BLADE RUNNER (PARTE 2)

MÁS HUMANOS QUE LOS HUMANOS

Bienvenidos una semana más a la turra cinematográfica del tío Richi. Hoy vamos a analizar en profundidad CON SPOILERS la gran obra maestra de Ridley Scott (cuya crítica sin spoilers os dejo por aquí: https://lockoutmag.com/bladerunnerparte1/), desgranando sus elementos más importantes y tratando de abarcar de forma exhaustiva (que no extenuante) sus temas fundamentales. Vamos p’allá.

¡¡¡¡¡SPOILER ALERT!!!!!! ¡¡¡DANGER!!!

ANDROIDES A LA FUGA

La película comienza, tras un resumen en forma de prólogo escrito a lo Star Wars, con un plano detalle de un ojo. Los globos oculares poseen una relevancia crucial a lo largo de toda la obra, y están presentes en momentos tan impactantes como el interrogatorio por parte de Roy Batty al fabricante de ojos para androides, el asesinato de Eldon Tyrell (donde Roy se los extirpa amablemente y sin anestesia), en los interrogatorios de León y Rachel o en la mayoría de los primeros planos a los protagonistas principales del film. El ojo representa la percepción de la realidad, el órgano que nos permite contemplar lo que nos rodea y que nos facilita poder deleitarnos con la belleza y percibir las amenazas que nos acechan. Mediante el ojo vemos reflejado el mundo exterior, desde nuestra propia perspectiva única. En cierto sentido, el ojo nos identifica como individuos.

No obstante, el ojo en Blade Runner constituye el mecanismo más eficiente para distinguir a los humanos de unos replicantes que, a casi todos los demás efectos, presentan una apariencia idéntica a la de cualquier otra persona. Mediante el test de Voigt-Kampff, que capta fluctuaciones casi imperceptibles de la pupila, los Blade Runner someten a los sospechosos de ser replicantes a un interrogatorio consistente en el planteamiento de escenarios hipotéticos, en busca de una respuesta emocional anómala que los delate.

Esta estrategia de detección consiste en un procedimiento similar al del célebre test de Turing tradicional, propuesto por el ilustre matemático Alan Turing, pero se persigue un propósito completamente opuesto: mientras en el primero se simula una conversación natural entre un robot y un hombre desconocedor de la identidad de su interlocutor con la finalidad de que, si el robot lo pasa, se constate que es indistinguible de un humano común, en el test que se emplea en Blade Runner se intenta llevar al límite la expresividad emocional de los replicantes; exponiendo su falta de experiencia y naturalidad en cuanto a sentimientos para que el sujeto pueda ser reconocido como un organismo diseñado artificialmente. Tal y como descubre posteriormente Rick Deckard:

– “Diseñados para imitar a los humanos en todo menos sus emociones. Pero había una posibilidad de que desarrollaran emociones propias. Odio, amor, miedo, enojo, envidia. Así que tomaron precauciones.

-¿Cuáles?

– Les dieron cuatro años de vida.”

Además del uso de esta innovadora técnica de interrogatorio, Ridley Scott y el resto de operadores de cámara y técnicos de iluminación nos ofrecen otro truco visual: los ojos de los replicantes, cuando se exponen a contraluz, poseen un brillo opaco y amarillento muy particular. Esta artimaña no afecta en absoluto a la trama, sino que más bien sirve como pista para que el espectador, desde su posición externa a la acción y ubicado detrás de las cámaras, pueda vislumbrar este detalle en la pupila y el iris de los replicantes mientras son grabados en algunas ocasiones específicas.

El diálogo anteriormente citado también nos traslada a otro de los dilemas morales de la cinta. Para evitar el ancestral temor de los humanos a que las inteligencias artificiales desarrollen emociones propias y terminen suponiendo un riesgo para la supervivencia humana, los diseñadores de replicantes les insertaron una especie de mecanismo de autodestrucción (metáfora de la propia naturaleza mortal humana a través del envejecimiento): a los cuatro años comienzan a experimentar síntomas de degradación y fallecen. Por este motivo, cuando esta banda de replicantes modelo Nexus-6 liderada por el carismático Roy Batty (Rutger Hauer) averiguan que tienen fecha de caducidad aunque sin conocer la cifra exacta, deciden abandonar las colonias exteriores donde son utilizados como esclavos y acuden a la Tierra para encontrar respuestas y la cura para su mortalidad.

