable rincón donde intento, con mis modestos conocimientos cinéfilos, dar a conocer y desgranar bien algunas de las películas más relevantes del cine contemporáneo; bien aquellos estrenos cinematográficos que resultan más destacables en cada momento. En este caso vamos a regresar al año 1996, año en el que los hermanos Coen nos regalaron una de sus mejores obras y lograron su primer éxito unánime de crítica y público (aunque films previos como Muerte Entre las Flores o Sangre Fácil poseyesen una calidad fuera de toda duda). Vamos a darle caña a la que, para mí, es una de las películas más representativas de estos dos artistas.

¡Más te vale terminar rápido esta crítica, o tú y yo vamos a tener problemas muy graves que resolver!
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Fargo constituye uno de los principales exponentes del propio sello de identidad de los Coen que nunca se permite el lujo de dejarte indiferente: o lo amas (con algunas excepciones donde han patinado sonoramente) o lo detestas. En el caso de este film, sin embargo, el susodicho fenómeno no polarizó tanto; y de hecho es una de las películas más reconocidas y célebres de la pareja de Minneapolis (fue ganadora de un Óscar a mejor actriz protagonista y otro a mejor guion original). Fue tal su impacto en la cultura popular que se han llegado a rodar cuatro temporadas de una serie homónima ambientada en el mismo «universo fílmico», lo cual evidencia que el mundo construido en esta obra resultó atractivo y estimulante para un amplio sector del público. Pero…¿en qué contexto se estrenó Fargo, y por qué resulta crucial para entender su éxito?

Si a algún director o guionista siempre me recuerdan los Coen cuando abandonan el drama estricto (siendo Valor de Ley y No Es País para Viejos dos de sus films que más me gustan) es a Quentin Tarantino. Ese humor ácido y muy negro, esos personajes caricaturescos y rebosantes de carisma, esas situaciones surrealistas donde se combinan la tragedia y la comedia, ese derroche de recursos estilísticos que saben referenciar con su propia personalidad…todas ellas son cualidades que en mi humilde opinión comparten los tres directores y guionistas, y que les otorga un gran valor cinematográfico aunque sus películas no siempre sean redondas. En 1996 Tarantino ya nos había ofrecido dos peliculones (Reservoir Dogs y Pulp Fiction), y los Coen decidieron darle un giro de tuerca a sus dramas criminales y lanzarse definitivamente a combinar el humor con el drama sureño. Pese a que ya en películas previas como Arizona Baby se habían adentrado en la comedia, el equilibrio que alcanzaron en Fargo entre la inclusión de momentos emocionalmente impactantes y de secuencias descacharrantes y gamberras estableció un hito en sus carreras que les consagró como dos talentos rutilantes dentro de un panorama hollywoodiense que hasta el momento les había ignorado injustamente.

Los hermanos Coen son controvertidos, ingeniosos y, sobre todo, son capaces de derrochar talento cuando se lo proponen. Su humor puede resultar molesto u ofensivo para algunos, pero para los que somos capaces de apreciar sus virtudes siempre es bien recibido cualquiera de sus proyectos. (Y sí, también tienen peli en Netflix y les salió bastante bien el experimento. Buscadla, no os arrepentiréis).
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Presentación de lujo de la Norteamérica rural

Uno de los elementos que más gratamente sorprende de Fargo es su prodigiosa dirección. Lejos de limitarse a reiterar uno o dos recursos estilísticos durante el film para manifestar su identidad visual, los Coen despliegan un extensísimo arsenal de técnicas que van desde los planos largos y breves planos secuencia hasta preciosos planos panorámicos y generales refrendados por la soberbia fotografía del maestro Roger Deakins; pasando por unos encuadres meticulosamente ajustados, planos subjetivos, reflejos en cristales, planos picados, transiciones con difuminados, planos detalle… Puede que muchos de ellos sean más clásicos de lo que los Coen habían expuesto hasta el momento, pero su forma de narrar de múltiples maneras y sin necesidad de recurrir a la sobre explicación dialogada resulta fascinante. Permaneces expectante durante los 97 minutos de película (que se hacen cortos aunque el metraje esté cuidadosamente medido) esperando la siguiente virguería de los hermanos. Aunque en este caso, como en sus proyectos anteriores, tan sólo Joel Coen figure como director, queda patente que ambos desarrollaron este proyecto conjuntamente y con una implicación muy similar.

