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Las Palabras Importan

Las palabras importan. Parece evidente, ¿no? Un “te quiero” puede arreglarte el día, al igual que un “tú no eres un hombre de verdad” puede destrozarte el ánimo, y da igual que vaya precedido de un “sin ánimos de ofender” o cualquier otro escudo para intentar ocultar su LGTBIfobia inherente.

Y sí, eso son ejemplos muy radicales, pero las palabras importan aunque sean comentarios inofensivos. Por ejemplo, si un niño crece escuchando continuamente “¿tienes novia?” o “¿qué chica te gusta?” (preguntas que todo el mundo hace, de manera “inofensiva”). Si ese niño resulta sentirse atraído por un chico, es muy posible que se sienta raro o piense que está mal. Porque desde que tiene uso de razón ha aprendido que son chicas lo que le tiene que atraer.

Imagen extraída de Oveja Rosa

Algo así pasó en El Hormiguero, durante la presentación de “Padre No Hay Más Que Uno 2“. En este programa, Pablo Motos le preguntó a Luna Fulgencio, actriz de 9 años, “¿te gusta algún chico, algún actor, algún famoso?” (pregunta bastante incorrecta de por sí para una niña de 9 años en el programa más visto de la noche). Ante esto, la chica respondió que le gustaba Blanca Suarez, lo que sorprendió a Pablo Motos (¿cómo puede una chica sentirse atraída por alguien de su mismo sexo?) quien continuó con “pero como actriz, ¿no?“. Y no me importa si Luna realmente se sentía románticamente atraída por la actriz o si realmente Pablo Motos acertó. El problema está en ese mensaje que se envía a los niños, que les hace pensar (inconscientemente) que está mal sentirse atraído por el mismo sexo.

Imagen extraída de El Periódico

Hace poco, veía a un streamer (no diré quién) reflexionar sobre el uso de ciertas palabras (en este caso la “n word”). Él sostenía que le parecía absurdo que las personas negras pudieran usarla pero las blancas no, alegando que eso era “racismo invertido” (menudo término). Y supongo que entiendo por qué piensa así, pero eso no quita que esté equivocado. Cuando alguien utiliza ese tipo de palabras, cargadas de odio y discriminación, o con un pasado doloroso, lo hace como reivindicación de su orgullo por pertenecer al colectivo. Es lo mismo que cuando alguien homosexual se refiere a sí mismo o a sus amigos con el término “maricón”. Lo hace porque está orgulloso de serlo, y al hacerlo le quita a esa palabra el poder de ofenderle o hacerle daño. Y no podemos fingir que es lo mismo que si un hombre heterosexual le grita “maricón” por la calle, porque ahí se usa para hacer daño.

Los miembros del colectivo LGTBI crecemos escuchando a diario insultos y palabras (intencional o accidentalmente) ofensivas. Puede que desde fuera no parezca algo tan grave, pero cuando has sido insultando y atacado tantas veces, que te llamen “maricón” (con la intención que sea) puede ofenderte, y tienes derecho a ofenderte, por supuesto.

Imagen extraída de Las Zebras Salen

Otro debate muy reciente (y siento revivir el tema, pero será breve) es el de la muerte de Samuel a golpes. Muchos políticos, personas con influencia e incluso jueces, declamaron que el hecho de que te griten “maricón” mientras te arrebatan la vida golpe a golpe no es indicativo de homofobia (no entraré en el tema del delito de odio, que es más complejo). Pues bien, uno de los presuntos agresores ha confesado tener “un problema con los gais“. ¿Qué decís ahora? ¿Sigue sin ser homofobia? ¿O vamos a empezar ya a actuar como adultos y asumir que aún hay un problema de homofobia que debe ser tratado?

Y siento ser tan agresivo, pero es que me llena de rabia e impotencia. Desde pequeños crecemos rodeados de comentarios que nos hacen pensar que algo está mal en nosotros, que nos hacen sentirnos bichos raros, pensar que debemos escondernos.

Imagen extraída de Ciudades Amigas de la Infancia

Las palabras importan, y mucho, mucho más de lo que solemos pensar. No es lo mismo decir “¿Te gusta alguna chica?” que “¿Te gusta alguna persona?”. No es lo mismo decir “maricón” para reivindicar tu orgullo y neutralizar la connotación negativa, que gritarlo mientras asesinas a alguien. Esto debería ser evidente, pero parece que no.

Las palabras tienen el poder de alegrarle el día a alguien, de compartir ideas y debatir, de crear bonitas amistades… Pero también pueden hundirle el ánimo a alguien, hacerle sentir mal, raro o indecente. Entiendo que mucha gente dice cosas incorrectas sin mala intención, por ignorancia o descuido. Pero es importante que tengáis en cuenta al hablar que las palabras importan, y mucho.

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