Debido a su naturaleza de «villanos» en la mayor parte de la película (agreden y asesinan para lograr sus fines), puede resultar complicado empatizar con ellos en un principio. Pero cuando nos detenemos a reflexionar sobre su naturaleza descubrimos que son seres confusos, llenos de rabia hacia sus creadores por no otorgarles una existencia más prolongada; seres incomprendidos y dotados de inteligencia humana y de cualidades especiales. Seres que, cual adolescentes, están descubriendo un nuevo mundo, así como sus propias capacidades y limitaciones. Desarrollan percepciones sobre la realidad en la que viven, intentando entender por qué fueron creados, por qué son perseguidos por intentar vivir como seres humanos libres; y exigen la respuestas a una sociedad humana que les teme y que pretende aniquilarles por no limitarse a vivir como esclavos y a trabajar para ellos de forma apática y automatizada.

EL VIAJE DEL VILLANO

Y cuando al fin el hijo pródigo, el inteligente Roy, logra ascender a ese reino casi celestial donde reside su «Padre» Tyrell, el dios de la biomecánica, como una suerte de Mesías de los replicantes interpelando a su padre divino para qué le ayude, éste se muestra impotente ante él:

«La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo, y tu has brillado mucho, Roy.”

Eldon Tyrell no puede repararle. Pese a lo arduo del trayecto, Roy alberga la esperanza de que todas sus aventuras y actos atroces encuentren su recompensa ante la inteligencia superior y las habilidades omnipotentes de su padre creador de vida; que éste será capaz de perdonarle sus pecados y de redimirle de sus medios por la benigna intencionalidad de sus fines. A pesar de que Tyrell admira a su hijo, a su obra, y se siento orgulloso de ella, se ve obligado a admitir que es imperfecta; que ha rendido tanto como se esperaba, pero que aún así no es suficiente para que admita ser potenciada.

Ante la inviabilidad de alcanzar la inmortalidad, y la aceptación de su inexorable destino, Roy toma una determinación. Como un monstruo de Frankenstein vengativo, le da a su creador el beso de la muerte, y le asesina. Y no de cualquier forma, sino destrozándole esos mismos ojos que le diferencian de él mismo. Esos ojos que le permitían contemplar la infamia del oscuro mundo sobre el cual se alza, majestuoso y casi divino, desde su templo celestial. Este creador megalómano, muy en sintonía con los actuales líderes tecnológicos como Bill Gates, Elon Musk o Mark Zuckerberg, constituye otro acierto de la película presagiando a esos nuevos genios de la ciencia y la tecnología, capaces de cambiar el mundo y de creerse investidos de un aura de superioridad frente al resto de los mortales. Esa esencia divina emana de cada uno de los rincones de las estancias personales de Eldon Tyrell, decoradas con austera parafernalia cuasi religiosa.

Una vez el dios de la biomecánica ha muerto, el encolerizado Roy se ve obligado a perpetrar otra muerte: la de J.S Sebastian. Este entrañable personaje, el único individuo humano auténticamente solícito e inocente de la obra, padece el mismo mal que aqueja a Roy y sus amigos. El síndrome de Matusalén, una patología muy similar a la progeria, le provoca un envejecimiento acelerado que le despoja de la opción de poder viajar a las colonias espaciales; y por tanto, de disfrutar de una nueva oportunidad en unas colonias exteriores menos devastadas por la humanidad.

«Una nueva vida le espera en las colonias espaciales. Podrá volver a empezar en una tierra dorada llena de oportunidades y aventuras.»

Esto rezan los constantes anuncios que observamos y escuchamos en diversos momentos de la cinta; así como la presencia insomne e inquietante del dirigible con la mujer asiática, anticipando los momentos de violencia que acontecen entre humanos y replicantes.