Pese a que bien pudiera parecer que la dirección se sustenta en la experimentación formal constante sin justificación narrativa, nada más lejos de la realidad. La mayoría de los planos de Fargo tienen un propósito y están medidos al milímetro para contarnos esta apasionante historia de vidas cruzadas, asesinatos y planes perfectos que salen mal. Los Coen sitúan la cámara de manera que no empaticemos en exceso con sus excéntricos y moralmente cuestionables personajes (salvando a su perspicaz protagonista femenina), sino que más bien la distancia de ellos para que podamos reírnos, juzgarles o compadecerles permanentemente. No obstante, y ésta es una de las principales bazas de esta película, debajo de esa capa de sarcasmo, parodia y humor negro, subyace un relato impregnado de drama y de crítica a la sociedad en general, y a la estadounidense en particular. Sus protagonistas ansían dinero y poder, y su orgullo desmesurado les conduce a cometer errores que desbaratan todos sus proyectos. Todo ello ambientado en los a veces bellos y a veces sórdidos paisajes nevados de Dakota del Norte; sumiendo al espectador en una atmósfera tremendamente inmersiva que nos hace sentir partícipes de la acción y habitantes de sus pintorescos pueblos. Todo ello sumado a ese inquietante leñador que nos escruta con la mirada cada vez que los personajes entran o salen de la localidad en la que reside la policía protagonista. Una ambientación de 10.

Es prácticamente imposible que todo el que haya disfrutado de esta película no haya quedado cautivado por sus gélidos paisajes. Aquí podemos contemplar al bueno de Paul Bunyan, representante del espíritu rural americano, haciéndose un «selfi».
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Y si la dirección es magistral, no menos destaca la excepcional fotografía de Roger Deakins. Ganador de un Óscar por su imbatible trabajo en Blade Runner 2049 y nominado en múltiples ocasiones por su admirablemente equilibrada carrera, aquí vuelve a realizar un trabajo sublime. Tanto en la imagen fría de los vastos parajes diurnos (cada vez que se asoma el sol y vislumbramos el paisaje en todo su esplendor es una delicia) como en sus cálidos y confortables interiores, el trabajo de Deakins con la luz, las sombras y el contraste entre la inmensidad del entorno y la minúscula irrelevancia de los personajes es sobresaliente. El Maestro entre maestros nunca falla, y desde ese hermoso pero inquietante inicio del film del vehículo de Jerry Lundegaard avanzando lentamente hacia el espectador, se puede apreciar el deslumbrante detallismo de Deakins y su incomparable habilidad para hacer resplandecer cualquier entorno que queda inmortalizado a lo largo de su extensa y exitosa trayectoria.

Y si en todos los apartados previos Fargo brilla, en su banda sonora también refulge con luz propia. Las composiciones de Carter Burwell son impresionantes, y ya desde el arranque del film sobresalen por su intensidad dramática y majestuosidad. No defrauda tampoco en las secuencias de tensión (como el incidente en la carretera, uno de los puntos álgidos del film) o en las más trágicas, donde la música no se limita a acompañar sino que siempre eleva lo que se está observando en pantalla. Una banda sonora de las que refuerzan las sensaciones y mensajes que pretende trasladar el film, contribuyendo ocasionalmente a infundir en el espectador una incómoda sensación de desajuste entre la epicidad de lo sonoro y lo jocoso de lo visual, que no es en realidad más que un mecanismo para acentuar el cínico humor negro de los Coen; y en muchos otros instantes, reflejando la decadencia moral o el desarraigo que experimentan estos personajes.

Un excepcional reparto en estado de gracia

En su época el reparto no fue a priori uno especialmente llamativo, pero su desempeño en esta película resulta sobresaliente. Más vale pocos personajes y bien construidos, que muchos y sin compromiso actoral y de guión. Fargo es prueba evidente de ello.
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Siguiendo con la lista de aspectos positivos de este film, vamos con su espléndido reparto. En la asignación de roles de este film destacan tres interpretaciones que sobresalen sobre el resto, y que con su carisma logran acaparar toda la atención cada vez que aparecen: una espectacular Frances McDormand (ganadora de un merecido Óscar por esta interpretación), el siempre destacable Steve Buscemi y William H. Macy.

En el caso de Frances McDormand, su aportación en este film es capital pese a no aparecer hasta transcurrida prácticamente media hora de película (y eso que no llega a los 100 minutos de duración). Suya es la interpretación del único personaje relevante que resulta ser personal y profesionalmente intachable, y logra destilar naturalidad y carisma en todo momento. Sea en los momentos humorísticos (aguanta con un tipo envidiable las situaciones surrealistas en la que a veces se ve envuelta), sea en las secuencias perturbadoras o tristes, su entereza como actriz es impresionante. Estos papeles de mujer fuerte y decidida le sientan como un guante, y aunque desde una perspectiva menos madura y más afable que su personaje en Tres Anuncios a Las Afueras (otro papelón que le mereció otro Óscar) consigue transmitir esa astucia y determinación pese a su estado de salud que tan bien le sienta a su personaje y a la obra en su conjunto.

