CulturaEditorialesLa visión de Alex

El Reino del Alba

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Me encontraba en la azotea de una de las torres del Palacio del Alba. Estaba junto a Caladria, mi hermana. Hace más de dos días que había discutido con mis padres por el dichoso lazo de sangre. Mientras los escuchaba, la rabia florecía en mí como si un rayo apareciera en el espectro. 

Hace tres días

Aladós, debes casarte con el príncipe del Reino de la Luna, es de extrema necesidad para la imagen de nuestra casa.- sentencia mi padre con firmeza.

-Haz caso a tu padre, hijo -le sigue mi madre-. Sabemos que es difícil, pero debes servir a un bien mayor, a los de tu casta.

Esa frase era lo suficientemente capaz de hacerme perder los estribos y enfrentarlos. Así que decidí marcharme para no avivar la confrontación.

Me considero una persona con un buen temperamento y, en misión de apaciguar aquel sentimiento mundano, apreté los puños de tal manera que mis uñas se clavaron en la palma de mi mano. 

Caladria se encontraba aquí curándome las heridas pese a mantenerme en mi negativa de que se ocupara de algo que ella no había provocado. 

– ¿Qué es lo que más sueñas, hermana? -pregunté mientras miraba las vendas de mis manos. 

Escuché una risa tímida de su parte.

– Aladós, eres un dios, el dios del viento y del cielo. Sin embargo, sigues aquí enjaulado en este palacio -dice con nostalgia-. No me lo preguntes a mí, pregúntatelo a ti-. Acto seguido coloca su mano en mi barbilla haciéndome sentir un pequeño escalofrío por el frío y gira mi cabeza hacia la izquierda.

 Mi corazón empezó a latir. Veía las nubes a lo lejos, riendo y jugando entre ellas, el sol abrazando a toda la alfombra verde que cubre los campos. Las pequeñas estrellas, tímidas ante la presencia del rey pero siempre estando allí dispuestas a iluminar. 

Bajé la mirada para apreciar la tierra, el reino desde aquí se veía diminuto, casi inexistente. Nuestro palacio hacía sombra a la libertad de los humanos. Ver los árboles canturrear y los humanos bailar me despertó del letargo. 

Giré la cabeza y miré los ojos celestes de Caladria, su pelo blanco y su piel pálida. 

– Quiero ser libre, cabalgar junto mis corceles bajo el manto estrellado, permitir que el viento revolotee entre mis vestiduras, escribir constelaciones y plasmarlas en el espacio, acabar cada día dormido entre las nubes -hablé con ilusión-. Quiero ser libre, hermana -dije mientras me levantaba-. No quiero estar entre estos mármoles de incontables colores, quiero sentir el frío del cielo y no el de estos pasillos-. Después de decir esto, me deshice de mi capa por primera vez en mucho tiempo dejando al aire poder tocar unas alas etéreas pintadas con brillantes estrellas posadas en mi espalda. Tras haberlas reconocido las estiro con júbilo y desenfado. Decido alzar el vuelo hacia la libertad pero no sin antes dirigirme a mi hermana.

– Yo ya he encontrado lo que sueño pero, ¿y tú?-. Inmediatamente empiezo a batir las alas y viajar al lugar dónde pertenezco.

EL BARÇA REMONTÓ VUELO CON UN MESSI ILUMINADO

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