Este artista, también artífice en parte de los propios replicantes, es el otro dios al que Roy asesina como nuevo ángel de la muerte; un creador más inexperto, que habita en un edificio Bradbury tétrico y solitario rodeado de marionetas que no son más que pálidos reflejos de la imponente magnificencia que la genialidad de Tyrell ha conseguido mejorar hasta alcanzar prácticamente la perfección. Este chico, que en su afable ingenuidad ha ayudado a Roy a encontrarse con su padre, presencia horrorizado el crimen. Tal vez Roy le asesine para evitar que testifique sobre la ocurrido; tal vez sólo sea una conveniencia de guión para que la policía lo localice y Deckard pueda acudir a casa de Sebastian; sea como sea, está claro que Roy le quita la vida.

Y al igual que Roy es dios de la muerte, no se detiene ahí. También desea experimentar lo que implica ser creador de vida. Por algo perdona a Deckard durante su enfrentamiento, comportándose como un lobo desmadrado y prácticamente jugando con el detective para demostrarle que mientras él vive y siente como un humano, Rick Deckard actúa como un autómata cuyo único fin es el de cumplir la misión que le ha sido asignada. En esa mítica escena, cuyo monólogo parcialmente improvisado me veo obligado a reproducir, Roy expresa que él sabe que ha vivido y que existe por sus recuerdos propios y genuinos:

“He visto cosas que vosotros nunca creeríais: Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán… en el tiempo… como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.”

Roy ha asimilado la enseñanza de que sólo puede estar seguro de que ha vivido cuando decide por sí mismo, y actúa contra lo que se le ha impuesto. Nada de lo que Batty menciona existe (que sepamos), lo cual lo hace todavía más mágico y exótico; no obstante, la metáfora de las lágrimas en la lluvia es triste y hermosa. Todo lo vivido por Roy durante esos breves años de vida va a desaparecer con él. Se va a diluir entre miles de millones de vidas. Pero a diferencia de su padre, que deja un legado de seres infelices, Roy muere dejando una herencia de vida, de paz y de esperanza. Aquí es cuando suelta a la paloma, animal que simboliza todo ésto; y tras resistirse a los espasmos de la inevitable muerte durante varios instantes de la película, decide finalmente someterse a ella.

EL VIAJE DEL ANTIHÉROE

¿Es Deckard un humano o un replicante? Esta es la incógnita más enigmática que se plantea durante toda la película, y que la versión final respaldada por el director termina de esclarecer: Rick Deckard es un androide diseñado para arrestar y desactivar androides «subversivos».

La evidencia más contundente de ello se encuentra en la escena del unicornio con la que sueña Deckard, y con la que posteriormente Gaff (Edward James Olmos) le vuelve a obsequiar en forma de origami. Aquí Ridley Scott constató la teoría fan de que el director era firme defensor de esta hipótesis, y que dejó pistas diseminadas durante todo el metraje original. En opinión del que aquí escribe esta afirmación queda más que verificada en el Final Cut, y sutilmente sugerida en las versiones anteriores. Pero vamos a evaluar en profundidad al protagonista principal de la historia.

Rick Deckard inicia la historia de Blade Runner como un detective taciturno, huraño y retirado. Con un aire incuestionable de investigador criminal tópico y típico del cine negro de los años 40 y 50, Deckard es un hombre con una moral cuestionable y un aprecio por la vida sustancialmente afectado. Su profesión consistía en «retirar» replicantes con un comportamiento peligroso para el dominio humano (o tal vez había sido programado para ello), pero al parecer se ha cansado de ello. A pesar de su renuncia, vuelve a ser requerido para un último trabajo por parte de un jefe de policía que exhibe un desprecio claramente racista hacia los androides (los llama reiteradamente «pellejudos»).

La actitud racista de muchos humanos hacia los replicantes se insinúa más que se expone durante la mayor parte del metraje de Blade Runner, pero resulta obvio que Rick Deckard comienza con una visión simplista de ellos como meras máquinas:

«Los replicantes son como cualquier otra máquina. Pueden ser un beneficio o un peligro. Si son un beneficio no son asunto mío».

Resulta evidente que esta perspectiva fría y despectiva es el principal dogma a derribar durante el desarrollo de la trama.