Dos tontos muy tontos versión chunga.
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No menos fascinante es la labor que desempeña Steve Buscemi con su peculiar personaje Carl Showalter. Parlanchín, hiperactivo, torpe y pretencioso, Buscemi interpreta un papel muy similar al que acometió en Reservoir Dogs (sangre incluida), pero dándole su propio toque distintivo. El personaje no tiene demasiado trasfondo ni lo necesita; es un sinvergüenza ambicioso y verborreico, y en esta tesitura el bueno de Steve se maneja como pez en el agua. No sale demasiado bien parado moralmente (como la mayoría de personajes), como también le ocurre al Jerry Lundegaard interpretado por el bueno de William H. Macy: un individuo taimado, pusilánime e incompetente, que se obstina insistentemente en demostrarle a todo el mundo que no es un fracasado aún teniendo que engañar y lesionar a personas cuyo bienestar supuestamente debería desear. Macy sabe contenerse hasta poder explotar en deliciosos estallidos de frustración que son hilarantes a la par que patéticos. Por ello sus desenlaces, sin entrar en spoilers, resultan tan coherentes con los conflictos que se les plantean desde un comienzo.

Y si bien estos tres actores destacan notablemente, debo mencionar el eficaz trabajo de Peter Stormare (Gaear Grimsrud) como el incólume e implacable cómplice de Carl Showalter; una divertida y creíble Kristin Rudrüd (Jean Lundegaard) y un sensacional Harve Presnell (Wade Gustafson). En general ningún actor desentona en sus papeles, y todos los personajes son interesantes por un motivo u otro. La mayoría de ellos, por su arrollador carisma, podrían merecerse una película entera para ellos solos (especialmente el señor que barre la nieve mientras testifica al policía contra el personaje de Steve Buscemi. Fan absoluto de ese hombre).

La jefa de policía a la que interpreta Frances McDormand es un personaje conformista y hogareño, en contraste con los codiciosos criminales a los que persigue. La conversación con el detenido en el coche patrulla define a su personaje y la propia moraleja del film.
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Un guion excelente pero con flecos sueltos

Ser capaz de incorporar el humor negro, la parodia manifiesta y el drama social a un thriller policíaco y que no quede ridículo o inconsistente sólo está al alcance de un buen guionista. Y los Coen, una vez más, demuestran que cuando quieren pueden ser de los que mejor entienden el thriller para adultos de todo el panorama internacional. Si bien el film transita por algunos lugares comunes en estos géneros, las resoluciones de muchas situaciones resultan agradablemente inesperadas y creativas. Es cierto que algunos elementos menores de la trama quedan ligeramente inconclusos, (el final de Jean Lundegaard, el personaje de Steve Reevis que aparece y desaparece de la trama sin aportar demasiado), pero en líneas generales la historia es sencilla y comprensible, además de estar maravillosamente narrada. Sus mensajes son claros, los arcos de sus personajes principales y secundarios se cierran en coherencia con esos mensajes, y los acontecimientos que protagonizan son capaces de absorber al espectador de principio a fin.

La premisa del argumento podría ser perfectamente la de una película de Tarantino o de Guy Ritchie: Jerry Lundegaard es un mediocre vendedor de coches que, hastiado de resignarse a una vida anodina en su pueblo y deseoso de disfrutar de la fortuna acumulada por su exitoso suegro, decide hilvanar un complot con Carl Showalter y Gaear Grimsrud para secuestrarla y garantizarse una generosa porción del dinero de su suegro. No obstante, no todo va a terminar sucediendo como tenían previsto; y la intervención de la agente de policía Marge Gunderson (Frances McDormand) desata una serie de contratiempos que amenazan con dar al traste con la estafa. Este argumento es mucho más de lo que parece, ya que esporádicamente emergen algunas subtramas (en concreto las que rodean a Marge Gunderson y a Jerry Lundegaard) que enriquecen a sus personajes y al contenido de la historia. El ritmo de la película es tan envidiable que se pasa en un suspiro (si entras en su ritmo paulatino y tranquilo) sin que de la sensación de historia inacabada; y los diálogos (muchas veces desternillantes) sirven más para construir a los personajes que para explicar elementos de la trama. Fargo es de esas películas donde se escucha maldecir a prácticamente todos sus protagonistas, y donde las conversaciones entre ellos fluyen de manera natural y orgánica con la narración.

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En conclusión, Fargo es uno de los puntos álgidos de la irregular pero generalmente excelsa trayectoria cinematográfica de los hermanos Coen. Un pausado y apasionante thriller , con cuantiosos toques de comedia negra y de drama rural estadounidense que nos insta a reflexionar sobre las consecuencias del orgullo y el egoísmo, las devastadoras consecuencias del engaño, la recompensa de una vida frugal y guiada por la honestidad personal y profesional y la importancia de llevar un correcto inventario de nuestros coches para que la policía no nos pille (😛). Tal vez algunos momentos pueden resultar demasiado caricaturescos e inverosímiles, ciertas decisiones de guion demasiado caprichosas o parecer más breve de lo que la trama y los personajes merecían; pero la película ostenta tantas virtudes que terminan opacando todo lo demás. Pocos fallos por tanto se le pueden achacar a una película que ha resistido casi intacta el paso del tiempo, y que se muestra mucho más compacta, entretenida e innovadora que la gran mayoría de los estrenos que se pueden (o se podían 😭) ver hoy en día. Imprescindible.

VALORACIÓN: 9.25

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