La Visión de ÁlexLiteratura

El legado de la tierra 7

Divisé con cierto temor el pedazo de metal con el color azul vivo debido al maná acumulado en él. Creía que estaba preparada para el ritual, pero cuando lo vi con ese tono tan brillante. Me recuerda al marcado del ganado y al momento lo asocié.

Sin embargo, para mi sorpresa, solo sentí el frío toque de la vara en mi pecho. En aquel momento perdía la consciencia poco a poco. Me sentía ida y no podía mandar órdenes a mi cerebro. Es como si estuviese en un sueño vívido.

Entonces escuché muchos ruidos que hasta el momento no podía percatar. Esos sonidos provenían de la tierra. Rugiendo, silbando, susurrándome todo lo que había ignorado hasta ahora.

Escuchaba la tierra moverse bajo mis pies y escuchaba las montañas crecer. ¿Crecer? ¿Enserio he dicho eso?

Con gran esfuerzo dirigí mi mirada a Lenian mientras intentaba articular en vano alguna palabra. Veía sus ojos extasiados por el ritual. Ha de verse un total espectáculo desde fuera.

Dalamira… Dalamira… ¡aquí!

Esa era la voz de Ferros. Intenté mover mi cabeza de nuevo y, tras otro gran esfuerzo, logré divisar el cuerpo de Ferros por primera vez. Jolín, eres muy guapo.

¡Da-Dalamira!

¡Solo digo la verdad! Por cierto, ¿cómo me estoy viendo para que Lenian esté tan satisfecho?

Pues, tienes lo ojos cerrados, el cabello levitando y las venas brillan con un color azul por culpa del maná. Y sí, los ojos cerrados, puedes ver porque se ha abierto tu conexión con la tierra y puedes presenciar todo lo que te rodea.

¡Guau! Pues me lo esperaba más normalito el ritual.

—Su divinidad, si puede escucharme recuerde que el ritual consta de dos fases.

Escucho la voz de Lenian como si estuviera lejano, en otra habitación.

—La primera es en la que se encuentra. Ahora mismo usted está asimilando el «maná vetado» y la ausencia previa de él en tu cuerpo hace que se te nuble los sentidos que el maná normal controla y potencie los que están más ocultos.

Eso explica el porqué parezco estar ebria. Alivia un poco saber que es normal como parte del ritual.

—Por otro lado, la segunda fase llega cuando ya lo ha asimilado. En ese momento la misma tierra decidirá si es digna de vincularte. Si no lo es, te rechazará… y eso será doloroso.

No te preocupes, Dalamira. Estoy seguro que ella te quiere vincular. No creo que sea tan tonta de dejarte ir.

¿Hay alguien por encima tuyo? Pareces hablar de otra persona superior a ti.

Claro. Hablo de Roxa.

¡¿Estás diciendo que Roxa en esencia será la que me juzgue?!

De un momento a otro mi visión se nubló y todo el escenario se tornó en un frío, pero a la vez cálido, paisaje blanco y dorado. Es entonces el momento en el que veo una figura delante mío, a unos pasos de distancia.

—¿Es usted Roxa?

—Hmmm… No tengo su autoridad ni su poder, pero soy alguien tan antiguo como ella.

—¿Quién podría asemejar el poder de Roxa?

—No creo que sea pertinente esa pregunta, pero teniendo en cuenta que no sabes quién soy, no creo que ocurra nada—la figura se acerca lentamente y se posiciona a la altura de mi oído—. Ella es un poco obsesa de los protocolos. A mí no me importa, pero si sabe que hablas así a alguien con mayor autoridad, te reprenderá.

—Lo siento muchísimo. No se volverá a repetir.

—No te preocupes, chiquita. A mí no me molesta —logro discernir una sonrisa en su difuminado rostro—.

—¿Quién es usted entonces?

—Muchos me han llamado El Dorado, pero mi nombre oficial es Caeleis el creador. O… Cael, simplemente.

—Nunca he oído hablar de usted, disculpe mi ignorancia…

—No te preocupes, es normal. Hace milenios que no me hallo en el plano físico. Los aficionados de la isla de Cerenia seguro que tienen registros míos.

—Y… ¿qué hace usted entonces aquí?

—Pues, mientras estoy en el plano espiritual, me dedico a ayudar a Roxa a reclutar elegidos y potenciales dioses primordiales.

—Espere, ¿quiere decir que los primordiales han pasado por un ritual de vinculación antes?

—Claro, si logras hazañas insuperables, te conviertes en uno. Pero antes hay que vincular y este es tu momento, para eso estoy aquí.

Foto de Simon Berger en Pexels

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