El primer golpe contundente a este dogma lo recibe cuando descubre que Rachel (Sean Young) es una replicante prácticamente indistinguible de un ser humano, y de la cual incluso llega a enamorarse. Hasta el final de la película esta relación presenta altibajos (el momento pasional entre ambos no termina de ser del todo romántico, pese a que la banda sonora nos quiera convencer de ello), sino que sigue existiendo un vínculo maestro-esclava en la cual perdura todavía esa visión de superioridad del que se cree humano frente a una máquina inteligente). Solo en el último tramo de la obra, con una vida nueva frente a él, Deckard llega a apreciar a Rachel como a una mujer ideal para él. De ahí su temor irracional a encontrarla muerta, y su alivio sentimental cuando descubre que ella tan sólo está durmiendo. Rachel ha sido capaz de matar a otro replicante por salvar a la persona a la que ama. Si eso no la convierte en humana, independientemente de la valoración moral del acto en sí, que venga Terminator y lo vea 🤓.

El drama personal de Rachel no es poca broma; pasa de una especie de sobrina mimada, altiva y confiada de Eldon Tyrell, a descubrir que es una replicante proscrita y cuyo único vínculo emocional se halla en el mismo Blade Runner que delató su identidad y que está destinado a matarla. Casi ná.
FUENTE: https://35mm.es/

El segundo golpe crucial proviene del acto del asesinato de Rick Deckard a Zora. Zora es una replicante que se ha integrado perfectamente en la sociedad humana más cruenta, sucia y viciosa. Deckard llega a ella a través de una de las innumerables fotografías que colecciona el replicante León (Deckard también está notablemente obsesionado en acumular fotografías en su propia casa, por cierto), que parece estar enamorado de Zora; así como de esa peculiar escama de serpiente que localiza en su apartamento. Zora es una mujer impetuosa, astuta y con un poderío físico sorprendente; sin embargo, no utiliza esas cualidades sobrehumanas para asesinar a Deckard de forma ruin, tal y como él mismo hace. Por contra, opta por huir en busca de su propia supervivencia, como haría cualquier otro ser humano expuesto a esas mismas circunstancias. Mientras tanto, Deckard la persigue como un robot sabueso, y tras el primer atisbo de buena posición de tiro, no vacila a la hora de dispararla por la espalda. Su muerte, representada dramáticamente por la cámara lenta y por una banda sonora triste y melancólica, evidencia el impacto emocional que está suponiendo esta misión para Deckard. Aunque sea una replicante, el detective se siente como si estuviese matando a una mujer inocente a sangre fría.

El tercer golpe lo recibe, metafórica y literalmente, antes de la muerte de Pris. Su fallecimiento, además de ser agónico y aterrador, insta a Rick Deckard a plantearse la moralidad de sus actos. Ese ser, que no muere como lo haría una mujer humana, se está pese a ello aferrando a la vida con más intensidad de lo que harían muchas personas. Sus gritos, además de ser inhumanamente escalofriantes, destilan dolor y rabia por no haber podido vivir más. Deckard está comprendiendo el valor de la vida humana de forma análoga a su némesis Roy Batty, independientemente de si lo ejerce un humano o un replicante.

El cuarto golpe, el definitivo, se lo asesta Roy Batty:

«Es toda una experiencia vivir con miedo, eso es lo que significa ser esclavo».

Deckard se topa con la realidad que le muestra Roy: está actuando como un verdadero robot, sin iniciativa ni voluntad propia; sólo cumpliendo ciegamente su misión, sin cuestionarse su identidad ni valorar su vida o su libertad. Ellos, como replicantes, están luchando por ser humanos; pretenden ser libres y que su vida no se les restrinja artificialmente por capricho de su creador. Roy ha dejado de ser esclavo, al tiempo que Deckard se ha convertido en uno desde que aceptó este complicado encargo. Salvando su vida, Roy desconcierta a Rick y refuerza todas sus dudas: Roy Batty no es un asesino implacable ni un vengador insensible: en un ser que ama, siente, vive y puede dar la vida o segarla. ¿Esto le hacer una persona? Vista la forma de ser de muchos individuos a lo largo de la película, tan grises, apagados e infames, parece que son incluso más puros y superiores. Los androides se han humanizado, mientras que los humanos se han robotizado. Entonces Rick Deckard asume su propia identidad como nuevo androide disidente, sea o no replicante fuera de toda duda (que en mi opinión y en la del director lo es), y el propio Gaff se encarga de advertirle al final de que tanto Rachel como ella están en peligro. Puede sonar a amenaza, pero al final el desenlace es feliz y ambos consiguen librarse.

Gaff, alias el Patachula, sabe mucho más de lo que parece.

 sobre Gaff…¿quién es Gaff? Parece una sombra que persigue abnegadamente a Deckard durante varios momentos de la película, y que parece estar supervisando su trabajo detectivesco. Si se analiza exclusivamente el contenido del Final Cut, Gaff parece un Blade Runner humano al que se le ha asignado la labor de verificar que el trabajo del Blade Runner replicante Deckard se efectúe con la pulcritud y la efectividad necesarias. Hacia el final, no obstante, el hombre de los origamis le demuestra a Deckard que, pese a saber que él es un replicante y que debería haber matado a Rachel (el origami del unicornio demuestra que Gaff fue a hacerle una «amable» visita a Rachel), Gaff se ha apiadado de ambos como en su momento hizo el propio Roy Batty. La presencia de este misterioso personaje en la película es errática, a consecuencia de las constantes reescrituras de guión y las siempre controvertidas eliminaciones de escenas de Ridley Scott, pero en este caso se consigue deducir todo ello sin que sea necesario recurrir a ningún contenido que no se encuentre más o menos indicado en la propia versión definitiva de la película.

Visionaria y alternativa

Aparte de los arcos narrativos de los principales personajes, Blade Runner desarrolla con mayor o menor intensidad otros temas.

En el futuro que propone Blade Runner, la sociedad se aglutina en enormes megalópolis de decenas de millones de habitantes (siguiendo la tendencia actual de éxodo rural y crecimiento urbano). Muchas de estas obras incurren en el mismo error de predecir que el crecimiento de las ciudades humanas ha de ser vertical, en inmensos rascacielos y muchos niveles de altura (estando los ciudadanos prósperos y adinerados en los estratos superiores de la ciudad, y los menos afortunados o capacitados en los inferiores), ignorando que el fenómeno de crecimiento de las áreas metropolitanas de las capitales puede expandirse en mayor medida devorando los municipios cercanos de manera horizontal. En el guión de Blade Runner sí se llegó a contemplar esa percepción, aunque en el metraje finalmente grabado no se plasmara.

Pero no nos resulta para nada ajena la polución provocada por la quema de combustibles fósiles, la suciedad y grisácea atmósfera que la contaminación infunde en sus habitantes, los ambientes futuristas y modernos de los distritos ricos en contraste con la miseria y la basura de las áreas pobres y, por último pero no menos importante, la aglomeración de personas y la implantación de un estado policial (la presencia de los agentes en prácticamente todas las secuencias en exteriores es permanente).

FUENTE: https://www.muyinteresante.es/

No deja sin anticipar la película tampoco el fenómeno de la globalización. En esta Los Ángeles futurista hay puestos de comida de todos los estilos y culturas (occidental americana, hispana, oriental…), así como anuncios de marcas de grandes compañías multinacionales presentes en todo el mundo. No acierta tanto en el tema de construir una lengua unificada para todo el mundo como la interlingua que utiliza Gaff cuando va a buscar por primera vez a Deckard (el experimento del esperanto fue un fracaso estrepitoso), pero resulta obvio que en estas ciudades moderna no hay cabida para localismos, o sociedades herméticas y con nacionalidad única.

Por fin llegamos al final de esta extensa (y rollera) crítica de Blade Runner. Espero sinceramente que la hayáis disfrutado tanto como yo escribiéndola, pese a que seguro que me he dejado muchas cosas en el tintero que todavía podrían comentarse. Esta película tiene tantos detalles, tantas referencias, que cada vez que la ves descubres algo nuevo. Puede que este exótico futuro no sea el que tenemos en algunas cosas, pero eso no lo hace menos fascinante. Que una sola película logre hacer que nos cuestionemos qué es la humanidad, o que reflexionemos acerca de hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar para obtener respuestas a las preguntas más fundamentales de la vida, es parte de esa magia que sólo el cine es capaz de conseguir a través de sus obras maestras. No es desde luego nuestro color de piel, nuestra anatomía, nuestras ideologías o nuestra identidad sexual lo que nos hace humanos. Hay algo más. Los sentimientos, los recuerdos, la curiosidad, la amistad, la capacidad de cambiar el mundo con nuestra inteligencia y nuestros actos…tal vez sea éso lo que realmente nos diferencia del resto de seres vivos.

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